Virgilio, Eneida

 

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© Ana Pérez Vega

© Los Clásicos de Orbis Dictus

Sevilla, 2005

 

SÉPTIMO LIBRO

Traducción de Eugenio de Ochoa

 

Tu quoque litoribus nostris, Aeneia nutrix,

aeternam moriens famam, Caieta, dedisti;

et nunc seruat honos sedem tuus, ossaque nomen

Hesperia in magna, si qua est ea gloria, signat.

5 At pius exsequiis Aeneas rite solutis,

aggere composito tumuli, postquam alta quierunt

aequora, tendit iter uelis portumque relinquit.

aspirant aurae in noctem nec candida cursus

luna negat, splendet tremulo sub lumine pontus.

10 proxima Circaeae raduntur litora terrae,

diues inaccessos ubi Solis filia lucos

adsiduo resonat cantu, tectisque superbis

urit odoratam nocturna in lumina cedrum

arguto tenuis percurrens pectine telas.

15 hinc exaudiri gemitus iraeque leonum

uincla recusantum et sera sub nocte rudentum,

saetigerique sues atque in praesepibus ursi

saeuire ac formae magnorum ululare luporum,

quos hominum ex facie dea saeua potentibus herbis

20 induerat Circe in uultus ac terga ferarum.

quae ne monstra pii paterentur talia Troes

delati in portus neu litora dira subirent,

Neptunus uentis impleuit uela secundis,

atque fugam dedit et praeter uada feruida uexit.

 

 

 Tú también ¡Oh Cayeta! nodriza de Eneas, diste con tu muerte eterna fama a nuestras playas; aun hoy tu memoria protege estos sitios, y tu nombre declara, si algo vale esta gloria, en qué lugar de la grande Hesperia descansan tus huesos.

 Celebradas las exequias conforme al rito, y erigido un túmulo de tierra, el piadoso Eneas, luego que se sosegó el hondo mar, dio la vela y abandonó el puerto.

Era de noche; soplaban las auras blandamente; la blanca luna los alumbraba en su rumbo y con su trémula luz rielaban las aguas del mar.

Pasan las naves rozando la orilla del país circeo, donde la opulenta hija del sol hace resonar sus repuestos bosques con perpetuo canto, y en sus soberbios palacios quema oloroso cedro a la luz de la luna, mientras teje con sutil lanzadera delicadas telas.

Oyense allí, a deshora de la noche, rugido de leones reluchando por romper sus cadenas;

óyense cerdosos jabalíes y osos, que se embravecen en sus jaulas, y aullidos de espantables lobos, a quienes la cruel Circe, a favor de poderosas yerbas, trocó la figura humana en semblante y cuerpo de fieras.

Para que impelidos al puerto no experimentasen semejantes transformaciones los piadosos Troyanos ni pisasen horribles playas, Neptuno hinchó sus velas con favorables vientos, impulsólos en rápida fuga y los sacó de aquel hirviente estrecho.

 

25 Iamque rubescebat radiis mare et aethere ab alto

Aurora in roseis fulgebat lutea bigis,

cum uenti posuere omnisque repente resedit

flatus, et in lento luctantur marmore tonsae.

atque hic Aeneas ingentem ex aequore lucum

30 prospicit. hunc inter fluuio Tiberinus amoeno

uerticibus rapidis et multa flauus harena

in mare prorumpit. uariae circumque supraque

adsuetae ripis uolucres et fluminis alueo

aethera mulcebant cantu lucoque uolabant.

35 flectere iter sociis terraeque aduertere proras

imperat et laetus fluuio succedit opaco.

Nunc age, qui reges, Erato, quae tempora, rerum

quis Latio antiquo fuerit status, aduena classem

cum primum Ausoniis exercitus appulit oris,

40 expediam, et primae reuocabo exordia pugnae.

tu uatem, tu, diua, mone. dicam horrida bella,

dicam acies actosque animis in funera reges,

Tyrrhenamque manum totamque sub arma coactam

Hesperiam. maior rerum mihi nascitur ordo,

45 maius opus moueo.

 

Ya se sonrosaba la mar con los primeros rayos del sol y la rápida aurora desde el alto éter resplandecía en su carro, tirado por dos caballos de color rosa, cuando se aplanó el viento, cesó de repente todo soplo, y los remos empezaron a batir la mar, inmóvil como el mármol.  En esto Eneas descubre desde el piélago un espacioso bosque, por en medio del cual va el caudaloso y manso Tíber, amarillo con su abundante arena, a desembocar con rápidos remolinos en la mar; en derredor y encima del río varias aves, acostumbradas a sus riberas y a sus aguas, llenaban de dulces melodías el viento con sus gorjeos y revoloteaban por el bosque.

Allí manda Eneas a sus compañeros que tuerzan el rumbo, enderezando a tierra las proas. y se entra alegre por el umbroso río.

 Préstame ahora tu auxilio ¡Oh Erato! para que diga cuáles fueron los reyes, cuáles los remotos sucesos, cuál el estado del antiguo Lacio, cuando un ejército extranjero arribó por primera vez en naves a las playas ausonias, y recuerde la ocasión de aquellos primeros combates; inspira ¡Oh diosa! inspira al poeta. Voy a cantar horrendas batallas; diré los ejércitos, los reyes animados a la matanza, la hueste tirrena y toda la Hesperia armada.

De más alto empeño, más ardua que hasta aquí,

es ahora mi empresa.

 

Rex arua Latinus et urbes

iam senior longa placidas in pace regebat.

hunc Fauno et nympha genitum Laurente Marica

accipimus; Fauno Picus pater, isque parentem

te, Saturne, refert, tu sanguinis ultimus auctor.

50 filius huic fato diuum prolesque uirilis

nulla fuit, primaque oriens erepta iuuenta est.

sola domum et tantas seruabat filia sedes

iam matura uiro, iam plenis nubilis annis.

multi illam magno e Latio totaque petebant

55 Ausonia; petit ante alios pulcherrimus omnis

Turnus, auis atauisque potens, quem regia coniunx

adiungi generum miro properabat amore;

sed uariis portenta deum terroribus obstant.

laurus erat tecti medio in penetralibus altis

60 sacra comam multosque metu seruata per annos,

quam pater inuentam, primas cum conderet arces,

ipse ferebatur Phoebo sacrasse Latinus,

Laurentisque ab ea nomen posuisse colonis.

huius apes summum densae (mirabile dictu)

65 stridore ingenti liquidum trans aethera uectae

obsedere apicem, et pedibus per mutua nexis

examen subitum ramo frondente pependit.

continuo uates 'externum cernimus' inquit

'aduentare uirum et partis petere agmen easdem

70 partibus ex isdem et summa dominarier arce.'

 

Regía en larga paz

sus campos y sus felices ciudades el anciano rey Latino,

hijo de Fauno y de la ninfa Marica Laurentina;

Fauno era hijo de Pico, cuya ascendencia ¡Oh Saturno!  remonta hasta ti, primer fundador de su linaje.

No tenía este Rey, por disposición de los dioses, hijo alguno varón, pues uno que tuvo le había sido arrebatado en la flor de sus años;

sólo le quedaba una hija heredera de su casa y de sus vastos estados y ya en edad de tomar marido.

Multitud de príncipes del gran Lacio, la Ausonia toda la pretendían, y sobre todos el bizarrísimo Turno, de antiguo y poderoso linaje,

a quien la esposa del Rey deseaba por yerno

con extremado empeño;

mas los dioses lo impiden por medio de varios tremendos prodigios. Había en lo más retirado y profundo del palacio, un laurel de sacro ramaje, conservado de muy antiguo con religioso temor, el cual era fama que se había hallado el rey Latino en la época en que empezara a edificar su capital, y que había consagrado a Febo, por donde recibieron sus pobladores el nombre de Laurentinos. Ocurrió un día ¡Oh asombro! que una apiñada muchedumbre de abejas, cruzando el líquido éter con gran ruido, fue a posarse en la copa de aquel laurel, y enredadas unas con otras por los pies, quedaron suspensas de las frondosas ramas, formando de súbito un enjambre. Al punto mismo dijo así un adivino: "En esa señal vemos la llegada de un varón extranjero y de un ejército que se dirige a estas regiones por la parte de donde vieen esas abejas, y que nos dominará desde nuestro excelso alcázar."

