Ovidio, Metamorfosis
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Página principal © Los Clásicos de Orbis Dictus ISBN: 84-95942-12-7 (obra completa) 84-95942-13-5 (vol. I) 84-95942-14-3 (vol. II) Sevilla, 2005 |
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Traducción de
Ana Pérez Vega |
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In nova fert animus mutatas dicere formas corpora; di, coeptis (nam vos mutastis et illas) adspirate meis primaque ab origine mundi ad mea perpetuum deducite tempora carmen! |
Invocación Me lleva lleva el ánimo a decir las
mutadas formas a nuevos cuerpos:
dioses, estas empresas mías –pues vosotros los mutasteis– aspirad, y, desde el
primer origen del cosmos hasta mis tiempos,
perpetuo desarrollad mi poema. |
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Ante mare et
terras et quod tegit omnia caelum unus erat toto naturae vultus in orbe, quem dixere chaos: rudis indigestaque moles nec quicquam nisi pondus iners congestaque eodem non bene iunctarum discordia semina rerum. nullus adhuc mundo praebebat lumina Titan, nec nova crescendo reparabat cornua Phoebe, nec
circumfuso pendebat in aere tellus ponderibus librata
suis, nec bracchia longo margine
terrarum porrexerat Amphitrite; utque erat et
tellus illic et pontus et aer, sic erat
instabilis tellus, innabilis unda, lucis egens aer; nulli sua forma manebat, obstabatque aliis aliud, quia corpore in uno frigida pugnabant calidis, umentia siccis, mollia cum duris, sine pondere, habentia pondus. Hanc deus et
melior litem natura diremit. nam caelo terras et terris abscidit undas et liquidum
spisso secrevit ab aere caelum. quae postquam
evolvit caecoque exemit acervo, dissociata
locis concordi pace ligavit: ignea convexi
vis et sine pondere caeli emicuit
summaque locum sibi fecit in arce; proximus est aer illi levitate locoque; densior his tellus elementaque grandia traxit et pressa est gravitate sua; circumfluus umor ultima possedit solidumque coercuit orbem. Sic ubi
dispositam quisquis fuit ille deorum congeriem secuit sectamque in membra coegit, principio terram, ne non aequalis ab omni parte foret, magni speciem glomeravit in orbis. tum freta diffundi rapidisque tumescere ventis iussit et ambitae circumdare litora terrae; addidit et fontes et stagna inmensa lacusque fluminaque obliquis cinxit declivia ripis, quae, diversa
locis, partim sorbentur ab ipsa, in mare perveniunt
partim campoque recepta liberioris aquae pro ripis litora pulsant. iussit et
extendi campos, subsidere valles, fronde tegi silvas, lapidosos surgere montes, utque duae dextra caelum totidemque sinistra parte secant zonae, quinta est ardentior illis, sic onus inclusum numero distinxit eodem cura dei, totidemque plagae tellure premuntur. quarum quae media est, non est habitabilis aestu; nix tegit alta duas; totidem inter utramque locavit temperiemque dedit mixta cum frigore flamma. Inminet his aer, qui, quanto est pondere
terrae pondus aquae levius, tanto est onerosior igni. illic et
nebulas, illic consistere nubes iussit et humanas motura tonitrua mentes et cum fulminibus facientes fulgura ventos. His quoque non
passim mundi fabricator habendum aera permisit; vix nunc obsistitur illis, cum sua quisque regat diverso flamina tractu, quin lanient mundum; tanta est discordia fratrum. Eurus ad Auroram Nabataeaque regna recessit Persidaque et radiis iuga subdita matutinis; vesper et occiduo quae litora sole tepescunt, proxima sunt Zephyro; Scythiam septemque triones horrifer invasit Boreas; contraria tellus nubibus adsiduis pluviaque madescit ab Austro. haec super inposuit liquidum et gravitate carentem aethera nec quicquam terrenae faecis habentem. Vix ita
limitibus dissaepserat omnia certis, cum, quae pressa diu fuerant caligine caeca, sidera coeperunt toto effervescere caelo; sidera coeperunt toto effervescere caelo; neu regio foret ulla suis animalibus orba, astra tenent caeleste solum formaeque deorum, cesserunt nitidis habitandae piscibus undae, terra feras cepit, volucres agitabilis aer. Sanctius his
animal mentisque capacius altae deerat adhuc
et quod dominari in cetera posset: natus homo
est, sive hunc divino semine fecit ille opifex
rerum, mundi melioris origo, sive recens
tellus seductaque nuper ab alto aethere
cognati retinebat semina caeli. quam satus
Iapeto, mixtam pluvialibus undis, finxit in
effigiem moderantum cuncta deorum, pronaque cum spectent animalia cetera terram, os homini sublime dedit caelumque videre iussit et erectos ad sidera tollere vultus: sic, modo quae fuerat rudis et sine imagine, tellus induit ignotas hominum conversa figuras. |
El
origen del mundo 5Antes del mar y de las
tierras y, el que lo cubre todo, el cielo, uno solo era de la
naturaleza el rostro en todo el orbe, al que dijeron Caos,
ruda y desordenada mole y no otra cosa sino
peso inerte, y, acumuladas en él, unas discordes
simientes de cosas no bien unidas. 10Ningún
Titán todavía al mundo ofrecía luces, ni nuevos, en
creciendo, reiteraba sus cuernos Febe, ni en su circunfuso
aire estaba suspendida la tierra, por los pesos equilibrada
suyos, ni sus brazos por el largo margen de las tierras
había extendido Anfitrite, 15y
por donde había tierra, allí también ponto y aire: así, era inestable la
tierra, innadable la onda, de luz carente el aire:
ninguno su forma mantenía, y estorbaba a los otros
cada uno, porque en un cuerpo solo lo frío pugnaba con lo
caliente, lo humedecido con lo seco, 20lo
mullido con lo duro, lo sin peso con lo que tenía peso. Tal lid un dios y una mejor naturaleza
dirimió, pues del cielo las
tierras, y de las tierras escindió las ondas, y el fluente cielo
segregó del aire espeso. Estas cosas, después de
que las separó y eximió de su ciega acumulación, 25disociadas
por lugares, con una concorde paz las ligó. La fuerza ígnea y sin
peso del convexo cielo rieló y un lugar se
hizo en el supremo recinto. Próximo está el aire a
ella en levedad y en lugar. Más densa que ellos, la
tierra, los elementos grandes arrastró 30y
presa fue de la gravedad suya; el circunfluente humor lo último poseyó y
contuvo al sólido orbe. Así cuando dispuesta estuvo, quien
quiera que fuera aquel, de los dioses, esta acumulación sajó,
y sajada en miembros la rehizo. En el principio a la
tierra, para que no desigual por ninguna 35parte
fuera, en forma la aglomeró de gran orbe; entonces a los
estrechos difundirse, y que por arrebatadores vientos se entumecieran ordenó y que de la
rodeada tierra circundaran los litorales. Añadió también fontanas
y pantanos inmensos y lagos, y las corrientes
declinantes ciñó de oblicuas riberas, 40las
cuales, diversas por sus lugares, en parte son sorbidas por ella, al mar arriban en
parte, y en tal llano recibidas de más libre agua, en
vez de riberas, sus litorales baten. Ordenó también que se
extendieran los llanos, que se sumieran los valles, que de fronda se
cubrieran las espesuras, lapídeos que se elevaran los montes. 45Y,
como dos por la derecha y otras tantas por su siniestra parte, el cielo cortan
unas fajas –la quinta es más ardiente que aquéllas–, igualmente la carga en
él incluida la distinguió con el número mismo el cuidado del dios, y
otras tantas llagas en la tierra se marcan. De las cuales la que en
medio está no es habitable por el calor. 50Nieve
cubre, alta, a dos; otras tantas entre ambas colocó y templanza les dio,
mezclada con el frío la llama. Domina sobre ellas el
aire, el cual, en cuanto es, que el peso de la tierra, su peso, que el del
agua, más ligero, en tanto es más pesado que el fuego. Allí también las
nieblas, allí aposentarse las nubes 55ordenó,
y los que habrían de conmover, los truenos, las humanas mentes, y con los rayos,
hacedores de relámpagos, los vientos. A ellos también no por
todas partes el artífice del mundo que tuvieran el aire les permitió.