 

praeterea, castis adolet dum altaria taedis,

et iuxta genitorem astat Lauinia uirgo,

uisa (nefas) longis comprendere crinibus ignem

atque omnem ornatum flamma crepitante cremari,

75 regalisque accensa comas, accensa coronam

insignem gemmis; tum fumida lumine fuluo

inuolui ac totis Volcanum spargere tectis.

id uero horrendum ac uisu mirabile ferri:

namque fore inlustrem fama fatisque canebant

80 ipsam, sed populo magnum portendere bellum.

 

Además, un día en que la virgen Lavinia estaba al lado de su padre, quemando en los altares castos inciensos,

vióse (¡cosa horrible!) prender el fuego en sus largos cabellos y arder con resonante llama todas sus galas e inflamarse su velo real y su rica diadema de pedrerías;

luego se la vio rodeada de humo, y roja luz rociar con fuego todo el palacio.

Terrible y maravilloso declararon este portento los augures; porque, si bien prometía a Lavinia fama y destino insignes, amenazaba al pueblo con terrible guerra.

 

At rex sollicitus monstris oracula Fauni,

fatidici genitoris, adit lucosque sub alta

consulit Albunea, nemorum quae maxima sacro

fonte sonat saeuamque exhalat opaca mephitim.

85 hinc Italae gentes omnisque Oenotria tellus

in dubiis responsa petunt; huc dona sacerdos

cum tulit et caesarum ouium sub nocte silenti

pellibus incubuit stratis somnosque petiuit,

multa modis simulacra uidet uolitantia miris

90 et uarias audit uoces fruiturque deorum

conloquio atque imis Acheronta adfatur Auernis.

hic et tum pater ipse petens responsa Latinus

centum lanigeras mactabat rite bidentis,

atque harum effultus tergo stratisque iacebat

95 uelleribus: subita ex alto uox reddita luco est:

'ne pete conubiis natam sociare Latinis,

o mea progenies, thalamis neu crede paratis;

externi uenient generi, qui sanguine nostrum

nomen in astra ferant, quorumque a stirpe nepotes

100 omnia sub pedibus, qua sol utrumque recurrens

aspicit Oceanum, uertique regique uidebunt.'

 

Cuidadoso el Rey con estos prodigios, va a consultar los oráculos de su fatídico padre Fauno en las selvas donde resuena el caudaloso raudal de la sagrada fuente Albunea, que cubierta de opacas sombras, exhala mefíticos vapores.

Allí acuden en los casos dudosos a pedir oráculos las gentes de Italia y toda la Enotria;

allí cuando el sacerdote lleva sus dones y se echa a dormir, en la callada noche, sobre las pieles extendidas de las ovejas sacrificadas, ve en sueños revolotear muchos espectros de maravillosa manera, y oye varias voces y disfruta los coloquios de los dioses y hace llegar sus palabras hasta el Aqueronte en los profundos avernos.

Allí también entonces el padre Latino, a fin de obtener oráculos, había inmolado conforme al rito, cien lanudas ovejas y yacía acostado sobre sus extendidas pieles, cuando de pronto salió de lo más hondo de la selva una voz que decía:

"No pienses, hijo mío, en dar tu hija a un esposo latino, ni creas en las ya preparadas bodas.

Vendrá un yerno extranjero, con cuya alianza se levantará nuestro nombre hasta las estrellas, y cuyos descendientes verán sometidas a sus pies y regidas por sus leyes cuantas naciones contempla el sol recorriendo uno y otro Océano."

 

haec responsa patris Fauni monitusque silenti

nocte datos non ipse suo premit ore Latinus,

sed circum late uolitans iam Fama per urbes

105 Ausonias tulerat, cum Laomedontia pubes

gramineo ripae religauit ab aggere classem.

Aeneas primique duces et pulcher Iulus

corpora sub ramis deponunt arboris altae,

instituuntque dapes et adorea liba per herbam

110 subiciunt epulis (sic Iuppiter ipse monebat)

et Cereale solum pomis agrestibus augent.

consumptis hic forte aliis, ut uertere morsus

exiguam in Cererem penuria adegit edendi,

et uiolare manu malisque audacibus orbem

115 fatalis crusti patulis nec parcere quadris:

'heus, etiam mensas consumimus?' inquit Iulus,

nec plura, adludens. ea uox audita laborum

prima tulit finem, primamque loquentis ab ore

eripuit pater ac stupefactus numine pressit.

120 continuo 'salue fatis mihi debita tellus

uosque' ait 'o fidi Troiae saluete penates:

hic domus, haec patria est. genitor mihi talia namque

(nunc repeto) Anchises fatorum arcana reliquit:

"cum te, nate, fames ignota ad litora uectum

125 accisis coget dapibus consumere mensas,

tum sperare domos defessus, ibique memento

prima locare manu molirique aggere tecta."

haec erat illa fames, haec nos suprema manebat

exitiis positura modum.

 

No recató el rey latino esta respuesta de su padre Fauno, ni el aviso que le diera en la callada noche;

antes ya la Fama voladora lo había difundido por todas las ciudades ausonias, cuando la juventud troyana llegó a aferrar su armada en la hermosa ribera.

Tiéndense Eneas, los principales caudillos y el hermoso Iulo bajo las ramas de un árbol; dispónense la comida, y para ello colocan sobre la yerba tortas de flor, hacinando luego sobre aquel asiento, dado por Ceres (así se lo sugirió el mismo Júpiter),

multitud de frutas silvestres.

Consumidos estos manjares, como su escasez los forzase a morder las tortas, a violar con mano y dientes audaces el círculo de la fatal corteza y a no perdonar sus espaciosos cuadros,

"¡Ay, hasta las mesas nos comemos!", exclamó Iulo, sin hacer nada más alusión al oráculo.

Estas palabras fueron para los troyanos el primer anuncio del fin de sus trabajos, y Eneas, atajándolas en los labios de su hijo, exclamó así al punto, pasmado de su significación profética:

"¡Salve, oh tierra que me debían los hados! ¡Salve, oh vosotros, también fieles penates de Troya!  Esta es nuestra morada,

ésta es nuestra patria: en estos términos (ahora lo recuerdo)

me reveló mi padre Anquises los arcanos del destino.

 Cuando arrojado a ignotas playas el hambre te fuerce, hijo mío, consumidos ya los manjares, a devorar también las mesas, cuenta entonces que hallarás asiento en tus fatigas y acuérdate de fundar allí con tu mano y fortificar una primera población.” Esta es aquella hambre que nos estaba profetizada; ésta es la última calamidad por que nos restaba pasar como término de nuestras miserias...

 

130 quare agite et primo laeti cum lumine solis

quae loca, quiue habeant homines, ubi moenia gentis,

uestigemus et a portu diuersa petamus.

nunc pateras libate Ioui precibusque uocate

Anchisen genitorem, et uina reponite mensis.'

135 Sic deinde effatus frondenti tempora ramo

implicat et geniumque loci primamque deorum

Tellurem Nymphasque et adhuc ignota precatur

flumina, tum Noctem Noctisque orientia signa

Idaeumque Iouem Phrygiamque ex ordine matrem

140 inuocat, et duplicis caeloque Ereboque parentis.

hic pater omnipotens ter caelo clarus ab alto

intonuit, radiisque ardentem lucis et auro

ipse manu quatiens ostendit ab aethere nubem.

diditur hic subito Troiana per agmina rumor

145 aduenisse diem quo debita moenia condant.

certatim instaurant epulas atque omine magno

crateras laeti statuunt et uina coronant.

 

Animo, pues, y a la primera luz del nuevo sol exploremos estos sitios, veamos qué gentes los pueblan, dónde están sus ciudades y encaminémonos desde el puerto en todas direcciones. Ahora apurad las copas en honor de Júpiter, invocad en vuestras preces a mi padre Anquises y traed más vino a las mesas."

Dicho esto, ciñe sus sienes con una hojosa rama e invoca al Genio de aquellos sitios, a la tierra, divinidad anterior a todas, y a las Ninfas y a los aun desconocidos ríos de aquellas regiones; luego a la Noche y a los astros que nacen en ella, a Júpiter de Ida; después, como es justo, a Cibeles frigia y a la madre que tiene en el cielo y a su padre que está en el Erebo.

En esto el omnipotente Júpiter hizo retumbar tres veces su trueno en el claro cielo y mostró en el éter una rutilante y áurea nube, que él mismo blandía con su mano; entonces cunde de pronto por el ejército troyano el rumor de que es llegado el día en que va a edificar la ciudad prometida; con lo que al punto renuevan las mesas y regocijados con aquel gran presagio, previenen las copas, y ya llenas de vino, las coronan de ramos y flores.

 

Postera cum prima lustrabat lampade terras

orta dies, urbem et finis et litora gentis

150 diuersi explorant: haec fontis stagna Numici,

hunc Thybrim fluuium, hic fortis habitare Latinos.

tum satus Anchisa delectos ordine ab omni

centum oratores augusta ad moenia regis

ire iubet, ramis uelatos Palladis omnis,

155 donaque ferre uiro pacemque exposcere Teucris.

haud mora, festinant iussi rapidisque feruntur

passibus. ipse humili designat moenia fossa

moliturque locum, primasque in litore sedes

castrorum in morem pinnis atque aggere cingit.

160 iamque iter emensi turris ac tecta Latinorum

ardua cernebant iuuenes muroque subibant.

ante urbem pueri et primaeuo flore iuuentus

exercentur equis domitantque in puluere currus,

aut acris tendunt arcus aut lenta lacertis

165 spicula contorquent, cursuque ictuque lacessunt:

cum praeuectus equo longaeui regis ad auris

nuntius ingentis ignota in ueste reportat

aduenisse uiros. ille intra tecta uocari

imperat et solio medius consedit auito.

 

Apenas despuntaron al siguiente día los primeros albores, parten por diversos caminos a explorar la ciudad, los términos y las costas de aquella nación; aquí descubren los pantanos que forman la fuente del río Numico; éste es el Tíber; éste es el país que pueblan los fuertes Latinos. Entonces el hijo de Anquises despacha a la augusta ciudad del Rey cien emisarios elegidos de entre todas las clases y coronados de ramos de oliva, que vayan a llevarle regalos y a pedirle paz para los Troyanos; sin pérdida de momento, parten con rápido paso los comisionados.

 Eneas entretanto señala por sí mismo en la ribera con una zanja el reducido circuito de la muralla, asiento de su futura ciudad, y a modo de campamento rodea sus primeras viviendas con almenas y empalizadas. Ya, recorrido el camino, divisaban los emisarios las torres y los altos edificios de los Latinos, ya se acercaban a sus muros. En frente de la ciudad multitud de mancebos en la primera flor de la juventud se estaban ejercitando en cabalgar y en manejar carros en el polvoroso llano, o bien en tender los rígidos arcos, o en blandir flexibles dardos o en luchar a la carrera y a brazo partido, cuando un mensajero fue a llevar a los oídos del anciano Rey la nueva de que habían llegado unos guerreros de aventajada estatura y extraño atavío. Mándalos él introducir en su palacio y se sienta en el solio de sus mayores en medio de los suyos.

 

170 Tectum augustum, ingens, centum sublime columnis

urbe fuit summa, Laurentis regia Pici,

horrendum siluis et religione parentum.

hic sceptra accipere et primos attollere fascis

regibus omen erat; hoc illis curia templum,

175 hae sacris sedes epulis; hic ariete caeso

perpetuis soliti patres considere mensis.

quin etiam ueterum effigies ex ordine auorum

antiqua e cedro, Italusque paterque Sabinus

uitisator curuam seruans sub imagine falcem,

180 Saturnusque senex Ianique bifrontis imago

uestibulo astabant, aliique ab origine reges,

Martiaque ob patriam pugnando uulnera passi.

multaque praeterea sacris in postibus arma,

captiui pendent currus curuaeque secures

185 et cristae capitum et portarum ingentia claustra

spiculaque clipeique ereptaque rostra carinis.

ipse Quirinali lituo paruaque sedebat

succinctus trabea laeuaque ancile gerebat

Picus, equum domitor, quem capta cupidine coniunx

190 aurea percussum uirga uersumque uenenis

fecit auem Circe sparsitque coloribus alas.

 

Había en la parte más alta de la ciudad un augusto y espacioso edificio, sustentado por cien columnas, palacio del laurentino Pico, que llenaban de religioso terror tradicional la devoción de que era objeto y las selvas que le rodeaban. Era de buen agüero para los reyes recibir allí el cetro y levantar las primeras fasces; aquel templo les servía de tribunal, allí se celebraban los sagrados festines, allí, después de inmolar un carnero, acostumbraban los próceres a tomar asiento alrededor de largas mesas. Veíanse allí, además, en el vestíbulo, dispuestas por su orden, las efigies de los ascendientes del Rey, labradas de antiguo cedro; Italo, el padre Sabino, que plantó el primero la vid, y cuya imagen conserva todavía en su mano la corva hoz; el viejo Saturno, el bifronte Jano y todos los demás reyes de la monarquía, que peleando por la patria recibieron marciales heridas.

Penden, además en los sacros umbrales multitud de armas,

carros cautivos, corvas segures, penachos,

enormes cerrojos, dardos, escudos y espolones arrebatados de las naves enemigas.

Ceñida una corta trabea con el báculo quirinal en la diestra y embrazada en el izquierdo una rodela, sentábase allí Pico, el domador de caballos, a quien su amante Circe, loca de celos, hirió con su vara de oro, y con influjo de sus venenos le convirtió en ave de pintadas plumas.

 

Tali intus templo diuum patriaque Latinus

sede sedens Teucros ad sese in tecta uocauit,

atque haec ingressis placido prior edidit ore:

195 'dicite, Dardanidae (neque enim nescimus et urbem

et genus, auditique aduertitis aequore cursum),

quid petitis? quae causa rates aut cuius egentis

litus ad Ausonium tot per uada caerula uexit?

siue errore uiae seu tempestatibus acti,

200 qualia multa mari nautae patiuntur in alto,

fluminis intrastis ripas portuque sedetis,

ne fugite hospitium, neue ignorate Latinos

Saturni gentem haud uinclo nec legibus aequam,

sponte sua ueterisque dei se more tenentem.

205 atque equidem memini (fama est obscurior annis)

Auruncos ita ferre senes, his ortus ut agris

Dardanus Idaeas Phrygiae penetrarit ad urbes

Threiciamque Samum, quae nunc Samothracia fertur.

hinc illum Corythi Tyrrhena ab sede profectum

210 aurea nunc solio stellantis regia caeli

accipit et numerum diuorum altaribus auget.'

 

Tal era el templo de los dioses, en cuyo ámbito recibió a los Teucros el rey latino, sentado en el solio de sus mayores; luego que hubieron entrado, les habló así el primero con apacible semblante:  "Decid, hijos de Dárdano (pues no desconocemos ni vuestra patria ni vuestro linaje y ya teníamos nuevas de que hacia aquí enderezabais el rumbo), ¿Cuál es vuestro objeto?, ¿Qué causa, qué necesidad ha traído a vuestros bajeles por tantos cerúleos mares a las playas ausonias?

 Ya hayáis entrado por nuestra ría y hayáis anclado en nuestro puerto por haber perdido el derrotero o acosados por las tempestades, que tan frecuentes persiguen a los navegantes en alta mar, no huyáis de mi hospitalidad ni os forméis una idea equivocada de los Latinos, linaje de Saturno, justo, no por la fuerza ni por las leyes, sino por su propio natural y por apego a los usos de su antiguo dios. Y aun me acuerdo (aunque el tiempo ha obscurecido esta tradición) de haber oído decir a unos ancianos Auruncos que Dárdano, nacido en estos campos, penetró en las ciudades de la Frigia, cercanas al monte Ida y en Samos de Tracia, que hoy se llama Samotracia;

ahora el áureo alcázar del estrellado cielo cobija un solio

al que salió de la tirrena mansión de Corito y es ya un numen más en los altares.”