Apenas ahora se les puede impedir a ellos, cuando cada uno
gobierna sus soplos por diverso trecho, 60que
destrocen el cosmos: tan grande es la discordia de los hermanos. El Euro a la Aurora y a
los nabateos reinos se retiró, y a Persia, y a las
cimas sometidas a los rayos matutinos. El Anochecer y los
litorales que con el caduco sol se templan, próximos están al
Céfiro; Escitia y los Siete Triones 65horrendo
los invadió el Bóreas. La contraria tierra con nubes asiduas y
lluvia la humedece el Austro. De ello encima impuso,
fluido y de gravedad carente, el éter, y que nada de la
terrena hez tiene. Apenas así con lindes había cercado
todo ciertas, 70cuando,
las que presa mucho tiempo habían sido de una calina ciega, las estrellas empezaron
a hervir por todo el cielo, y para que región no
hubiera ninguna de sus vivientes huérfana, los astros poseen el
celeste suelo, y con ellos las formas de los dioses; cedieron para ser
habitadas a los nítidos peces las ondas, 75la
tierra a las fieras acogió, a los voladores el agitable aire. Más santo que ellos un viviente, y de
una mente alta más capaz, faltaba todavía, y que
dominar en los demás pudiera: nacido el hombre fue,
sea que a él con divina simiente lo hizo aquel artesano de las
cosas, de un mundo mejor el origen, 80sea
que reciente la tierra, y apartada poco antes del alto éter, retenía simientes
de su pariente el cielo; a ella, el linaje de
Jápeto, mezclada con pluviales ondas, la modeló en la efigie
de los que gobiernan todo, los dioses, y aunque inclinados
contemplen los demás vivientes la tierra, 85una
boca sublime al hombre dio y el cielo ver le ordenó y a las
estrellas levantar erguido su semblante. Así, la que poco antes
había sido ruda y sin imagen, la tierra se vistió de las
desconocidas figuras, transformada, de los hombres. |
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Aurea prima sata
est aetas, quae vindice nullo, sponte sua, sine lege fidem rectumque colebat. poena metusque aberant, nec verba minantia fixo aere legebantur, nec supplex turba timebat iudicis ora sui, sed erant sine vindice tuti. nondum caesa suis, peregrinum ut viseret orbem, montibus in liquidas pinus descenderat undas, nullaque mortales praeter sua litora norant; nondum praecipites cingebant oppida fossae; non tuba derecti, non aeris cornua flexi, non galeae, non ensis erat: sine militis usu mollia securae peragebant otia gentes. ipsa quoque inmunis rastroque intacta nec ullis saucia vomeribus per se dabat omnia tellus, contentique cibis nullo cogente creatis arbuteos fetus montanaque fraga legebant cornaque et in duris haerentia mora rubetis et quae deciderant patula Iovis arbore glandes. ver erat aeternum, placidique tepentibus auris mulcebant zephyri natos sine semine flores; mox etiam fruges tellus inarata ferebat, nec renovatus ager gravidis canebat aristis; flumina iam lactis, iam flumina nectaris ibant, flavaque de viridi stillabant ilice mella. Postquam
Saturno tenebrosa in Tartara misso sub Iove mundus erat, subiit argentea proles, auro deterior, fulvo pretiosior aere. Iuppiter antiqui contraxit tempora veris perque hiemes aestusque et inaequalis autumnos et breve ver
spatiis exegit quattuor annum. tum primum
siccis aer fervoribus ustus canduit, et
ventis glacies adstricta pependit; tum primum
subiere domos; domus antra fuerunt et densi
frutices et vinctae cortice virgae. semina tum primum longis Cerealia sulcis obruta sunt, pressique iugo gemuere iuvenci. Tertia post
illam successit aenea proles, saevior ingeniis et ad horrida promptior arma, non scelerata tamen; de duro est ultima ferro. protinus
inrupit venae peioris in aevum omne nefas: fugere pudor verumque fidesque; in quorum subiere locum fraudesque dolusque insidiaeque et vis et amor sceleratus habendi. vela dabant ventis nec adhuc bene noverat illos navita,
quaeque prius steterant in montibus altis, fluctibus ignotis insultavere carinae, communemque prius ceu lumina solis et auras cautus humum longo signavit limite mensor. nec tantum segetes alimentaque debita dives poscebatur humus, sed itum est in viscera terrae, quasque recondiderat Stygiisque admoverat umbris, effodiuntur opes, inritamenta malorum. iamque nocens ferrum ferroque nocentius aurum prodierat,
prodit bellum, quod pugnat utroque, sanguineaque manu crepitantia concutit arma. vivitur ex rapto:
non hospes ab hospite tutus, non socer a genero, fratrum quoque gratia rara est; inminet exitio vir coniugis, illa mariti, lurida terribiles miscent aconita novercae, filius ante diem patrios inquirit in annos: victa iacet pietas, et virgo caede madentis ultima caelestum terras Astraea reliquit. |
Las
edades del hombre Áurea la primera edad engendrada fue,
que sin defensor ninguno, 90por
sí misma, sin ley, la confianza y lo recto honraba. Castigo y miedo no
habían, ni palabras amenazantes en el fijado bronce se leían, ni la
suplicante multitud temía la boca del juez suyo,
sino que estaban sin defensor seguros. Todavía, cortado de sus
montes para visitar el extranjero 95orbe,
a las fluentes ondas el pino no había descendido, y ningunos los
mortales, excepto sus litorales, conocían. Todavía vertiginosas no
ceñían a las fortalezas sus fosas. No la tuba de derecho
bronce, no de bronce curvado los cuernos, no las gáleas, no la
espada existía. Sin uso de soldado 100sus
blandos ocios seguras pasaban las gentes. Ella misma también,
inmune, y de rastrillo intacta, y de ningunas rejas herida, por sí lo
daba todo la tierra, y, contentándose con
unos alimentos sin que nadie los obligara creados, las crías del madroño y
las montanas fresas recogían, 105y
cornejos, y en los duros zarzales prendidas las moras y, las que se habían
desprendido del anchuroso árbol de Júpiter, bellotas. Una primavera era
eterna, y plácidos con sus cálidas brisas acariciaban los
céfiros, nacidas sin semilla, a las flores. Pronto, incluso, frutos
la tierra no arada llevaba, 110y
no renovado el campo canecía de grávidas aristas. Corrientes ya de leche,
ya corrientes de néctar pasaban, y flavas desde la verde
encina goteaban las mieles. Después de que, Saturno a los tenebrosos
Tártaros enviado, bajo Júpiter el cosmos
estaba, apareció la plateada prole, 115que
el oro inferior, más preciosa que el bermejo bronce. Júpiter contrajo los
tiempos de la antigua primavera y a través de inviernos
y veranos y desiguales otoños y una breve primavera,
por cuatro espacios condujo el año. Entonces por primera
vez con secos hervores el aire quemado 120se
encandeció, y por los vientos el hielo rígido quedó suspendido. Entonces por primera
vez entraron en casas, casas las cavernas fueron, y los densos arbustos,
y atadas con corteza varas. Simientes entonces por
primera vez, de Ceres, en largos surcos sepultadas fueron, y
hundidos por el yugo gimieron los novillos. 125Tercera
tras aquella sucedió la broncínea prole, más salvaje de ingenios
y a las hórridas armas más pronta, no criminal, aun así;
es la última de duro hierro. En seguida irrumpió a
ese tiempo, de vena peor, toda impiedad: huyeron
el pudor y la verdad y la confianza, 130en
cuyo lugar aparecieron los fraudes y los engaños y las insidias y la
fuerza y el amor criminal de poseer. Velas daba a los
vientos, y todavía bien no los conocía el marinero, y las que
largo tiempo se habían alzado en los montes altos en oleajes desconocidos
cabriolaron, las quillas, 135y
común antes, cual las luces del sol y las auras, el suelo, cauto lo
señaló con larga linde el medidor. Y no sólo sembrados y
sus alimentos debidos se demandaba al rico suelo, sino que
se entró hasta las entrañas de la tierra, y las que ella había
reservado y apartado junto a las estigias sombras, 140se
excavan esas riquezas, aguijadas de desgracias. Y ya el dañino hierro,
y que el hierro más dañino el oro había brotado: brota la
guerra que lucha por ambos, y con su sanguínea mano
golpea crepitantes armas. Se vive al asalto: no
el huésped de su huésped está a salvo, 145no
el suegro de su yerno, de los hermanos también la gracia rara es. Acecha para la
perdición el hombre de su esposa, ella del marido, cetrinos acónitos
mezclan terribles madrastras, el hijo antes de su día
inquiere en los años del padre. Vencida yace la piedad,
y la Virgen, de matanza mojadas, 150la
última de los celestes, la Astrea, las tierras abandona. |
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Neve foret
terris securior arduus aether, adfectasse ferunt regnum caeleste gigantas altaque congestos struxisse ad sidera montis. tum pater
omnipotens misso perfregit Olympum fulmine et
excussit subiecto Pelion Ossae. obruta mole sua cum corpora dira iacerent, perfusam
multo natorum sanguine Terram immaduisse ferunt
calidumque animasse cruorem et, ne nulla suae stirpis monimenta manerent, in faciem vertisse hominum; sed et illa propago contemptrix superum saevaeque avidissima caedis et violenta fuit: scires e sanguine natos. |
La
Gigantomaquia Y para que no estuviera que las tierras
más seguro el arduo éter, que aspiraron dicen al
reino celeste los Gigantes, y que acumulados
levantaron hacia las altas estrellas sus montes. Entonces el padre
omnipotente enviándoles un rayo resquebrajó 155el
Olimpo y sacudió el Pelión del Osa, a él sometido; sepultados por la mole
suya, al quedar sus cuerpos siniestros yacentes, regada de la mucha
sangre de sus hijos dicen que la Tierra se
impregnó, y que ese caliente crúor alentó, y para que de su
estirpe todo recuerdo no desapareciera, 160que
a una faz los tornó de hombres. Pero también aquel ramo despreciador de los
altísimos y salvaje y avidísimo de matanza y violento fue: bien
sabrías que de sangre habían nacido. |
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Quae pater ut
summa vidit Saturnius arce, ingemit et facto nondum vulgata recenti foeda Lycaoniae referens convivia mensae ingentes animo et dignas Iove concipit iras conciliumque vocat: tenuit mora nulla vocatos. Est via
sublimis, caelo manifesta sereno; lactea nomen habet, candore notabilis ipso. hac iter est superis ad magni tecta Tonantis regalemque domum: dextra laevaque deorum atria nobilium valvis celebrantur apertis. plebs habitat diversa locis: hac parte potentes caelicolae clarique suos posuere penates; hic locus est, quem, si verbis audacia detur, haud timeam
magni dixisse Palatia caeli. Ergo ubi marmoreo superi sedere recessu, celsior ipse loco sceptroque innixus eburno terrificam capitis concussit terque quaterque caesariem, cum qua terram, mare, sidera movit. talibus inde modis ora indignantia solvit: 'non ego pro mundi regno magis anxius illa tempestate fui, qua centum quisque parabat inicere anguipedum captivo bracchia caelo. nam quamquam ferus hostis erat, tamen illud ab uno corpore et ex una pendebat origine bellum; nunc mihi qua totum Nereus circumsonat orbem, perdendum est mortale genus: per flumina iuro infera sub terras Stygio labentia luco! cuncta prius temptanda, sed inmedicabile curae ense recidendum, ne pars sincera trahatur. sunt mihi semidei, sunt, rustica numina, nymphae faunique satyrique et monticolae silvani; quos quoniam caeli nondum dignamur honore, quas dedimus, certe terras habitare sinamus. an satis, o superi, tutos fore creditis illos, cum mihi, qui fulmen, qui vos habeoque regoque, struxerit
insidias notus feritate Lycaon?' Confremuere omnes studiisque ardentibus ausum talia deposcunt: sic, cum manus inpia saevit sanguine Caesareo Romanum exstinguere nomen, attonitum
tantae subito terrore ruinae humanum genus
est totusque perhorruit orbis; nec tibi grata minus pietas, Auguste, tuorum quam fuit illa Iovi. qui postquam voce manuque murmura
conpressit, tenuere silentia cuncti. substitit ut
clamor pressus gravitate regentis, Iuppiter hoc
iterum sermone silentia rupit: |
El concilio de los dioses (I) Lo cual el padre cuando vio, el
Saturnio, en su supremo recinto, gime hondo, y, todavía
no divulgados por recién cometidos, 165los
impuros banquetes recordando de la mesa de Licaón, ingentes en su ánimo y
dignas de Júpiter concibió unas iras, y el consejo convoca;
no retuvo demora ninguna a los convocados. Hay una vía sublime,
manifiesta en el cielo sereno: Láctea de nombre tiene,
por su candor mismo notable. 170Por
ella el camino es de los altísimos hacia los techos del gran Tonante y su real casa: a
derecha e izquierda los atrios de los dioses nobles
van concurriéndose por sus compuertas abiertas, la plebe habita otros,
por sus lugares opuestos: en esta parte los poderosos celestiales y preclaros
pusieron sus penates. 175Éste
lugar es, al que, si a las palabras la audacia se diera, yo no temería haber
llamado los Palacios del gran cielo. Así pues, cuando los altísimos se sentaron
en su marmóreo receso, más excelso él por su
lugar, y apoyado en su cetro marfileño, terrorífica, de su
cabeza sacudió tres y cuatro veces 180la
cabellera, con la que la tierra, el mar, las estrellas mueve; de tales modos después
su boca indignada libera: “No yo por el gobierno
del cosmos más ansioso en aquella ocasión estuve, en la
que cada uno se disponía a lanzar, de los angüípedes, sus
cien brazos contra el cautivo cielo, 185pues
aunque fiero el enemigo era, aun así, aquélla de un solo cuerpo y de un solo
origen pendía, aquella guerra; ahora yo, por doquiera
Nereo rodeándolo hace resonar todo el orbe, al género mortal de
perder he: por las corrientes juro infernales, que bajo
las tierras se deslizan a la estigia floresta, 190que
todo antes se ha intentado, pero un incurable cuerpo a espada se ha de
sajar, por que la parte limpia no arrastre. Tengo semidioses,
tengo, rústicos númenes, Ninfas y Faunos y Sátiros y
montañeses Silvanos, a los cuales, puesto que
del cielo todavía no dignamos con el honor, 195las
que les dimos ciertamente, las tierras, habitar permitamos. ¿O acaso, oh altísimos,
que bastante seguros estarán ellos creéis, cuando contra mí, que
el rayo, que a vosotros os tengo y gobierno, ha levantado sus
insidias, conocido por su fiereza, Licaón?” Murmuraron todos, y con afán ardido al
que osó 200tal
reclaman: así, cuando una mano impía se ensañó con la sangre de César
para extinguir de Roma el nombre, atónito por el gran
terror de esta súbita ruina el humano género queda
y todo se horrorizó el orbe, y no para ti menos
grata la piedad, Augusto, de los tuyos es 205que
fue aquélla para Júpiter. El cual, después de que con la voz y la mano los murmullos reprimió,
guardaron silencios todos. Cuando se detuvo el
clamor, hundido del peso del soberano, Júpiter de nuevo con
este discurso los silencios rompió: |
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'ille quidem
poenas (curam hanc dimittite!) solvit; quod tamen admissum, quae sit vindicta, docebo. contigerat nostras infamia temporis aures; quam cupiens falsam summo delabor Olympo et deus humana lustro sub imagine terras. longa mora est, quantum noxae sit ubique repertum, enumerare: minor fuit ipsa infamia vero. Maenala transieram latebris horrenda ferarum et cum Cyllene gelidi pineta Lycaei: Arcadis hinc sedes et inhospita tecta tyranni ingredior, traherent cum sera crepuscula noctem. signa dedi venisse deum, vulgusque precari coeperat: inridet primo pia vota Lycaon, mox ait "experiar deus hic discrimine aperto an sit
mortalis: nec erit dubitabile verum."