 

Dixerat, et dicta Ilioneus sic uoce secutus:

'rex, genus egregium Fauni, nec fluctibus actos

atra subegit hiems uestris succedere terris,

215 nec sidus regione uiae litusue fefellit:

consilio hanc omnes animisque uolentibus urbem

adferimur pulsi regnis, quae maxima quondam

extremo ueniens sol aspiciebat Olympo.

ab Ioue principium generis, Ioue Dardana pubes

220 gaudet auo, rex ipse Iouis de gente suprema:

Troius Aeneas tua nos ad limina misit.

quanta per Idaeos saeuis effusa Mycenis

tempestas ierit campos, quibus actus uterque

Europae atque Asiae fatis concurrerit orbis,

225 audiit et si quem tellus extrema refuso

summouet Oceano et si quem extenta plagarum

quattuor in medio dirimit plaga solis iniqui.

diluuio ex illo tot uasta per aequora uecti

dis sedem exiguam patriis litusque rogamus

230 innocuum et cunctis undamque auramque patentem.

non erimus regno indecores, nec uestra feretur

fama leuis tantique abolescet gratia facti,

nec Troiam Ausonios gremio excepisse pigebit.

fata per Aeneae iuro dextramque potentem,

235 siue fide seu quis bello est expertus et armis:

multi nos populi, multae (ne temne, quod ultro

praeferimus manibus uittas ac uerba precantia)

et petiere sibi et uoluere adiungere gentes;

sed nos fata deum uestras exquirere terras

240 imperiis egere suis. hinc Dardanus ortus,

huc repetit iussisque ingentibus urget Apollo

Tyrrhenum ad Thybrim et fontis uada sacra Numici.

dat tibi praeterea fortunae parua prioris

munera, reliquias Troia ex ardente receptas.

245 hoc pater Anchises auro libabat ad aras,

hoc Priami gestamen erat cum iura uocatis

more daret populis, sceptrumque sacerque tiaras

Iliadumque labor uestes.'

 

Dijo, y en esto términos le contestó Ilioneo: "¡Oh Rey, linaje ilustre de Fauno, no una negra borrasca nos ha obligado a arribar a tus playas, acosados por las olas, ni las estrellas ni las costas nos han hecho perder el rumbo. Con maduro acuerdo y voluntad firme venimos a esta ciudad, arrojados de nuestro reino, el más grande en otro tiempo que veía el sol en su carrera de uno a otro confín del Olimpo. Nuestro linaje tuvo principio en Júpiter; la juventud dárdana se regocija de tener por progenitor a Júpiter; nuestro mismo Rey, el troyano Eneas, de la excelsa raza de Júpiter, es quien nos envía a tus umbrales. Cuán terribles desastres ha derramado la fiera Micenas por los campos de Ida, cuáles hados han impulsado a chocar entre sí a los dos continentes de Europa y Asia, sábenlo hasta los que habitan las últimas regiones que baña el Océano y aquellos a quiénes separa del resto del mundo la zona que se extiende en medio de las otras cuatro y tuesta un sol abrasador.

Desde aquel gran desastre, arrastrados por tantos y tantos mares, venimos implorando para nuestros dioses patrios un reducido albergue, una playa segura, el agua y el aire, comunes a todos. Ni seremos un desdoro para vuestra nación, ni ganaréis poca fama con darnos amparo, ni se borrará jamás de nuestras almas la gratitud a tamaño beneficio, ni les pesará a los Ausonios de haber acogido a Troya en su seno.

Yo lo juro por los hados de Eneas y por su diestra, poderosa lo mismo en la prueba de las alianzas que en la de la guerra y las armas. No nos tengas en menos porque venimos a ti con ramas de oliva en las manos y palabras suplicantes; muchos pueblos, muchas naciones han querido y solicitado unirnos a su suerte; pero los hados de los dioses con su irresistible imperio nos han forzado a buscar afanosamente vuestras comarcas. Aquí torna Dárdano, nacido aquí, y con sus solemnes mandatos nos impele Apolo hacia el tirreno Tíber y a la sagrada fuente del Numico.

Estos cortos dones de su pasada fortuna te da además, reliquias arrebatadas a las llamas de Troya.

Con esta copa de oro hacía Anquises libaciones en los altares, éstos son los regios atavíos que vestía Príamo cuando administraba justicia a sus pueblos congregados: el cetro, la sagrada tiara y el manto labrado por las mujeres de Troya..."

 

Talibus Ilionei dictis defixa Latinus

250 obtutu tenet ora soloque immobilis haeret,

intentos uoluens oculos. nec purpura regem

picta mouet nec sceptra mouent Priameia tantum

quantum in conubio natae thalamoque moratur,

et ueteris Fauni uoluit sub pectore sortem:

255 hunc illum fatis externa ab sede profectum

portendi generum paribusque in regna uocari

auspiciis, huic progeniem uirtute futuram

egregiam et totum quae uiribus occupet orbem.

tandem laetus ait: 'di nostra incepta secundent

260 auguriumque suum! dabitur, Troiane, quod optas.

munera nec sperno: non uobis rege Latino

diuitis uber agri Troiaeue opulentia deerit.

ipse modo Aeneas, nostri si tanta cupido est,

si iungi hospitio properat sociusque uocari,

265 adueniat, uultus neue exhorrescat amicos:

pars mihi pacis erit dextram tetigisse tyranni.

uos contra regi mea nunc mandata referte:

est mihi nata, uiro gentis quam iungere nostrae

non patrio ex adyto sortes, non plurima caelo

270 monstra sinunt; generos externis adfore ab oris,

hoc Latio restare canunt, qui sanguine nostrum

nomen in astra ferant. hunc illum poscere fata

et reor et, si quid ueri mens augurat, opto.'

 

Suspenso latino al oír estas razones de Ilioneo, quédase inmóvil, clavado en el suelo, fijos en él los ojos, revolviéndolos con atención profunda; lo que tan perplejo le tiene no es tanto ni las recamadas vestiduras de púrpura, ni el cetro de Príamo, cuanto el pensar en las bodas de su hija;

al mismo tiempo medita en el oráculo del antiguo Fauno.

Aquel extranjero es, sin duda, el yerno que le anuncian los hados y el que destinan a sucederle en su reino bajo felices auspicios, del cual ha de nacer una egregia y valerosa prole, destinada a subyugar el orbe entero. Por fin, exclama así, alborozado:

"¡Cumplan los dioses nuestros propósitos y sus propios agüeros! Dársete ha ¡Oh troyano! lo que pides;

no menosprecio tus dones; mientras reine Latino no os faltarán tierras feraces, ni las riquezas de Troya;

sólo exijo que el mismo Eneas, si tanto codicia mi alianza, si quiere de veras ser mi huésped y mi compañero, venga a mis estados y no rehuya mi semblante amigo, prenda bastante de paz será para mí tocar la mano de vuestro Rey.

Vosotros ahora llevadle de mi parte estas razones:

Tengo una hija a quien me vedan dar esposo de nuestra nación los oráculos del santuario paterno y mil prodigios celestes, los cuales todos anuncian que es destino del Lacio que ha de venir de extranjeras playas un yerno, cuyo linaje levantará hasta los astros la fama de nuestro nombre. Vuestro Rey es el que designan los hados, si no me engañan mis presentimientos; lo creo así y lo deseo".

 

haec effatus equos numero pater eligit omni

275 (stabant ter centum nitidi in praesepibus altis);

omnibus extemplo Teucris iubet ordine duci

instratos ostro alipedes pictisque tapetis

(aurea pectoribus demissa monilia pendent,

tecti auro fuluum mandunt sub dentibus aurum),

280 absenti Aeneae currum geminosque iugalis

semine ab aetherio spirantis naribus ignem,

illorum de gente patri quos daedala Circe

supposita de matre nothos furata creauit.

talibus Aeneadae donis dictisque Latini

285 sublimes in equis redeunt pacemque reportant.

 

Dicho esto, elige entre los trescientos hermosos y velocísimos caballos que tenía en sus soberbias cuadras, uno por cada troyano, y manda que se les lleven por su orden, cubiertos de ricas gualdrapas de púrpura, recamadas de varios colores.

Del pecho les penden colleras de oro, de oro son sus jaeces, de rojo oro también los frenos que tascan sus dientes. Al ausente Eneas manda llevar un carro y un tiro de dos caballos de etérea raza, que arrojan fuego por la nariz, de la sangre de aquellos que formó la artificiosa Circe, cruzando ocultamente yeguas mortales con los caballos del Sol, su padre. Con tales regalos y amistosas palabras del rey Latino, vuélvense, montados en sus soberbios corceles, los enviados de Eneas, ya mensajeros de paz.

 

Ecce autem Inachiis sese referebat ab Argis

saeua Iouis coniunx aurasque inuecta tenebat,

et laetum Aenean classemque ex aethere longe

Dardaniam Siculo prospexit ab usque Pachyno.

290 moliri iam tecta uidet, iam fidere terrae,

deseruisse rates: stetit acri fixa dolore.

tum quassans caput haec effundit pectore dicta:

'heu stirpem inuisam et fatis contraria nostris

fata Phrygum! num Sigeis occumbere campis,

295 num capti potuere capi? num incensa cremauit

Troia uiros? medias acies mediosque per ignis

inuenere uiam. at, credo, mea numina tandem

fessa iacent, odiis aut exsaturata quieui.

quin etiam patria excussos infesta per undas

300 ausa sequi et profugis toto me opponere ponto.

absumptae in Teucros uires caelique marisque.

quid Syrtes aut Scylla mihi, quid uasta Charybdis

profuit? optato conduntur Thybridis alueo

securi pelagi atque mei. Mars perdere gentem

305 immanem Lapithum ualuit, concessit in iras

ipse deum antiquam genitor Calydona Dianae,

quod scelus aut Lapithas tantum aut Calydona merentem?

 

Más he aquí que tornándose de la ciudad de Argos, que riega el Inaco, y cruzando los aires en su carro la fiera esposa de Júpiter, divisa en remota lontananza, desde el siciliano promontorio de Paquino, a Eneas lleno de júbilo y toda la armada dárdana, y ve a los Troyanos construyendo sus moradas para tomar asiento en tierra y renunciar a sus naves. Paróse, al verlo, herida de acerbo dolor, y meneando la cabeza, exhaló del pecho estas palabras:

"¡Oh estirpe aborrecida, oh hados de la Frigia, siempre contrarios a los míos! ¿Sucumbieron por ventura en los campos Sigeos? Cautivos ya, ¿Pudieron quedar en cautiverio? ¿Ardieron, acaso, en el incendio de Troya? Por en medio de las huestes enemigas, por entre las llamas lograron abrirse camino. ¡Por quien soy, que creo que ya mi numen se declara vencido y que he dado tregua a la lucha, harta ya de aborrecer! Irritada contra esos prófugos de su patria, he osado seguirlos por todos los mares y contrastarlos en todos ellos;

contra los Teucros se han estrellado las fuerzas del cielo y del mar. ¿De qué me valieron las Sirtes, ni Scila, ni la enorme Caribdis? Libres ya del mar y de mis iras, van a poblar las suspiradas márgenes del Tíber. Marte fue bastante poderoso para aniquilar el feroz linaje de los Lapitas; el mismo padre de los dioses entregó la antigua Calidonia a las iras de Diana, y ¿cuál fue para tanto castigo el crimen de los Lapitas, cuál el de Calidonia?

 

ast ego, magna Iouis coniunx, nil linquere inausum

quae potui infelix, quae memet in omnia uerti,

310 uincor ab Aenea. quod si mea numina non sunt

magna satis, dubitem haud equidem implorare quod usquam est:

flectere si nequeo superos, Acheronta mouebo.

non dabitur regnis, esto, prohibere Latinis,

atque immota manet fatis Lauinia coniunx:

315 at trahere atque moras tantis licet addere rebus,

at licet amborum populos exscindere regum.

hac gener atque socer coeant mercede suorum:

sanguine Troiano et Rutulo dotabere, uirgo,

et Bellona manet te pronuba. nec face tantum

320 Cisseis praegnas ignis enixa iugalis;

quin idem Veneri partus suus et Paris alter,

funestaeque iterum recidiua in Pergama taedae.'

 

¡Yo empero, yo, la poderosa consorte de Júpiter; yo, que, infeliz, nada he dejado por intentar; yo, que a todo he acudido por mí misma, soy vencida por Eneas! Pues bien; ya que mi numen puede tan poco, no hay auxilio que titubee ya en implorar;

pues no alcanzo a doblegar a los dioses del cielo, acudiré a los del Aqueronte.

En buen hora que no pueda arrebatar a Eneas el imperio del Lacio, en buen hora el irrevocable hado le asegure por esposa a Lavinia; pero conseguiré a lo menos poner trabas y dilaciones al cumplimiento de esos grandes sucesos; pero conseguiré exterminar a fuerza de guerras los pueblos de ambos reyes. Unanse en buen hora, a costa del sacrificio de los suyos, el yerno y el suegro; tu dote será ¡Oh virgen! la sangre de los Troyanos y de los Rútulos; Belona será madrina de tus bodas. No será la hija de Ciseo la única que haya concebido en sus entrañas una tea encendida; también el hijo de Venus será otro Paris, y segunda vez las teas de himeneo serán funestas a la nueva Troya."

 

Haec ubi dicta dedit, terras horrenda petiuit;

luctificam Allecto dirarum ab sede dearum

325 infernisque ciet tenebris, cui tristia bella

iraeque insidiaeque et crimina noxia cordi.

odit et ipse pater Pluton, odere sorores

Tartareae monstrum: tot sese uertit in ora,

tam saeuae facies, tot pullulat atra colubris.

330 quam Iuno his acuit uerbis ac talia fatur:

'hunc mihi da proprium, uirgo sata Nocte, laborem,

hanc operam, ne noster honos infractaue cedat

fama loco, neu conubiis ambire Latinum

Aeneadae possint Italosue obsidere finis.

335 tu potes unanimos armare in proelia fratres

atque odiis uersare domos, tu uerbera tectis

funereasque inferre faces, tibi nomina mille,

mille nocendi artes. fecundum concute pectus,

dissice compositam pacem, sere crimina belli;

340 arma uelit poscatque simul rapiatque iuuentus.'

 

Dicho esto, encamínase furiosa a la tierra y evoca de la mansión de las tinieblas infernales, donde moran las horribles hermanas, a la calamitosa Alecto, cuyo corazón sólo se goza en tristes guerras, en iras, traiciones y atroces crímenes.

Su propio padre Plutón, sus mismas tartáreas hermanas aborrecen a este monstruo: ¡Tantas y tan espantosas caras muda, tantas negras sierpes erizan su cuerpo!

Con estas palabras la excita Juno:

"Virgen, hija de la Noche, concédeme el favor, propio de ti, que voy a pedirte, para que no sucumban mi honor y mi fama en el descrédito, ni logren los Troyanos contraer alianza con el rey Latino, ni apoderarse de los ítalos confines.

Tú puedes armar para la guerra las diestras de los hermanos antes unidos y abrasar en odios las familias; tú puedes esgrimir contra ellas tus látigos de serpientes y tus teas funerales; tú tienes mil maneras, mil artificios para hacer daño; aguza tu fecundo ingenio, descompón las ajustadas paces, siembra ocasiones de guerra, haz que la juventud anhele y pida y blanda furiosa las armas."

 

Exim Gorgoneis Allecto infecta uenenis

principio Latium et Laurentis tecta tyranni

celsa petit, tacitumque obsedit limen Amatae,

quam super aduentu Teucrum Turnique hymenaeis

345 femineae ardentem curaeque iraeque coquebant.

huic dea caeruleis unum de crinibus anguem

conicit, inque sinum praecordia ad intima subdit,

quo furibunda domum monstro permisceat omnem.

ille inter uestis et leuia pectora lapsus

350 uoluitur attactu nullo, fallitque furentem

uipeream inspirans animam; fit tortile collo

aurum ingens coluber, fit longae taenia uittae

innectitque comas et membris lubricus errat.

ac dum prima lues udo sublapsa ueneno

355 pertemptat sensus atque ossibus implicat ignem

necdum animus toto percepit pectore flammam,

mollius et solito matrum de more locuta est,

multa super natae lacrimans Phrygiisque hymenaeis:

 

Al punto Alecto, henchida del veneno de las Gorgonas, se dirige primeramente al Lacio y a la excelsa morada del laurentino Rey, y penetra hasta el callado aposento de la reina Amata, la cual, con ocasión de la llegada de los Teucros y de las bodas de Turno, se consumía en mujeriles congojas e iras. Arrójale la diosa una de las culebras de su cerúlea cabellera y se la clava en lo más hondo de las entrañas, a fin de que, hostigada por ella, alborote con sus furias todo el palacio. Deslízase la víbora por entre las ropas y el terso pecho, revolviéndose sin ser sentida, e infunde por sorpresa en la exaltada Reina un espíritu viperino.