nocte gravem somno necopina perdere morte comparat:
haec illi placet experientia veri; nec contentus eo, missi de gente Molossa obsidis unius iugulum mucrone resolvit atque ita semineces partim ferventibus artus mollit aquis, partim subiecto torruit igni. quod simul inposuit mensis, ego vindice flamma in domino dignos everti tecta penates; territus ipse fugit nactusque silentia ruris exululat frustraque loqui conatur: ab ipso colligit os rabiem solitaeque cupidine caedis vertitur in
pecudes et nunc quoque sanguine gaudet. in villos
abeunt vestes, in crura lacerti: fit lupus et
veteris servat vestigia formae; canities
eadem est, eadem violentia vultus, idem oculi
lucent, eadem feritatis imago est. occidit una domus, sed non domus una perire digna fuit: qua terra patet, fera regnat Erinys. in facinus iurasse putes! dent ocius omnes, quas meruere pati, (sic stat sententia) poenas.' |
Licaón “Él, ciertamente, sus castigos –el
cuidado ese perded– ha cumplido. 210Mas
qué lo cometido, cuál sea su satisfacción, os haré saber. Había alcanzado la
infamia de ese tiempo nuestros oídos; deseándola falsa
desciendo del supremo Olimpo y, dios bajo humana
imagen, lustro las tierras. Larga demora es de
cuánto mal se hallaba por todos lados 215enumerar:
menor fue la propia infamia que la verdad. El Ménalo había
atravesado, por sus guaridas horrendo de fieras, y con Cilene los
pinares del helado Liceo: del Árcade a partir de
ahí en las sedes, y en los inhóspitos techos del tirano penetro, cuando traían
los tardíos crepúsculos la noche. 220Señales
di de que había llegado un dios y el pueblo a suplicar había empezado: se
burla primero de esos piadosos votos Licaón, luego dice: “Comprobaré
si dios éste o si sea mortal con una distinción
abierta, y no será dudable la verdad.” De noche, pesado por el
sueño, con una inopinada muerte a perderme 225se
dispone: tal comprobación a él le place de la verdad. Y no se contenta con
ello: de un enviado de la nación molosa, de un rehén, su
garganta a punta tajó y, así, semimuertos,
parte en hirvientes aguas sus miembros ablanda,
parte los tuesta, sometiéndolos a fuego. 230Lo
cual una vez impuso a las mesas, yo con mi justiciera llama sobre unos penates
dignos de su dueño torné sus techos. Aterrado él huye y
alcanzando los silencios del campo aúlla y en vano hablar
intenta; de sí mismo recaba su boca la
rabia, y el deseo de su acostumbrada matanza 235usa
contra los ganados, y ahora también en la sangre se goza. En vellos se vuelven
sus ropas, en patas sus brazos: se hace lobo y conserva
las huellas de su vieja forma. La canicie la misma es,
la misma la violencia de su rostro, los mismos ojos lucen,
la misma de la fiereza la imagen es. 240Cayó
una sola casa, pero no una casa sola de perecer digna fue. Por doquiera
la tierra se expande, fiera reina la Erinis. Para el delito que se
han conjurado creerías; cumplan rápido todos, los que merecieron
padecer, así consta mi sentencia, sus castigos.” |
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Dicta Iovis pars
voce probant stimulosque frementi adiciunt, alii partes adsensibus inplent. est tamen humani generis iactura dolori omnibus, et quae sit terrae mortalibus orbae forma futura rogant, quis sit laturus in aras tura, ferisne paret populandas tradere terras. talia quaerentes (sibi enim fore cetera curae) rex superum trepidare vetat subolemque priori dissimilem populo promittit origine mira. |
El
concilio de los dioses (II) Las palabras de Júpiter parte con su voz,
murmurando, aprueban e incitamentos 245añaden.
Otros sus partes con asentimientos cumplen. Es, aun así, la
perdición del humano género causa de dolor para todos, y cuál
habrá de ser de la tierra la forma, de los mortales
huérfana, preguntan, quién habrá de llevar a sus aras inciensos, y si a las
fieras, para que las pillen, se dispone a entregar las tierras. 250A
los que tal preguntaban –puesto que él se preocuparía de lo demás– el rey de los altísimos
turbarse prohíbe, y un brote al anterior pueblo desemejante
promete, de origen maravilloso. |
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Iamque erat
in totas sparsurus fulmina terras; sed timuit,
ne forte sacer tot ab ignibus aether conciperet
flammas longusque ardesceret axis: esse quoque
in fatis reminiscitur, adfore tempus, quo mare, quo tellus correptaque regia caeli ardeat et
mundi moles obsessa laboret. tela reponuntur manibus fabricata cyclopum; poena placet diversa, genus mortale sub undis perdere et ex omni nimbos demittere caelo. Protinus Aeoliis
Aquilonem claudit in antris et quaecumque fugant inductas flamina nubes emittitque
Notum. madidis Notus evolat alis, terribilem
picea tectus caligine vultum; barba gravis
nimbis, canis fluit unda capillis; fronte sedent
nebulae, rorant pennaeque sinusque. utque manu
lata pendentia nubila pressit, fit fragor:
hinc densi funduntur ab aethere nimbi; nuntia Iunonis varios induta colores concipit Iris aquas alimentaque nubibus adfert. sternuntur segetes et deplorata coloni vota iacent,
longique perit labor inritus anni. Nec caelo contenta suo est Iovis ira, sed illum caeruleus
frater iuvat auxiliaribus undis. convocat hic amnes: qui postquam tecta tyranni intravere sui, 'non est hortamine longo nunc' ait 'utendum; vires effundite vestras: sic opus est! aperite domos ac mole remota fluminibus vestris totas inmittite habenas!' iusserat; hi
redeunt ac fontibus ora relaxant et defrenato
volvuntur in aequora cursu. Ipse tridente suo terram percussit, at
illa intremuit motuque vias patefecit aquarum. exspatiata ruunt per apertos flumina campos cumque satis arbusta simul pecudesque virosque tectaque cumque suis rapiunt penetralia sacris. si qua domus mansit potuitque resistere tanto indeiecta malo, culmen tamen altior huius unda tegit, pressaeque latent sub gurgite turres. iamque mare et tellus nullum discrimen habebant: omnia pontus erat, derant quoque litora ponto. Occupat hic
collem, cumba sedet alter adunca et ducit remos illic, ubi nuper arabat: ille supra segetes aut mersae culmina villae navigat, hic
summa piscem deprendit in ulmo. figitur in viridi, si fors tulit, ancora prato, aut subiecta terunt curvae vineta carinae; et, modo qua graciles gramen carpsere capellae, nunc ibi deformes ponunt sua corpora phocae. mirantur sub aqua lucos urbesque domosque Nereides,
silvasque tenent delphines et altis incursant ramis agitataque robora pulsant. nat lupus
inter oves, fulvos vehit unda leones, unda vehit
tigres; nec vires fulminis apro, crura nec ablato prosunt velocia cervo, quaesitisque
diu terris, ubi sistere possit, in mare
lassatis volucris vaga decidit alis. obruerat tumulos inmensa licentia ponti, pulsabantque novi montana cacumina fluctus. maxima pars unda rapitur; quibus unda pepercit, illos longa domant inopi ieiunia victu. |
El
diluvio Y ya iba sobre todas las tierras a
esparcir sus rayos; pero temió que acaso el
sagrado éter por causa de tantos fuegos 255no
concibiera llamas, y que el lejano eje ardiera. Que está también en los
hados, recuerda, que llegará un tiempo en el que el mar, en el
que la tierra y arrebatados los palacios del cielo ardan y del mundo la
mole, afanosa, sufra. Esas armas vuelven a su
sitio, por manos fabricadas de los Cíclopes: 260un
castigo place inverso, al género mortal bajo las ondas perder, y borrascas
lanzar desde todo el cielo. En seguida al Aquilón encierra en las
eolias cavernas, y a cuantos soplos
ahuyentan congregadas a las nubes, y suelta al Noto: con
sus mojadas alas el Noto vuela, 265su
terrible rostro cubierto de una bruma como la pez: la barba pesada de
borrascas, fluye agua de sus canos cabellos, en su frente se
asientan nieblas, roran sus alas y senos. Y cuando con su mano, a
lo ancho suspendidas, las nubes apretó, se hace un fragor:
entonces densas se derraman desde el éter las borrascas. 270La
mensajera de Juno, de variados colores vestida, concibe, Iris, aguas, y
alimentos a las nubes allega: póstranse los sembrados,
y llorados por los colonos sus votos yacen, y
perece el trabajo frustrado de un largo año. Y no al cielo suyo se
limitó de Júpiter la ira, sino que a él 275su
azul hermano le ayuda con auxiliares ondas. Convoca éste a los
caudales. Los cuales, después de que en los techos de su tirano entraron:
“Una arenga larga ahora de usar”, dice, “no he: las
fuerzas derramad vuestras. Así menester es. Abrid
vuestras casas y, la mole apartada, 280a
las corrientes vuestras todas soltad las riendas.” Había ordenado; ellos
regresan, y de sus fontanas las bocas relajan, y en desenfrenada
carrera ruedan a las superficies. Él mismo con el
tridente suyo la tierra golpeó, mas ella tembló y con su
movimiento vías franqueó de aguas. 285Desorbitadas
se lanzan por los abiertos campos las corrientes y, con los sembrados,
arbustos al propio tiempo y rebaños y hombres y techos, y con sus
penetrales arrebatan sus sacramentos. Si alguna casa quedó y
pudo resistir a tan gran mal no desplomada, la
cúpula, aun así, más alta de ella, 290la
onda la cubre, y hundidas se esconden bajo el abismo sus torres. Y ya el mar y la tierra
ninguna distinción tenían: todas las cosas ponto
eran, faltaban incluso litorales al ponto. Ocupa éste un collado,
en una barca se sienta otro combada y lleva los remos allí
donde hace poco arara. 295Aquél
sobre los sembrados o las cúpulas de una sumergida villa navega, éste un pez
sorprende en lo alto de un olmo; se clava en un verde
prado, si la suerte lo deja, el ancla, o, a ellas sometidos,
curvas quillas trillan viñedos, y por donde hace poco,
gráciles, grama arrancaban las cabritas, 300ahora
allí deformes ponen sus cuerpos las focas. Admiran bajo el agua
florestas y ciudades y casas las Nereides, y las
espesuras las poseen los delfines y entre sus altas ramas corren y
zarandeando sus troncos las baten. Nada el lobo entre las
ovejas, bermejos leones lleva la onda, 305la