 Ya revuelta en derredor de su cuello, la gran culebra se trueca en collar de oro, ya en larga venda que ciñe sus cabellos, ya se desliza veloz por todos sus miembros. Mientras el primer virus destilado de aquella húmeda ponzoña va inficionando sus sentidos y va el fuego cundiendo a los huesos sin que todavía su alma se haya empapado toda entera en la infausta llama, habla así al Rey con dulzura y cual acostumbran las madres, haciendo tiernos lamentos por su hija y por las bodas frigias que se preparan;

 

'exsulibusne datur ducenda Lauinia Teucris,

360 o genitor, nec te miseret nataeque tuique?

nec matris miseret, quam primo Aquilone relinquet

perfidus alta petens abducta uirgine praedo?

at non sic Phrygius penetrat Lacedaemona pastor,

Ledaeamque Helenam Troianas uexit ad urbes?

365 quid tua sancta fides? quid cura antiqua tuorum

et consanguineo totiens data dextera Turno?

si gener externa petitur de gente Latinis,

idque sedet, Faunique premunt te iussa parentis,

omnem equidem sceptris terram quae libera nostris

370 dissidet externam reor et sic dicere diuos.

et Turno, si prima domus repetatur origo,

Inachus Acrisiusque patres mediaeque Mycenae.'

 

"¿Y habrías de dar ¡Oh padre! nuestra Lavinia a esos Troyanos desterrados? ¿No te dueles de tu hija, ni de ti mismo, ni de su madre, a quien al primer soplo del aquilón dejará abandonada el pérfido, llevándose por el mar la robada virgen? ¿No penetró así en Lacedemonia el pastor frigio y se llevó a Elena, hija de Leda, a las ciudades troyanas?

 ¿Que se ha hecho de tus sagrados juramentos, qué de tu antiguo desvelo por los tuyos, qué de tu palabra, tantas veces empeñada a nuestro deudo Turno? Si desean los Latinos un yerno de raza extranjera, si tal es tu firme resolución, y a ella te apremian los mandatos de tu padre Fauno, juzgo que extranjera será toda tierra libre de tu dominio, y así los expresaron los dioses; y si nos remontamos al primer origen de tu linaje, verás que Turno viene del corazón de Micenas y que cuenta entre sus progenitores a Inaco y a Acrisio."

 

His ubi nequiquam dictis experta Latinum

contra stare uidet, penitusque in uiscera lapsum

375 serpentis furiale malum totamque pererrat,

tum uero infelix ingentibus excita monstris

immensam sine more furit lymphata per urbem.

ceu quondam torto uolitans sub uerbere turbo,

quem pueri magno in gyro uacua atria circum

380 intenti ludo exercent—ille actus habena

curuatis fertur spatiis; stupet inscia supra

impubesque manus mirata uolubile buxum;

dant animos plagae: non cursu segnior illo

per medias urbes agitur populosque ferocis.

385 quin etiam in siluas simulato numine Bacchi

maius adorta nefas maioremque orsa furorem

euolat et natam frondosis montibus abdit,

quo thalamum eripiat Teucris taedasque moretur,

euhoe Bacche fremens, solum te uirgine dignum

390 uociferans: etenim mollis tibi sumere thyrsos,

te lustrare choro, sacrum tibi pascere crinem.

fama uolat, furiisque accensas pectore matres

idem omnis simul ardor agit noua quaerere tecta.

deseruere domos, uentis dant colla comasque;

395 ast aliae tremulis ululatibus aethera complent

pampineasque gerunt incinctae pellibus hastas.

 

Luego que conoció la inutilidad de estas razones, viendo que Latino perseveraba en su resolución, y cuando hubo cundido al fondo de sus entrañas y penetrado en su cuerpo el veneno de las furias destilado por la serpiente, precipítase la infeliz delirante por toda la ciudad, presa de espantosas visiones.

Cual peonza que a impulso del retorcido látigo hacen girar los muchachos en sus juegos, formando un ancho corro en los desocupados atrios, y pasmándose de ver cuál corre de aquí para allá en circulares trechos el tornátil boj batido de la correa, y acelerado por ella en su veloz carrera,

tal y no menos rápida se precipita la Reina por las ciudades y las indómitas tribus de su pueblo.

Y no satisfecha aún, y cual si estuviera poseída del numen de Baco, resuelta a mayor atentado, aguijada de mayores furias, huye a las selvas y esconde a su hija en los frondosos montes para sustraerla al enlace con el Troyano y alejar las teas nupciales, dando bramidos, invocándote ¡Oh Baco! y proclamándote único digno de la virgen, puesto que por ti empuña el blando tirso y se une a los coros que celebran tu gloria y conserva para ti su cabellera consagrada a tu numen. Vuela la fama de este suceso, y arrastradas del mismo modo por la Furias todas las madres a buscar nuevos hogares, abandonan sus casas, dando al viento los cuellos y las sueltas cabelleras. Unas llenan el espacio de trémulos alaridos, otras, ceñidas de pieles, esgrimen lanzas rodeadas de pámpanos.

 

ipsa inter medias flagrantem feruida pinum

sustinet ac natae Turnique canit hymenaeos

sanguineam torquens aciem, toruumque repente

400 clamat: 'io matres, audite, ubi quaeque, Latinae:

si qua piis animis manet infelicis Amatae

gratia, si iuris materni cura remordet,

soluite crinalis uittas, capite orgia mecum.'

talem inter siluas, inter deserta ferarum

405 reginam Allecto stimulis agit undique Bacchi.

 

Amata, en medio de ellas, desatentada, blande una tea encendida y canta las bodas de Turno con su hija, revolviendo sangrientas miradas; luego de pronto exclama con torvo acento:

"Oídme ¡Oh madres latinas! si aun os queda en los piadosos ánimos algún cariño a la desventurada Amata; si en algo tenéis vuestros derechos de madres, desataos las vendas del cabello y celebrad orgías conmigo."

De esta suerte aguijonea Alecto con los estímulos de Baco a la reina Amata por las selvas y los desiertos de las fieras.

 

Postquam uisa satis primos acuisse furores

consiliumque omnemque domum uertisse Latini,

protinus hinc fuscis tristis dea tollitur alis

audacis Rutuli ad muros, quam dicitur urbem

410 Acrisioneis Danae fundasse colonis

praecipiti delata Noto. locus Ardea quondam

dictus auis, et nunc magnum manet Ardea nomen,

sed fortuna fuit. tectis hic Turnus in altis

iam mediam nigra carpebat nocte quietem.

415 Allecto toruam faciem et furialia membra

exuit, in uultus sese transformat anilis

et frontem obscenam rugis arat, induit albos

cum uitta crinis, tum ramum innectit oliuae;

fit Calybe Iunonis anus templique sacerdos,

420 et iuueni ante oculos his se cum uocibus offert:

'Turne, tot incassum fusos patiere labores,

et tua Dardaniis transcribi sceptra colonis?

rex tibi coniugium et quaesitas sanguine dotes

abnegat, externusque in regnum quaeritur heres.

425 i nunc, ingratis offer te, inrise, periclis;

Tyrrhenas, i, sterne acies, tege pace Latinos.

haec adeo tibi me, placida cum nocte iaceres,

ipsa palam fari omnipotens Saturnia iussit.

quare age et armari pubem portisque moueri

430 laetus in arua para, et Phrygios qui flumine pulchro

consedere duces pictasque exure carinas.

caelestum uis magna iubet. rex ipse Latinus,

ni dare coniugium et dicto parere fatetur,

sentiat et tandem Turnum experiatur in armis.'