onda lleva tigres, y ni sus fuerzas de rayo al jabalí, ni sus patas veloces,
arrebatado, sirven al ciervo, y buscadas largo tiempo
tierras donde posarse pudiera, al mar, fatigadas sus
alas, el pájaro errante ha caído. Había sepultado túmulos
la inmensa licencia del ponto, 310y
batían las montanas cumbres unos nuevos oleajes. La mayor parte por la onda
fue arrebatada: a los que la onda perdonó, largos ayunos los
doman, por causa del indigente sustento. |
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Separat Aonios
Oetaeis Phocis ab arvis, terra ferax, dum terra fuit, sed tempore in illo pars maris et latus subitarum campus aquarum. mons ibi verticibus petit arduus astra duobus, nomine Parnasos, superantque cacumina nubes. hic ubi Deucalion (nam cetera texerat aequor) cum consorte tori parva rate vectus adhaesit, Corycidas nymphas et numina montis adorant fatidicamque Themin, quae tunc oracla tenebat: non illo melior quisquam nec amantior aequi vir fuit aut illa metuentior ulla deorum. Iuppiter ut liquidis stagnare paludibus orbem et superesse virum de tot modo milibus unum, et superesse vidit de tot modo milibus unam, innocuos ambo, cultores numinis ambo, nubila disiecit nimbisque aquilone remotis et caelo terras ostendit et aethera terris. nec maris ira manet, positoque tricuspide telo mulcet aquas rector pelagi supraque profundum exstantem atque umeros innato murice tectum caeruleum Tritona vocat conchaeque sonanti inspirare iubet fluctusque et flumina signo iam revocare dato: cava bucina sumitur illi, tortilis in latum quae turbine crescit ab imo, bucina, quae medio concepit ubi aera ponto, litora voce replet sub utroque iacentia Phoebo; tum quoque, ut ora dei madida rorantia barba contigit et cecinit iussos inflata receptus, omnibus audita est telluris et aequoris undis, et quibus est undis audita, coercuit omnes. iam mare litus habet, plenos capit alveus amnes, flumina
subsidunt collesque exire videntur; surgit humus, crescunt sola decrescentibus undis, postque diem longam nudata cacumina silvae ostendunt
limumque tenent in fronde relictum Redditus orbis erat; quem postquam vidit
inanem et desolatas agere alta silentia terras, Deucalion lacrimis ita Pyrrham adfatur obortis: 'o soror, o coniunx, o femina sola superstes, quam commune
mihi genus et patruelis origo, deinde torus iunxit, nunc ipsa pericula iungunt, terrarum, quascumque vident occasus et ortus, nos duo turba sumus; possedit cetera pontus. haec quoque adhuc vitae non est fiducia nostrae certa satis; terrent etiamnum nubila mentem. quis tibi, si sine me fatis erepta fuisses, nunc animus, miseranda, foret? quo sola timorem ferre modo posses? quo consolante doleres! namque ego (crede mihi), si te quoque pontus haberet, te sequerer, coniunx, et me quoque pontus haberet. o utinam possim populos reparare paternis artibus atque animas formatae infundere terrae! nunc genus in nobis restat mortale duobus. sic visum superis: hominumque exempla manemus.' dixerat, et
flebant: placuit caeleste precari numen et
auxilium per sacras quaerere sortes. nulla mora est: adeunt pariter Cephesidas undas, ut nondum liquidas, sic iam vada nota secantes. inde ubi libatos inroravere liquores vestibus et capiti, flectunt vestigia sanctae ad delubra deae, quorum fastigia turpi pallebant musco stabantque sine ignibus arae. ut templi tetigere gradus, procumbit uterque pronus humi gelidoque pavens dedit oscula saxo atque ita 'si precibus' dixerunt 'numina iustis victa remollescunt, si flectitur ira deorum, dic, Themi,
qua generis damnum reparabile nostri arte sit, et
mersis fer opem, mitissima, rebus!' Mota dea est sortemque dedit: 'discedite templo et velate caput cinctasque resolvite vestes ossaque post tergum magnae iactate parentis!' obstupuere diu: rumpitque silentia voce Pyrrha prior iussisque deae parere recusat, detque sibi veniam pavido rogat ore pavetque laedere iactatis maternas ossibus umbras. interea repetunt caecis obscura latebris verba datae sortis secum inter seque volutant. inde
Promethides placidis Epimethida dictis mulcet et
'aut fallax' ait 'est sollertia nobis,
aut (pia sunt nullumque nefas oracula suadent!) magna parens terra est: lapides in corpore terrae ossa reor dici; iacere hos post terga iubemur.' Coniugis
augurio quamquam Titania mota est, spes tamen in dubio est: adeo caelestibus ambo diffidunt monitis; sed quid temptare nocebit? descendunt: velantque caput tunicasque recingunt et iussos lapides sua post vestigia mittunt. saxa (quis hoc credat, nisi sit pro teste vetustas?) ponere duritiem coepere suumque rigorem mollirique mora mollitaque ducere formam. mox ubi
creverunt naturaque mitior illis contigit, ut quaedam, sic non manifesta videri forma potest hominis, sed uti de marmore coepta non exacta satis rudibusque simillima signis, quae tamen ex illis aliquo pars umida suco et terrena
fuit, versa est in corporis usum; quod solidum
est flectique nequit, mutatur in ossa, quae modo
vena fuit, sub eodem nomine mansit, inque brevi
spatio superorum numine saxa missa viri
manibus faciem traxere virorum et de femineo
reparata est femina iactu. inde genus durum sumus experiensque laborum et documenta damus qua simus origine nati. Cetera diversis
tellus animalia formis sponte sua peperit, postquam vetus umor ab igne percaluit solis, caenumque udaeque paludes intumuere aestu, fecundaque semina rerum vivaci nutrita solo ceu matris in alvo creverunt faciemque aliquam cepere morando. sic ubi deseruit madidos septemfluus agros Nilus et antiquo sua flumina reddidit alveo aetherioque recens exarsit sidere limus, plurima cultores versis animalia glaebis inveniunt et
in his quaedam modo coepta per ipsum nascendi spatium, quaedam inperfecta suisque trunca vident
numeris, et eodem in corpore saepe altera pars
vivit, rudis est pars altera tellus. quippe ubi temperiem sumpsere umorque calorque, concipiunt,
et ab his oriuntur cuncta duobus, cumque sit ignis aquae pugnax, vapor umidus omnes res creat, et
discors concordia fetibus apta est. ergo ubi diluvio tellus lutulenta recenti solibus aetheriis altoque recanduit aestu, edidit innumeras species; partimque figuras rettulit antiquas, partim nova monstra creavit. |
Deucalión
y Pirra Separa la Fócide los aonios de los
eteos campos, tierra feraz mientras tierra
fue, pero en el tiempo aquel 315parte
del mar y ancha llanura de súbitas aguas. Un monte allí busca
arduo los astros con sus dos vértices, por nombre el Parnaso,
y superan sus cumbres las nubes. Aquí cuando Deucalión
–pues lo demás lo había cubierto la superficie– con la consorte de su
lecho, en una pequeña balsa llevado, se aferró, 320a
las corícidas ninfas y a los númenes del monte oran y a la fatídica Temis,
que entonces esos oráculos tenía: no que él mejor
ninguno, ni más amante de lo justo, hombre hubo, o que ella
más temerosa ninguna de los dioses. Júpiter, cuando de
fluentes lagos que estaba empantanado el orbe, 325y
que quedaba un hombre de tantos miles hacía poco, uno, y que quedaba, ve, de
tantas miles hacía poco, una, inocuos ambos, cultivadores
de la divinidad ambos, las nubes desgarró y,
habiéndose las borrascas con el aquilón alejado, al cielo las tierras
mostró, y el éter a las tierras. 330Tampoco
del mar la ira permanece y, dejada su tricúspide arma, calma las aguas el
regidor del piélago, y al que sobre el profundo emerge y sus hombros
con su innato múrice cubre, al azul Tritón llama, y
en su concha sonante soplar le ordena, y los
oleajes y las corrientes ya 335revocar,
su señal dando: su hueca bocina toma él, tórcil, que en ancho
crece desde su remolino inferior, bocina, la cual, en
medio del ponto cuando concibió aire, los litorales con su
voz llena, que bajo uno y otro Febo yacen. Entonces también,
cuando ella la boca del dios, por su húmeda barba rorante, 340tocó,
y cantó henchida las ordenadas retretas, por todas las ondas
oída fue de la tierra y de la superficie, y por las que olas fue
oída, contuvo a todas. Ya el mar litoral
tiene, plenos acoge el álveo a sus caudales, las corrientes se
asientan y los collados salir parecen. 345Surge
la tierra, crecen los lugares al decrecer las ondas, y, después de día
largo, sus desnudadas copas las espesuras muestran y limo
retienen que en su fronda ha quedado. Había retornado el orbe; el cual,
después de que lo vio vacío, y que desoladas las
tierras hacían hondos silencios, 350Deucalión
con lágrimas brotadas así a Pirra se dirige: “Oh hermana, oh esposa,
oh hembra sola sobreviviente, a la que a mí una común
estirpe y un origen de primos, después un lecho unió,
ahora nuestros propios peligros unen, de las tierras cuantas
ven el ocaso y el orto 355nosotros
dos la multitud somos: posee lo demás el ponto. Esta tampoco todavía de
la vida nuestra es garantía cierta bastante;
aterran todavía ahora nublados nuestra mente. ¿Cuál si sin mí de los
hados arrebatada hubieras sido ahora tu ánimo, triste
de ti, sería? ¿De qué modo sola 360el
temor soportar podrías? ¿Con consuelo de quién te dolerías? Porque yo, créeme, si a
ti también el ponto te tuviera, te seguiría, esposa, y
a mí también el ponto me tendría. Oh, ojalá pudiera yo
los pueblos restituir con las paternas artes, y alientos
infundir a la conformada tierra. 365Ahora
el género mortal resta en nosotros dos –así pareció a los
altísimos– y de los hombres como ejemplos quedamos.” Había dicho, y
lloraban; decidieron al celeste numen suplicar y auxilio por
medio buscar de las sagradas venturas. Ninguna demora hay:
acuden a la par a las cefísidas ondas, 370como
todavía no líquidas, así ya sus vados conocidos cortando. De allí, cuando licores
de él tomados rociaron sobre sus ropas y
cabeza, doblan sus pasos hacia el santuario de la sagrada diosa,
cuyas cúspides de indecente musgo palidecían, y se
alzaban sin fuegos sus aras. 375Cuando
del templo tocaron los peldaños se postró cada uno inclinado al suelo, y