 

Cuando juzgó que ya había atizado bastante los primeros furores, revuelto el palacio y desbaratado los planes del rey Latino, alzóse de allí al punto en sus negras alas, encaminándose a la ciudad del animosos Rútulo, la cual es fama que fundó Dánae, con los colonos acrisios cuando la precipitó en aquella playa el impetuoso noto. Los antiguos la denominaron Ardea, y aún hoy conserva este gran nombre; pero su fortuna pasó;

allí Turno, ya mediada la negra noche, disfrutaba en su soberbio palacio apacible sueño.

Alecto se despoja de su fiero aspecto y de su cuerpo de furia, transformándose en figura de vieja. Su horrible frente se ve surcada de arrugas, una venda sujeta sus blancos cabellos, que ciñe un ramo de oliva. Trocada así en la vieja Calibe, sacerdotisa de Juno, preséntase ante los ojos del mancebo y le habla de esta manera: 

"¿Consentirás, ¡Oh Turno! en haber arrostrado en vano tantos afanes y en que pase tu cetro a manos de colonos troyanos? ¡El rey Latino te niega al pactado enlace y la dote que te has ganado con tu sangre, y quiere que un extranjero herede su reino! ¡Ve ahora, iluso, ve a arrostrar peligros tan mal agradecidos;

ve y debela las huestes tirrenas; asegura a los Latinos el beneficio de la paz! La misma omnipotente hija de Saturno me ha mandado que viniera a decirte claramente estas cosas cuando estuvieras descansando en la serena noche.

Ea, pues, dispónte ufano a armar tu juventud guerrera y a sacarla de la ciudad; embiste a los caudillos frigios, acampados en las márgenes del hermoso río, y abrasa sus pintadas naves; así lo manda la poderosa fuerza de los dioses.

El mismo rey Latino, si no te da por esposa a su hija y falta a su empeño, conozca y pruebe, en fin, las armas de Turno."

 

435 Hic iuuenis uatem inridens sic orsa uicissim

ore refert: 'classis inuectas Thybridis undam

non, ut rere, meas effugit nuntius auris;

ne tantos mihi finge metus. nec regia Iuno

immemor est nostri.

440 sed te uicta situ uerique effeta senectus,

o mater, curis nequiquam exercet, et arma

regum inter falsa uatem formidine ludit.

cura tibi diuum effigies et templa tueri;

bella uiri pacemque gerent quis bella gerenda.'

 

Burlándose de la Sibila, replícale así el mancebo: "No ha faltado, como crees, un mensajero para anunciarme que han entrado naves extrañas en las aguas del Tíber.

No me ponderes tanto los peligros que corro, no se ha olvidado de mí la regia Juno...;

pero vencida por la edad y de sus estragos, incapaz por ello de discernir la verdad de las cosas, ¡Oh anciana! te forjas vanos temores y te exageras los peligros en medio de las contiendas de los reyes. Ve a cuidar, como debes, de las imágenes de los dioses y de la seguridad del templo, y deja a los hombres el cuidado de las paces y las guerras."

 

445 Talibus Allecto dictis exarsit in iras.

at iuueni oranti subitus tremor occupat artus,

deriguere oculi: tot Erinys sibilat hydris

tantaque se facies aperit; tum flammea torquens

lumina cunctantem et quaerentem dicere plura

450 reppulit, et geminos erexit crinibus anguis,

uerberaque insonuit rabidoque haec addidit ore:

'en ego uicta situ, quam ueri effeta senectus

arma inter regum falsa formidine ludit.

respice ad haec: adsum dirarum ab sede sororum,

455 bella manu letumque gero.'

sic effata facem iuueni coniecit et atro

lumine fumantis fixit sub pectore taedas.

olli somnum ingens rumpit pauor, ossaque et artus

perfundit toto proruptus corpore sudor.

460 arma amens fremit, arma toro tectisque requirit;

saeuit amor ferri et scelerata insania belli,

ira super: magno ueluti cum flamma sonore

uirgea suggeritur costis undantis aeni

exsultantque aestu latices, furit intus aquai

465 fumidus atque alte spumis exuberat amnis,

nec iam se capit unda, uolat uapor ater ad auras.

ergo iter ad regem polluta pace Latinum

indicit primis iuuenum et iubet arma parari,

tutari Italiam, detrudere finibus hostem;

470 se satis ambobus Teucrisque uenire Latinisque.

haec ubi dicta dedit diuosque in uota uocauit,

certatim sese Rutuli exhortantur in arma.

hunc decus egregium formae mouet atque iuuentae,

hunc ataui reges, hunc claris dextera factis.

 

Estas palabras encendieron en ira a Alecto, cuando de pronto se apodera del joven, que la reconoce y la implora, súbito temblor. Sus ojos quedan desencajados: ¡Tantas serpientes silban en la Furia, tan patente se muestra en su horrenda figura! Entonces, revolviendo los llameantes ojos, rechaza al Rey, suspenso y empeñado en disculparse, irgue en su cabello dos culebras, chasquea su látigo y con rabiosa lengua exclama así: "Aquí estoy, aquí vencida de la edad y de sus estragos, incapaz por ello de discernir la verdad de las cosas, yo, que me forjo vanos temores y me exagero de los peligros en medio de las con tiendas de los reyes. Mira estas serpientes; vengo de la mansión de las Furias, mis hermanas y traigo en la mano guerras y matanzas..." Dicho esto, arroja una tea al joven y se inca en el pecho, humeante con negro resplandor.

Rompe entonces su sueño indecible espanto; todo su cuerpo se empapa en un sudor que le cala hasta los huesos, y fuera de sí, lanza bélicos rugidos;

revuélvese en el lecho, buscando sus armas; sus armas busca por todo el palacio, respirando ansia insensata de hierro y lides y ardiendo en ciega ira;

no de otra suerte, cuando se enciende una resonante lumbrada, de retamas debajo de una caldera llena de agua, hierve ésta con estrépito y se levanta espumante, y rebosa, y convertida en negro vapor, se exhala por los aires. Declara, pues, a sus principales guerreros que, rota la paz, va a marchar contra el rey Latino, y manda aprestar las armas, fortificar a Italia y arrojar de sus confines al enemigo; él sólo basta, dice, contra los Teucros y los Latinos. Dicho esto e invocando los dioses, excítanse mutuamente y a porfía los Rútulos a la guerra, movidos del amor que profesan a su rey, unos por su gallardía y juventud, éstos por su regia prosapia, aquéllos por sus preclaras hazañas.

 

475 Dum Turnus Rutulos animis audacibus implet,

Allecto in Teucros Stygiis se concitat alis,

arte noua, speculata locum, quo litore pulcher

insidiis cursuque feras agitabat Iulus.

hic subitam canibus rabiem Cocytia uirgo

480 obicit et noto naris contingit odore,

ut ceruum ardentes agerent; quae prima laborum

causa fuit belloque animos accendit agrestis.

ceruus erat forma praestanti et cornibus ingens,

Tyrrhidae pueri quem matris ab ubere raptum

485 nutribant Tyrrhusque pater, cui regia parent

armenta et late custodia credita campi.

adsuetum imperiis soror omni Siluia cura

mollibus intexens ornabat cornua sertis,

pectebatque ferum puroque in fonte lauabat.

490 ille manum patiens mensaeque adsuetus erili

errabat siluis rursusque ad limina nota

ipse domum sera quamuis se nocte ferebat.

hunc procul errantem rabidae uenantis Iuli

commouere canes, fluuio cum forte secundo

495 deflueret ripaque aestus uiridante leuaret.

ipse etiam eximiae laudis succensus amore

Ascanius curuo derexit spicula cornu;

nec dextrae erranti deus afuit, actaque multo

perque uterum sonitu perque ilia uenit harundo.

 

Mientras Turno infunde animoso brío a los Rútulos, vuela Alecto, batiendo sus infernales alas, al campamento de los Teucros, e ideando nuevas trazas, explora los sitios en que el hermoso Iulo se entretenía en acosar las fieras con lazos y a la carrera.

Entonces la virgen del Cocito comunica a sus perros súbita rabia, les lleva a la nariz el conocido olor de un ciervo para que ardientes le persigan, lo cual vino a ser la ocasión primera de tantos desastres y lo que inflamó en guerrera saña a aquellas rústicas gentes.

Había un hermosísimo ciervo de gran cornamenta, al cual desde que aún mamaba arrebataron a su madre y criaban los hijos de Tirreo, y éste también, que era el mayoral de los ganados del Rey y el guarda de sus dilatados campos.