atemorizado besó la helada roca, y así: “Si con sus
plegarias justas”, dijeron, “los númenes vencidos se enternecen, si se
doblega la ira de los dioses, di, Temis, por qué arte
la merma del género nuestro 380reparable
es, y presta ayuda, clementísima, a estos sumergidos estados.” Conmovida la diosa fue
y su ventura dio: “Retiraos del templo y velaos la cabeza, y
soltaos vuestros ceñidos vestidos, y los huesos tras
vuestra espalda arrojad de vuestra gran madre.” Quedaron suspendidos largo tiempo, y
rompió los silencios con su voz 385Pirra
primera, y los mandatos de la diosa obedecer rehúsa, y tanto que la perdone
con aterrada boca ruega, como se aterra de herir, arrojando sus
huesos, las maternas sombras. Entre tanto repasan,
por sus ciegas latencias oscuras, las palabras de la dada
ventura, y para entre sí les dan vueltas. 390Tras
ello el Prometida a la Epimetida con plácidas palabras calma, y: “O falaz”,
dice, “es mi astucia para nosotros, o –píos son y a ninguna
abominación los oráculos persuaden– esa gran madre la
tierra es: piedras en el cuerpo de la tierra a los huesos calculo
que se llama; arrojarlas tras nuestra espalda se nos ordena.” 395De su esposo por el
augurio aunque la Titania se conmovió, su esperanza, aun así,
en duda está: hasta tal punto ambos desconfían de las celestes
admoniciones. Pero, ¿qué intentarlo dañará? Se retiran y velan su
cabeza y las túnicas se desciñen, y las ordenadas piedras
tras sus plantas envían. 400Las
rocas –¿quién lo creería, si no estuviera por testigo la antigüedad?– a dejar su dureza
comenzaron, y su rigor a mullir, y con el
tiempo, mullidas, a tomar forma. Luego, cuando crecieron
y una naturaleza más tierna les alcanzó, como sí
semejante, del mismo modo manifiesta parecer no puede 405la
forma de un humano, sino, como de mármol comenzada, no terminada lo
bastante, a las rudas estatuas muy semejante era. La parte aun así de
ellas que húmeda de algún jugo y terrosa era, vuelta
fue en uso de cuerpo. Lo que sólido es y
doblarse no puede, se muta en huesos, 410la
que ahora poco vena fue, bajo el mismo nombre quedó; y en breve espacio, por
el numen de los altísimos, las rocas enviadas por las manos
del hombre la faz tomaron de hombres, y del femenino
lanzamiento restituida fue la mujer. De ahí que un género
duro somos y avezado en sufrimientos 415y
pruebas damos del origen de que hemos nacido. A los demás seres la tierra con
diversas formas por sí misma los parió
después de que el viejo humor por el fuego se caldeó del sol, y el
cieno y los húmedos charcos se entumecieron por su
hervor, y las fecundas simientes de las cosas, 420por
el vivaz suelo nutridas, como de una madre en la matriz crecieron y faz alguna
cobraron con el pasar del tiempo. Así, cuando abandonó mojados
los campos el séptuple fluir del Nilo, y a su
antiguo seno hizo volver sus corrientes, y merced a la etérea
estrella, reciente, ardió hasta secarse el limo, 425muchos
seres sus cultivadores al volver los terrones encuentran y entre ellos
a algunos apenas comenzados, en el propio espacio de su
nacimiento, algunos inacabados y truncos los ven de sus
proporciones, y en el mismo cuerpo a menudo una parte vive, es la
parte otra ruda tierra. 430Porque
cuando una templanza han tomado el humor y el calor, conciben, y de ellos
dos se originan todas las cosas y, aunque sea el fuego
para el agua pugnaz, el vapor húmedo todas las cosas crea, y la
discorde concordia para las crías apta es. Así pues, cuando del
diluvio reciente la tierra enlodada 435con
los soles etéreos se encandeció y con su alto hervor, dio a luz innumerables
especies y en parte sus figuras les devolvió antiguas,
en parte nuevos prodigios creó. |
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Illa quidem
nollet, sed te quoque, maxime Python, tum genuit, populisque novis, incognita serpens, terror eras: tantum spatii de monte tenebas. hunc deus arcitenens, numquam letalibus armis ante nisi in dammis capreisque fugacibus usus, mille gravem telis exhausta paene pharetra perdidit effuso per vulnera nigra veneno. neve operis
famam posset delere vetustas, instituit sacros celebri certamine ludos, Pythia de domitae serpentis nomine dictos. hic iuvenum quicumque manu pedibusve rotave vicerat,
aesculeae capiebat frondis honorem. nondum laurus erat, longoque decentia crine tempora cingebat de qualibet arbore Phoebus. |
La
sierpe Pitón Ella ciertamente no lo querría, pero a
ti también, máximo Pitón, entonces te engendró, y
de los pueblos nuevos, desconocida sierpe, 440el
terror eras: tan grande espacio de un monte ocupabas. A él el dios señor del
arco, y que nunca tales armas antes sino en los gamos
y corzas fugaces había usado, hundido por mil
disparos, exhausta casi su aljaba, lo perdió, derramándose
por sus heridas negras su veneno. 445Y
para que de esa obra la fama no pudiera destruir la antigüedad, instituyó, sagrados, de
reiterado certamen, unos juegos, Pitios con el nombre de
la domada serpiente llamados. Ése de los jóvenes
quien con su mano, sus pies o a rueda venciera, de fronda de
encina cobraba un galardón. 450Todavía
laurel no había y, hermosas con su largo pelo, sus sienes ceñía de
cualquier árbol Febo. |
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Primus amor
Phoebi Daphne Peneia, quem non fors ignara dedit, sed saeva Cupidinis ira, Delius hunc nuper, victa serpente superbus, viderat
adducto flectentem cornua nervo 'quid' que 'tibi, lascive puer, cum fortibus armis?' dixerat: 'ista decent umeros gestamina nostros, qui dare certa ferae, dare vulnera possumus hosti, qui modo pestifero tot iugera ventre prementem stravimus innumeris tumidum Pythona sagittis. tu face nescio quos esto contentus amores inritare tua, nec laudes adsere nostras!' filius huic
Veneris 'figat tuus omnia, Phoebe, te meus arcus' ait; 'quantoque animalia cedunt cuncta deo, tanto minor est tua gloria nostra.' dixit et
eliso percussis aere pennis inpiger umbrosa Parnasi constitit arce eque sagittifera prompsit duo tela pharetra diversorum
operum: fugat hoc, facit illud amorem; quod facit,
auratum est et cuspide fulget acuta, quod fugat,
obtusum est et habet sub harundine plumbum. hoc deus in
nympha Peneide fixit, at illo laesit
Apollineas traiecta per ossa medullas; protinus
alter amat, fugit altera nomen amantis silvarum latebris
captivarumque ferarum exuviis
gaudens innuptaeque aemula Phoebes: vitta
coercebat positos sine lege capillos. multi illam petiere, illa aversata petentes inpatiens expersque viri nemora avia lustrat nec, quid Hymen, quid Amor, quid sint conubia curat. saepe pater dixit: 'generum mihi, filia, debes,' saepe pater dixit: 'debes mihi, nata, nepotes'; illa velut crimen taedas exosa iugales pulchra verecundo suffuderat ora rubore inque patris blandis haerens cervice lacertis 'da mihi perpetua, genitor carissime,' dixit 'virginitate frui! dedit hoc pater ante Dianae.' ille quidem obsequitur, sed te decor iste quod optas esse vetat, votoque tuo tua forma repugnat: Phoebus amat
visaeque cupit conubia Daphnes, quodque
cupit, sperat, suaque illum oracula fallunt, utque leves
stipulae demptis adolentur aristis, ut facibus
saepes ardent, quas forte viator vel nimis
admovit vel iam sub luce reliquit, sic deus in
flammas abiit, sic pectore toto uritur et
sterilem sperando nutrit amorem. spectat inornatos collo pendere capillos et 'quid, si comantur?' ait. videt igne micantes sideribus similes oculos, videt oscula, quae non est vidisse satis; laudat digitosque manusque bracchiaque et nudos media plus parte lacertos; si qua latent, meliora putat. fugit ocior aura illa levi neque ad haec revocantis verba resistit: 'nympha, precor, Penei, mane! non insequor hostis; nympha, mane! sic agna lupum, sic cerva leonem, sic aquilam penna fugiunt trepidante columbae, hostes quaeque suos: amor est mihi causa sequendi! me miserum! ne prona cadas indignave laedi crura notent sentes et sim tibi causa doloris! aspera, qua properas, loca sunt: moderatius, oro, curre fugamque inhibe, moderatius insequar ipse. cui placeas, inquire tamen: non incola montis, non ego sum pastor, non hic armenta gregesque horridus observo. nescis, temeraria, nescis, quem fugias, ideoque fugis: mihi Delphica tellus et Claros et Tenedos Patareaque regia servit; Iuppiter est genitor; per me, quod eritque fuitque estque, patet; per me concordant carmina nervis. certa quidem nostra est, nostra tamen una sagitta certior, in vacuo quae vulnera pectore fecit! inventum medicina meum est, opiferque per orbem dicor, et herbarum subiecta potentia nobis. ei mihi, quod nullis amor est sanabilis herbis nec prosunt domino, quae prosunt omnibus, artes!' Plura locuturum
timido Peneia cursu fugit cumque ipso verba inperfecta reliquit, tum quoque visa decens; nudabant corpora venti, obviaque adversas vibrabant flamina vestes, et levis inpulsos retro dabat aura capillos, auctaque forma fuga est. sed enim non sustinet ultra perdere blanditias iuvenis deus, utque monebat ipse Amor, admisso sequitur vestigia passu. ut canis in vacuo leporem cum Gallicus arvo vidit, et hic praedam pedibus petit, ille salutem; alter inhaesuro similis iam iamque tenere sperat et
extento stringit vestigia rostro, alter in
ambiguo est, an sit conprensus, et ipsis morsibus
eripitur tangentiaque ora relinquit: sic deus et
virgo est hic spe celer, illa timore. qui tamen
insequitur pennis adiutus Amoris, ocior est requiemque negat tergoque fugacis inminet et
crinem sparsum cervicibus adflat. viribus absumptis expalluit illa citaeque victa labore fugae spectans Peneidas undas 'fer, pater,' inquit 'opem! si flumina numen habetis, qua nimium placui, mutando perde figuram!' vix prece finita torpor gravis occupat artus, mollia cinguntur tenui praecordia libro, in frondem
crines, in ramos bracchia crescunt, pes modo tam
velox pigris radicibus haeret, ora cacumen
habet: remanet nitor unus in illa. Hanc quoque Phoebus amat positaque in
stipite dextra sentit adhuc trepidare novo sub cortice pectus conplexusque suis ramos ut membra lacertis oscula dat ligno; refugit tamen oscula lignum. cui deus 'at,
quoniam coniunx mea non potes esse, arbor eris certe' dixit 'mea! semper habebunt te coma, te citharae, te nostrae, laure, pharetrae; tu ducibus Latiis aderis, cum laeta Triumphum vox canet et visent longas Capitolia pompas; postibus Augustis eadem fidissima custos ante fores stabis mediamque tuebere quercum, utque meum intonsis caput est iuvenale capillis, tu quoque perpetuos semper gere frondis honores!' finierat Paean: factis modo laurea ramis adnuit utque caput visa est agitasse cacumen. |
Apolo
y Dafne El primer amor de Febo: Dafne la
Peneia, el cual no el azar ignorante se lo
dio, sino la salvaje ira de Cupido. El Delio a él hacía
poco, por su vencida sierpe soberbio, 455le
había visto doblando los cuernos al tensarle el nervio, y: “¿Qué tienes tú que
ver, travieso niño, con las fuertes armas?”, había dicho; “ellas son
cargamentos decorosos para los hombros nuestros, que darlas certeras a
una fiera, dar heridas podemos al enemigo, que, al que ahora poco
con su calamitoso vientre tantas yugadas hundía, 460hemos
derribado, de innumerables saetas henchido, a Pitón. Tú con tu antorcha no
sé qué amores conténtate con irritar, y las
alabanzas no reclames nuestras.” El hijo a él de Venus:
“Atraviese el tuyo todo, Febo, a ti mi arco”, dice, “y
en cuanto los seres ceden 465todos
al dios, en tanto menor es tu gloria a la nuestra.” Dijo, y rasgando el
aire a golpes de sus alas, diligente, en el
sombreado recinto del Parnaso se posó, y de su saetífera
aljaba aprestó dos dardos de opuestas obras:
ahuyenta éste, causa aquél el amor. 470El
que lo causa de oro es y en su cúspide fulge aguda. El que lo ahuyenta obtuso
es y tiene bajo la caña plomo. Éste el dios en la
ninfa Peneide clavó, mas con aquél hirió de Apolo, pasados
a través sus huesos, las médulas. En seguida el uno ama,
huye la otra del nombre de un amante, 475de
las guaridas de las espesuras, y de los despojos de las cautivas fieras gozando, y émula
de la innupta Febe. Con una cinta sujetaba,
sueltos sin ley, sus cabellos. Muchos la pretendieron;
ella, evitando a los pretendientes, sin soportar ni conocer
varón, bosques inaccesibles lustra 480y
de qué sea el Himeneo, qué el amor, qué el matrimonio, no cura. A menudo su padre le
dijo: “Un yerno, hija, me debes.” A menudo su padre le
dijo: “Me debes, niña, unos nietos.” Ella, que como un
crimen odiaba las antorchas conyugales, su bello rostro teñía
de un verecundo rubor 485y
de su padre en el cuello prendiéndose con tiernos brazos: “Concédeme, genitor
queridísimo” le dijo, “de una perpetua virginidad disfrutar:
lo concedió su padre antes a Diana.” Él, ciertamente,
obedece; pero a ti el decor este, lo que deseas que sea, prohíbe, y con
tu voto tu hermosura pugna. 490Febo
ama, y al verla desea las nupcias de Dafne, y lo que desea espera,
y sus propios oráculos a él le engañan; y como las leves pajas
sahúman, despojadas de sus aristas, como con las antorchas
los cercados arden, las que acaso un caminante o demasiado les acercó
o ya a la luz abandonó, 495así
el dios en llamas se vuelve, así en su pecho todo él se abrasa y estéril,
en esperando, nutre un amor. Contempla no ornados de
su cuello pender los cabellos y “¿Qué si se los
arreglara?”, dice. Ve de fuego rielantes, a estrellas parecidos
sus ojos, ve sus labios, que no 500es
con haber visto bastante. Alaba sus dedos y manos y brazos, y desnudos en
más de media parte sus hombros: lo que oculto está,
mejor lo supone. Huye más veloz que el aura ella, leve, y no a
estas palabras del que la revoca se detiene: “¡Ninfa, te lo ruego, del Peneo,
espera! No te sigue un enemigo; 505¡ninfa,
espera! Así la cordera del lobo, así la cierva del león, así del águila con ala
temblorosa huyen las palomas, de los enemigos cada
uno suyos; el amor es para mí la causa de seguirte. Triste de mí, no de
bruces te caigas o indignas de ser heridas tus piernas señalen las
zarzas, y sea yo para ti causa de dolor. 510Ásperos,
por los que te apresuras, los lugares son: más despacio te lo ruego corre y tu fuga modera,
que más despacio te persiga yo. A quién complaces
pregunta, aun así; no un paisano del monte, no yo soy un pastor, no
aquí ganados y rebaños, hórrido, vigilo. No
sabes, temeraria, no sabes 515de
quién huyes y por eso huyes. A mí la délfica tierra, y Claros, y Ténedos, y
los palacios de Pátara me sirven; Júpiter es mi padre.
Por mí lo que será, y ha sido, y es se manifiesta; por
mí concuerdan las canciones con los nervios. Certera, realmente, la
nuestra es; que la nuestra, con todo, una saeta 520más
certera hay, la que en mi vacío pecho estas heridas hizo. Hallazgo la medicina
mío es, y auxiliador por el orbe se me llama, y el poder
de las hierbas sometido está a nos: ay de mí, que por
ningunas hierbas el amor es sanable, y no sirven a su dueño
las artes que sirven a todos.” 525Del que más iba a hablar
con tímida carrera la Peneia huye, y con él mismo
sus palabras inconclusas deja atrás, entonces también pareciendo
hermosa; desnudaban su cuerpo los vientos, y las brisas a su
encuentro hacían vibrar sus ropas, contrarias a ellas, y leve el aura atrás
daba, empujándolos, sus cabellos, 530y
acrecióse su hermosura con la huida. Pero entonces no soporta más perder sus ternuras el
joven dios y, como aconsejaba el propio amor, a
tendido paso sigue sus plantas. Como el perro en un
vacío campo cuando una liebre, el galgo, ve, y éste su presa con
los pies busca, aquélla su salvación: 535el
uno, como que está al cogerla, ya, ya tenerla espera, y con su
extendido morro roza sus plantas; la otra en la
ignorancia está de si ha sido apresada, y de los propios mordiscos se arranca y
la boca que le toca atrás deja: así el dios y la
virgen; es él por la esperanza raudo, ella por el temor. 540Aun
así el que persigue, por las alas ayudado del amor, más veloz es, y el
descanso niega, y la espalda de la fugitiva acecha, y sobre su
pelo, esparcido por su cuello, alienta. Sus fuerzas ya
consumidas palideció ella y, vencida por la fatiga de la
rápida huida, contemplando las peneidas ondas: 545“Préstame,
padre”, dice, “ayuda; si las corrientes numen tenéis, por la que demasiado he
complacido, mutándola pierde mi figura.” Apenas la plegaria
acabó un entumecimiento pesado ocupa su organismo, se ciñe de una tenue
corteza su blando tórax, 550en
fronda sus pelos, en ramas sus brazos crecen, el pie, hace poco tan
veloz, con morosas raíces se prende, su cara copa posee:
permanece su nitor solo en ella. A ésta también Febo la ama,
y puesta en su madero su diestra siente todavía trepidar
bajo la nueva corteza su pecho, 555y
estrechando con sus brazos esas ramas, como a miembros, besos da al leño;
rehúye, aun así, sus besos el leño. Al cual el dios: “Mas
puesto que esposa mía no puedes ser, el árbol serás,
ciertamente”, dijo, “mío. Siempre te tendrán a ti mi pelo, a ti mis
cítaras, a ti, laurel, nuestras aljabas. 560Tú
a los generales lacios asistirás cuando su alegre voz el triunfo cante, y
divisen los Capitolios las largas pompas. En las jambas augustas
tú misma, fidelísisma guardiana, ante sus puertas te
apostarás, y la encina central guardarás, y como mi cabeza es
juvenil por sus intonsos cabellos, 565tú
también perpetuos siempre lleva de la fronda los honores.” Había acabado Peán: con
sus recién hechas ramas la láurea asiente y, como una
cabeza, pareció agitar su copa. |
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Est nemus
Haemoniae, praerupta quod undique claudit silva: vocant Tempe; per quae Peneos ab imo effusus Pindo spumosis volvitur undis deiectuque gravi tenues agitantia fumos nubila
conducit summisque adspergine silvis inpluit et
sonitu plus quam vicina fatigat: haec domus,
haec sedes, haec sunt penetralia magni amnis, in his
residens facto de cautibus antro, undis iura
dabat nymphisque colentibus undas. conveniunt
illuc popularia flumina primum, nescia,
gratentur consolenturne parentem, populifer
Sperchios et inrequietus Enipeus Apidanosque
senex lenisque Amphrysos et Aeas, moxque amnes alii, qui, qua tulit inpetus illos, in mare
deducunt fessas erroribus undas. Inachus unus
abest imoque reconditus antro fletibus
auget aquas natamque miserrimus Io luget ut
amissam: nescit, vitane fruatur an sit apud
manes; sed quam non invenit usquam, esse putat
nusquam atque animo peiora veretur. Viderat a patrio redeuntem Iuppiter
illam flumine et 'o
virgo Iove digna tuoque beatum nescio quem factura toro, pete' dixerat 'umbras altorum nemorum' (et nemorum monstraverat umbras) 'dum calet, et medio sol est altissimus orbe! quodsi sola times latebras intrare ferarum, praeside tuta deo nemorum secreta subibis, nec de plebe deo, sed qui caelestia magna sceptra manu teneo, sed qui vaga fulmina mitto. ne fuge me!' fugiebat enim. iam pascua Lernae consitaque arboribus Lyrcea reliquerat arva, cum deus inducta latas caligine terras occuluit tenuitque fugam rapuitque pudorem. Interea medios
Iuno despexit in Argos et noctis faciem nebulas fecisse volucres sub nitido mirata die, non fluminis illas esse, nec
umenti sensit tellure remitti; atque suus
coniunx ubi sit circumspicit, ut quae deprensi
totiens iam nosset furta mariti. quem postquam
caelo non repperit, 'aut ego fallor aut ego
laedor' ait delapsaque ab aethere summo constitit in
terris nebulasque recedere iussit. coniugis
adventum praesenserat inque nitentem Inachidos
vultus mutaverat ille iuvencam; bos quoque
formosa est. speciem Saturnia vaccae, quamquam
invita, probat nec non, et cuius et unde quove sit
armento, veri quasi nescia quaerit. Iuppiter e terra genitam mentitur, ut auctor desinat
inquiri: petit hanc Saturnia munus. quid faciat?
crudele suos addicere amores, non dare
suspectum est: Pudor est, qui suadeat illinc, hinc
dissuadet Amor. victus Pudor esset Amore, sed leve si munus sociae generisque torique vacca
negaretur, poterat non vacca videri! Paelice donata non protinus exuit omnem diva metum
timuitque Iovem et fuit anxia furti, donec Arestoridae servandam tradidit Argo. |
Júpiter e Ío (I) Hay un bosque en la Hemonia al que por
todos lados cierra, acantilada, una espesura: le llaman
Tempe. Por ellos el Peneo, desde el profundo 570Pindo
derramándose, merced a sus espumosas ondas, rueda, y en su caer pesado
nubes que agitan tenues humos congrega, y sobre
sus supremas espesuras con su aspersión llueve, y con su sonar
más que a la vecindad fatiga. Ésta la casa, ésta la
sede, éstos son los penetrales del gran 575caudal;
en ellos aposentado, en su caverna hecha de escollos, a sus ondas leyes daba,
y a las ninfas que honran sus ondas. Se reúnen allá las
paisanas corrientes primero, ignorando si deben
felicitar o consolar al padre: rico en álamos el
Esperquío y el irrequieto Enipeo 580y
el Apídano viejo y el lene Anfriso y el Eante, y pronto los caudales otros
que, por donde los llevara su ímpetu a ellos, hacia el mar abajan,
cansadas de su errar, sus ondas. El Ínaco solo falta y, en su profunda
caverna recóndito, con sus llantos aumenta
sus aguas y a su hija, tristísimo, a Ío, 585plañe
como perdida; no sabe si de vida goza o si está entre los
manes, pero a la que no encuentra en ningún sitio estar cree en ningún
sitio y en su ánimo lo peor teme. La había visto, de la paterna corriente
regresando, Júpiter a ella y: “Oh virgen de
Júpiter digna y que feliz con tu 590lecho
ignoro a quién has de hacer, busca”, le había dicho, “las sombras de esos altos bosques”,
y de los bosques le había mostrado las sombras, “mientras hace calor y
en medio el sol está, altísimo, de su orbe, que si sola temes en
las guaridas entrar de las fieras, segura con la
protección de un dios, de los bosques el secreto alcanzarás, 595y
no de la plebe un dios, sino el que los celestes cetros en mi magna mano
sostengo, pero el que los errantes rayos lanzo: no me huye”, pues huía.
Ya los pastos de Lerna, y, sembrados de
árboles, de Lirceo había dejado atrás los campos, cuando el dios,
produciendo una calina, las anchas tierras 600ocultó,
y detuvo su fuga, y le arrebató su pudor. Entre tanto Juno abajo
miró en medio de los campos y de que la faz de la
noche hubieran causado unas nieblas voladoras en el esplendor del día
admirada, no que de una corriente ellas fueran, ni sintió que
de la humedecida tierra fueran despedidas, 605y
su esposo dónde esté busca en derredor, como la que ya conociera,
sorprendido tantas veces, los hurtos de su marido. Al cual, después de que
en el cielo no halló: “O yo me engaño o se me ofende”, dice,
y deslizándose del éter supremo se posó en las tierras
y a las nieblas retirarse ordenó. 610De
su esposa la llegada había presentido, y en una lustrosa novilla la apariencia
de la Ináquida había mutado él –de res también hermosa
es–: la belleza la Saturnia de la vaca aunque contrariada
aprueba, y de quién, y de dónde, o de qué manada era, de la verdad como
desconocedora, no deja de preguntar. 615Júpiter
de la tierra engendrada la miente, para que su autor deje de averiguar: la
pide a ella la Saturnia de regalo. ¿Qué iba a hacer? Cruel
cosa adjudicarle sus amores, no dárselos sospechoso
es: el pudor es quien persuade de aquello, de esto disuade el
amor. Vencido el pudor habría sido por el amor, 620pero
si el leve regalo, a su compañera de linaje y de lecho, de una vaca le negara,
pudiera no una vaca parecer. Su rival ya regalada no
en seguida se despojó la divina de todo miedo, y temió
de Júpiter, y estuvo ansiosa de su hurto hasta que al Arestórida
para ser custodiada la entregó, a Argos. |
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centum luminibus cinctum caput Argus habebat inde suis vicibus capiebant bina quietem, cetera servabant atque in statione manebant. constiterat quocumque modo, spectabat ad Io, ante oculos Io, quamvis aversus, habebat. luce sinit
pasci; cum sol tellure sub alta est, claudit et
indigno circumdat vincula collo. frondibus arboreis et amara pascitur herba. proque toro terrae non semper gramen habenti incubat infelix limosaque flumina potat. illa etiam
supplex Argo cum bracchia vellet tendere, non
habuit, quae bracchia tenderet Argo, conatoque queri mugitus edidit ore pertimuitque sonos propriaque exterrita voce est. venit et ad
ripas, ubi ludere saepe solebat, Inachidas:
rictus novaque ut conspexit in unda cornua,
pertimuit seque exsternata refugit. naides
ignorant, ignorat et Inachus ipse, quae sit; at
illa patrem sequitur sequiturque sorores et patitur
tangi seque admirantibus offert. decerptas senior porrexerat Inachus herbas: illa manus lambit patriisque dat oscula palmis nec retinet lacrimas et, si modo verba sequantur, oret opem nomenque suum casusque loquatur; littera pro verbis, quam pes in pulvere duxit, corporis indicium mutati triste peregit. 'me miserum!' exclamat pater Inachus inque gementis cornibus et nivea pendens cervice iuvencae 'me miserum!' ingeminat; 'tune es quaesita per omnes nata mihi terras? tu non inventa reperta luctus eras levior! retices nec mutua nostris dicta refers, alto tantum suspiria ducis pectore, quodque unum potes, ad mea verba remugis! at tibi ego ignarus thalamos taedasque parabam, spesque fuit generi mihi prima, secunda nepotum. de grege nunc tibi vir, nunc de grege natus habendus. nec finire licet tantos mihi morte dolores; sed nocet esse deum, praeclusaque ianua leti aeternum
nostros luctus extendit in aevum.' talia
maerenti stellatus submovet Argus ereptamque patri diversa in pascua natam abstrahit. ipse procul montis sublime cacumen occupat, unde
sedens partes speculatur in omnes. Nec superum rector mala tanta Phoronidos ultra ferre potest natumque vocat, quem lucida partu Pleias enixa est letoque det imperat Argum. parva mora est alas pedibus virgamque potenti somniferam sumpsisse manu tegumenque capillis. haec ubi
disposuit, patria Iove natus ab arce desilit in
terras; illic tegumenque removit et posuit
pennas, tantummodo virga retenta est: hac agit, ut
pastor, per devia rura capellas dum venit
abductas, et structis cantat avenis. voce nova captus custos Iunonius 'at tu, quisquis es, hoc poteras mecum considere saxo' Argus ait; 'neque enim pecori fecundior ullo herba loco est, aptamque vides pastoribus umbram.' Sedit
Atlantiades et euntem multa loquendo detinuit sermone diem iunctisque canendo vincere harundinibus servantia lumina temptat. ille tamen pugnat molles evincere somnos et, quamvis sopor est oculorum parte receptus, parte tamen vigilat. quaerit quoque (namque reperta fistula nuper erat), qua sit ratione reperta. |
Argos 625De cien luces ceñida su
cabeza Argos tenía, de donde por sus turnos
tomaban, de dos en dos, descanso, los demás vigilaban y
en posta se mantenían. Como quiera que se
apostara miraba hacia Ío: ante sus ojos a Ío, aun
vuelto de espaldas, tenía. 630A
la luz la deja pacer; cuando el sol bajo la tierra alta está, la encierra, y circunda
de cadenas, indigno, su cuello. De frondas de árbol y
de amarga hierba se apacienta, y, en vez de en un
lecho, en una tierra que no siempre grama tiene se recuesta la infeliz
y limosas corrientes bebe. 635Ella,
incluso, suplicante a Argos cuando sus brazos quisiera tender, no tuvo qué
brazos tendiera a Argos, e intentando quejarse,
mugidos salían de su boca, y se llenó de temor de
esos sonidos y de su propia voz aterróse. Llegó también a las riberas donde jugar
a menudo solía, 640del
Ínaco a las riberas, y cuando contempló en su onda sus nuevos cuernos, se
llenó de temor y de sí misma enloquecida huyó. Las náyades ignoran,
ignora también Ínaco mismo quién es; mas ella a su
padre sigue y sigue a sus hermanas y se deja tocar y a sus
admiraciones se ofrece. 645Por
él arrancadas el más anciano le había acercado, Ínaco, hierbas: ella sus manos lame y
da besos de su padre a las palmas y no retiene las
lágrimas y, si sólo las palabras le obedecieran, le rogara auxilio y el
nombre suyo y sus casos le dijera. Su letra, en vez de
palabras, que su pie en el polvo trazó, 650de
indicio amargo de su cuerpo mutado actuó. “Triste de mí”, exclama
el padre Ínaco, y en los cuernos de la que gemía, y
colgándose en la cerviz de la nívea novilla: “Triste de mí”,
reitera; “¿Tú eres, buscada por todas las tierras, mi hija?
Tú no encontrada que hallada 655un
luto eras más leve. Callas y mutuas a las nuestras palabras no respondes,
sólo suspiros sacas de tu alto pecho y, lo que solo
puedes, a mis palabras remuges. Mas a ti yo, sin saber,
tálamos y teas te preparaba y esperanza tuve de un
yerno la primera, la segunda de nietos. 660De
la grey ahora tú un marido, y de la grey hijo has de tener. Y concluir no puedo yo
con mi muerte tan grandes dolores, sino que mal me hace
ser dios, y cerrada la puerta de la muerte nuestros lutos extiende
a una eterna edad.” Mientras de tal se
afligía, lo aparta el constelado Argos 665y,
arrancada a su padre, a lejanos pastos a su hija arrastra; él mismo,
lejos, de un monte la sublime cima ocupa, desde donde
sentado otea hacia todas partes. Tampoco de los altísimos el regidor los
males tan grandes de la Forónide más tiempo soportar
puede y a su hijo llama, al que la lúcida Pléyade 670de
su vientre había parido, y que a la muerte dé, le impera, a Argos. Pequeña la demora es la
de las alas para sus pies, y la vara somnífera para su potente mano
tomar, y el cobertor para sus cabellos. Ello cuando dispuso, de
Júpiter el nacido desde el paterno recinto salta a las tierras.
Allí, tanto su cobertor se quitó 675como
depuso sus alas, de modo que sólo la vara retuvo: con ella lleva, como un
pastor, por desviados campos unas cabritas que mientras venía
había reunido, y con unas ensambladas avenas canta. Por esa voz nueva, y cautivado
el guardián de Juno por su arte: “Mas tú, quien quiera
que eres, podrías conmigo sentarte en esta roca”, 680Argos
dice, “pues tampoco para el rebaño más fecunda en ningún lugar hierba hay, y
apta ves para los pastores esta sombra.” Se sienta el Atlantíada,
y al que se marchaba, de muchas cosas hablando detuvo con su discurso,
al día, y cantando con sus unidas cañas vencer sus
vigilantes luces intenta. 685Él,
aun así, pugna por vencer sobre los blandos sueños y aunque el sopor en
parte de sus ojos se ha alojado, en parte, aun así,
vigila; pregunta también, pues descubierta la flauta hacía poco
había sido, en razón de qué fue descubierta. |
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Tum deus
'Arcadiae gelidis sub montibus' inquit 'inter hamadryadas celeberrima Nonacrinas naias una fuit: nymphae Syringa vocabant. non semel et satyros eluserat illa sequentes et quoscumque deos umbrosaque silva feraxque rus habet. Ortygiam studiis ipsaque colebat virginitate deam; ritu quoque cincta Dianae falleret et posset credi Latonia, si non corneus huic arcus, si non foret aureus illi; sic quoque
fallebat. Redeuntem colle Lycaeo Pan videt hanc pinuque caput praecinctus acuta talia verba refert'®restabat verba referre et precibus
spretis fugisse per avia nympham, donec
harenosi placidum Ladonis ad amnem venerit; hic
illam cursum inpedientibus undis ut se mutarent liquidas orasse sorores, Panaque cum prensam sibi iam Syringa putaret, corpore pro nymphae calamos tenuisse palustres, dumque ibi suspirat, motos in harundine ventos effecisse
sonum tenuem similemque querenti. arte nova vocisque deum dulcedine captum 'hoc mihi
colloquium tecum' dixisse 'manebit,' atque ita disparibus calamis conpagine cerae inter se iunctis nomen tenuisse puellae. |
Pan
y Siringe Entonces el dios: “De la Arcadia en los
helados montes”, dice, 690“entre
las hamadríadas muy célebre, las Nonacrinas, náyade una hubo; las
ninfas Siringe la llamaban. No una vez, no ya a los
sátiros había burlado ella, que la seguían, sino a cuantos dioses
la sombreada espesura y el feraz campo hospeda; a la
Ortigia en sus aficiones y con su propia virginidad 695honraba,
a la diosa; según el rito también ceñida de Diana, engañaría y podría
creérsela la Latonia, si no de cuerno el arco de
ésta, si no fuera áureo el de aquélla; así también engañaba.
Volviendo ella del collado Liceo, Pan la ve, y de pino
agudo ceñido en su cabeza 700tales
palabras refiere....” Restaba sus palabras referir, y que despreciadas sus
súplicas había huido por lo intransitable la ninfa, hasta que del arenoso
Ladón al plácido caudal llegó: que aquí ella,
su carrera al impedirle sus ondas, que la mutaran a sus
líquidas hermanas les había rogado, 705y
que Pan, cuando presa de él ya a Siringa creía, en vez del cuerpo de la
ninfa, cálamos sostenía lacustres, y, mientras allí
suspira, que movidos dentro de la caña los vientos efectuaron un sonido
tenue y semejante al de quien se lamenta; que por esa nueva arte
y de su voz por la dulzura el dios cautivado: 710“Este
coloquio a mí contigo”, había dicho, “me quedará”, y que así, los
desparejos cálamos con la trabazón de la cera entre sí unidos, el
nombre retuvieron de la muchacha. |
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talia dicturus vidit Cyllenius omnes subcubuisse oculos adopertaque lumina somno; supprimit extemplo vocem firmatque soporem languida permulcens medicata lumina virga. nec mora, falcato nutantem vulnerat ense, qua collo est confine caput, saxoque cruentum deicit et maculat praeruptam sanguine rupem. Arge, iaces, quodque in tot lumina lumen habebas, exstinctum
est, centumque oculos nox occupat una. Excipit hos volucrisque suae Saturnia
pennis collocat et
gemmis caudam stellantibus inplet. protinus
exarsit nec tempora distulit irae horriferamque oculis animoque obiecit Erinyn paelicis
Argolicae stimulosque in pectore caecos condidit et
profugam per totum exercuit orbem. ultimus inmenso restabas, Nile, labori; quem simulac
tetigit, positisque in margine ripae procubuit genibus resupinoque ardua collo, quos potuit solos, tollens ad sidera vultus et gemitu et lacrimis et luctisono mugitu cum Iove visa queri finemque orare malorum. coniugis ille suae conplexus colla lacertis, finiat ut poenas tandem, rogat 'in' que 'futurum pone metus' inquit: 'numquam tibi causa doloris haec erit,'
et Stygias iubet hoc audire paludes. Ut lenita dea est, vultus capit illa priores fitque, quod
ante fuit: fugiunt e corpore saetae, cornua
decrescunt, fit luminis artior orbis, contrahitur rictus, redeunt umerique manusque, ungulaque in quinos dilapsa absumitur ungues: de bove nil
superest formae nisi candor in illa. officioque pedum nymphe contenta duorum erigitur metuitque loqui, ne more iuvencae mugiat, et timide verba intermissa retemptat. Nunc dea linigera colitur celeberrima
turba. huic Epaphus magni genitus de semine tandem creditur esse Iovis perque urbes iuncta parenti templa tenet. |
Júpiter
e Ío (II) Tales cosas cuando iba a decir ve el
Cilenio que todos los ojos se habían
postrado, y cubiertas sus luces por el sueño. 715Apaga
al instante su voz y afirma su sopor, sus lánguidas luces
acariciando con la ungüentada vara. Y, sin demora, con su
falcada espada mientras cabeceaba le hiere por donde al cuello es
confín la cabeza, y de su roca, cruento, abajo lo lanza, y
mancha con su sangre la acantilada peña. 720Argos,
yaces, y la que para tantas luces luz tenías extinguido se ha, y
cien ojos una noche ocupa sola. Los recoge, y del ave
suya la Saturnia en sus plumas los coloca, y de gemas
consteladas su cola llena. En seguida se inflamó y los tiempos de
su ira no difirió 725y,
horrenda, ante los ojos y el ánimo de su rival argólica le echó a la Erinis, y
aguijadas en su pecho ciegas escondió, y prófuga por
todo el orbe la aterró. Último restabas, Nilo,
a su inmensa labor; a él, en cuanto lo
alcanzó y, puestas en el margen de su ribera 730sus
rodillas, se postró, y alzada ella de levantar el cuello, elevando a las
estrellas los semblantes que sólo pudo, con su gemido, y lágrimas,
y luctuoso mugido con Júpiter pareció
quejarse, y el final rogar de sus males. De su esposa él
estrechando el cuello con sus brazos, 735que
concluya sus castigos de una vez le ruega y: “Para el futuro deja tus miedos”, dice;
“nunca para ti causa de dolor ella será”, y a las
estigias lagunas ordena que esto oigan. Cuando aplacado la
diosa se hubo, sus rasgos cobra ella anteriores y se hace lo que antes
fue: huyen del cuerpo las cerdas, 740los
cuernos decrecen, se hace de su luz más estrecho el orbe, se contrae su comisura,
vuelven sus hombros y manos, y su pezuña, disipada,
se subsume en cinco uñas: de la res nada queda a
su figura, salvo el blancor en ella, y al servicio de sus
dos pies la ninfa limitándose 745se
yergue, y teme hablar, no a la manera de la novilla muja, y tímidamente las
palabras interrumpidas reintenta. Ahora como diosa la honra,
celebradísima, la multitud vestida de lino. Ahora que Épafo
generado fue de la simiente del gran Júpiter por fin se cree, y por las
ciudades, juntos a los de su madre, 750templos posee. |
|
fuit huic animis
aequalis et annis Sole satus
Phaethon, quem quondam magna loquentem nec sibi
cedentem Phoeboque parente superbum non tulit
Inachides 'matri' que ait 'omnia demens credis et es tumidus genitoris imagine falsi.' erubuit
Phaethon iramque pudore repressit et tulit ad
Clymenen Epaphi convicia matrem 'quo' que 'magis doleas, genetrix' ait, 'ille ego
liber, ille ferox tacui! pudet haec opprobria nobis et dici potuisse et non potuisse refelli. at tu, si modo sum caelesti stirpe creatus, ede notam tanti generis meque adsere caelo!' dixit et inplicuit materno bracchia collo perque suum Meropisque caput taedasque sororum traderet oravit veri sibi signa parentis. ambiguum Clymene precibus Phaethontis an ira mota magis dicti sibi criminis utraque caelo bracchia porrexit spectansque ad lumina solis 'per iubar
hoc' inquit 'radiis insigne coruscis, nate, tibi iuro, quod nos auditque videtque, hoc te, quem spectas, hoc te, qui temperat orbem, Sole satum; si ficta loquor, neget ipse videndum se mihi, sitque oculis lux ista novissima nostris! nec longus
labor est patrios tibi nosse penates. unde oritur, domus est terrae contermina nostrae: si modo fert animus, gradere et scitabere ab ipso!' emicat extemplo laetus post talia matris dicta suae Phaethon et concipit aethera mente Aethiopasque suos positosque sub ignibus Indos sidereis transit patriosque adit inpiger ortus. |
Faetón
(I) Tuvo éste en ánimos un igual, y
en años, del Sol engendrado,
Faetón; al cual, un día, que grandes cosas decía y que ante él no cedía,
de que fuera Febo su padre soberbio, no lo soportó el
Ináquida y “A tu madre”, dice, “todo como demente crees y estás henchido
de la imagen de un genitor falso.” 755Enrojeció
Faetón y su ira por el pudor reprimió, y llevó a su madre
Clímene los insultos de Épafo, y “Para que más te
duelas, mi genetriz”, dice, “yo, ese libre, ese fiero me callé. Me
avergüenza que estos oprobios a nos sí decirse han podido,
y no se han podido desmentir. 760Mas
tú, si es que he sido de celeste estirpe creado, dame una señal de tan
gran linaje y reclámame al cielo.” Dijo y enredó sus brazos en el materno
cuello, y por la suya y la
cabeza de Mérope y las teas de sus hermanas, que le trasmitiera a
él, le rogó, signos de su verdadero padre. 765Ambiguo
si Clímene por las súplicas de Faetón o por la ira movida más del crimen
dicho contra ella, ambos brazos al cielo extendió y mirando hacia
las luces del Sol: “Por el resplandor
este”, dice, “de sus rayos coruscos insigne, hijo, a ti te juro, que
nos oye y que nos ve, 770que
de éste tú, al que tú miras, de éste tú, que templa el orbe, del Sol, has sido
engendrado. Si mentiras digo, niéguese él a ser visto de mí y sea para los
ojos nuestros la luz esta la postrera. Y no larga labor es
para ti conocer los patrios penates. De donde él se levanta
la casa es confín a la tierra nuestra: 775si
es que te lleva tu ánimo, camina y averígualo de él mismo.” Brinca al instante, contento después de
tales palabras de la madre
suya, Faetón, y concibe éter en su mente, y por los etíopes suyos
y, puestos bajo los fuegos estelares, por los indos atraviesa,
y de su padre acude diligente a los ortos. |
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