Criábale con particular amor y le tenía acostumbrado a obedecerla Silvia, hermana de aquellos mancebos; ella le adornaba las astas con guirnaldas, le peinaba el cuerpo y le lavaba en cristalinas fuentes. Hecho a que le pasaran la mano, a comer en la mesa de su ama, vagaba de día por las selvas, y a la noche, aunque ya muy entrada, se volvía por sí solo al conocido hogar.

Sucedió por dicha aquel día que errante, lejos de él, cuando acababa de bañarse en un manso río y estaba descansando del gran calor en la verde ribera, le levantaron rabiosos los perros de Iulo, que por allí andaba cazando, e inflamado el mancebo en ansia de noble prez, le disparó del corvo arco una saeta, que dirigida con mano certera, así lo quiso la Furia, fue silbando a traspasarle el vientre y los ijares.

 

500 saucius at quadripes nota intra tecta refugit

successitque gemens stabulis, questuque cruentus

atque imploranti similis tectum omne replebat.

Siluia prima soror palmis percussa lacertos

auxilium uocat et duros conclamat agrestis.

505 olli (pestis enim tacitis latet aspera siluis)

improuisi adsunt, hic torre armatus obusto,

stipitis hic grauidi nodis; quod cuique repertum

rimanti telum ira facit. uocat agmina Tyrrhus,

quadrifidam quercum cuneis ut forte coactis

510 scindebat rapta spirans immane securi.

 

Huye el herido ciervo a la conocida morada, y lanzando gemidos, se entra ensangrentado en el redil, llenándolo con lastimosos acentos, cual si se quejara e implorase compasión. Silvia la primera, al verle, se golpea los brazos, grita socorro y concita a todos los rústicos pastores, que acuden de improviso, como que la horrible Furia andaba oculta por aquellas calladas selvas; cuáles armados con palos de tostada punta, cuáles con ñudosas estacas, todos con lo primero que han encontrado a mano y que la ira ha convertido en armas, Tirreo, que estaba a la sazón partiendo con apretadas cuñas una enorme encina, ase de su hacha, llama a toda su gente y acude también respirando saña.

 

At saeua e speculis tempus dea nacta nocendi

ardua tecta petit stabuli et de culmine summo

pastorale canit signum cornuque recuruo

Tartaream intendit uocem, qua protinus omne

515 contremuit nemus et siluae insonuere profundae;

audiit et Triuiae longe lacus, audiit amnis

sulpurea Nar albus aqua fontesque Velini,

et trepidae matres pressere ad pectora natos.

tum uero ad uocem celeres, qua bucina signum

520 dira dedit, raptis concurrunt undique telis

indomiti agricolae, nec non et Troia pubes

Ascanio auxilium castris effundit apertis.

derexere acies. non iam certamine agresti

stipitibus duris agitur sudibusue praeustis,

525 sed ferro ancipiti decernunt atraque late

horrescit strictis seges ensibus, aeraque fulgent

sole lacessita et lucem sub nubila iactant:

fluctus uti primo coepit cum albescere uento,

paulatim sese tollit mare et altius undas

530 erigit, inde imo consurgit ad aethera fundo.

hic iuuenis primam ante aciem stridente sagitta,

natorum Tyrrhi fuerat qui maximus, Almo,

sternitur; haesit enim sub gutture uulnus et udae

uocis iter tenuemque inclusit sanguine uitam.

535 corpora multa uirum circa seniorque Galaesus,

dum paci medium se offert, iustissimus unus

qui fuit Ausoniisque olim ditissimus aruis:

quinque greges illi balantum, quina redibant

armenta, et terram centum uertebat aratris.

 

Entre tanto la horrible diosa, que desde su escondrijo ve llegada la ocasión de provocar una gran desgracia, se sube al tejado de la alquería, y desde aquella altura hace la señal de los pastores, esforzando con la corva bocina su voz infernal, con que retembló todo el monte y atronó a lo lejos las profundas selvas.

Oyóla el apartado lago de Diana, oyéronla el río Nar, blanco con sus sulfurosas aguas y las fuentes de Velino, y temblorosas las madres estrecharon al pecho sus hijos. Al punto los indómitos pastores, oída la señal que les diera la horrible bocina, acuden presurosos, provistos de improvisadas armas, al mismo tiempo que la troyana juventud se precipita por todas las puertas de sus reales en auxilio de Ascanio. Ordénanse las huestes y trábase la lid, no ya, a la manera de campesinos, con recias estacas y garrotes de tostada punta, sino con espadas de dos filos; una horrible mies de desnudos aceros eriza la vasta llanura, resplandecen las armas heridas del sol y reverbera la luz hasta las nubes, como cuando al primer soplo del viento empieza a blanquear una ola, va luego poco a poco hinchándose la mar, y levantando cada vez más altas sus olas,

hasta que alza al firmamento aun las aguas de sus más profundos abismos.

En esto el joven Almón, el mayor de los hijos de Tirreo, que lidiaba en primera fila, cae herido de una estridente saeta, que, hincándosele debajo de la garganta,

ahogó con sangre sus labios la frágil vida.

A su lado sucumben otros muchos, y entre ellos, mientras se estaba ofreciendo medianero para poner paz, el anciano Galeso, varón el más justo y rico que tenía entonces la Ausonia;

cinco rebaños de ovejas y cinco vacadas volvían casi de noche de sus dehesas, y en la labranza de sus heredades empleaba cien arados.

 

540 Atque ea per campos aequo dum Marte geruntur,

promissi dea facta potens, ubi sanguine bellum

imbuit et primae commisit funera pugnae,

deserit Hesperiam et caeli conuersa per auras

Iunonem uictrix adfatur uoce superba:

545 'en, perfecta tibi bello discordia tristi;

dic in amicitiam coeant et foedera iungant.

quandoquidem Ausonio respersi sanguine Teucros,

hoc etiam his addam, tua si mihi certa uoluntas:

finitimas in bella feram rumoribus urbes,

550 accendamque animos insani Martis amore

undique ut auxilio ueniant; spargam arma per agros.'

tum contra Iuno: 'terrorum et fraudis abunde est:

stant belli causae, pugnatur comminus armis,

quae fors prima dedit sanguis nouus imbuit arma.

555 talia coniugia et talis celebrent hymenaeos

egregium Veneris genus et rex ipse Latinus.

te super aetherias errare licentius auras

haud pater ille uelit, summi regnator Olympi.

cede locis. ego, si qua super fortuna laborum est,

560 ipsa regam.' talis dederat Saturnia uoces;

 

Mientras con dudosa fortuna sigue trabada aquella lid en los campos, la Furia, que ha cumplido ya su promesa ensangrentando la guerra y ocasionando muertes al primer choque, abandona la Hesperia, y remontándose al aéreo espacio, habla así ufana a Juno con arrogantes voces:

"¡Allí tienes suscitada con una sañuda guerra la discordia que apetecías; prueba ahora a amistarlos de nuevo y a ponerlos en paz! Una vez que ya he rociado a los Teucros con sangre ausonia, más haré todavía si me aseguras que tal es tu voluntad; yo esparciré rumores que subleven a los pueblos comarcanos e inflamaré los ánimos en insano furor guerrero para que de todas partes acudan en auxilio de los Latinos; yo sembraré de armas los campos."

Juno le respondió: "Harto hay ya de terrores y amaños. Ya hay ocasión bastante para la guerra, y lidian cuerpo a cuerpo;

esas armas que les dio la ventura están ya bañadas de reciente sangre. Celebren ya, en buen hora, tales bodas, júntense con tales lazos el ilustre hijo de Venus y el rey Latino. Por lo que a ti toca, no consentirá el sumo Padre, árbitro del Olimpo, que por más tiempo vagues libre por los espacios etéreos. Vuélvete a tu morada; yo proveeré por mí misma a cuanto pueda sobrevenir en esta trabajosa empresa." Esto dijo la hija de Saturno.

 

illa autem attollit stridentis anguibus alas

Cocytique petit sedem supera ardua linquens.

est locus Italiae medio sub montibus altis,

nobilis et fama multis memoratus in oris,

565 Amsancti ualles; densis hunc frondibus atrum

urget utrimque latus nemoris, medioque fragosus

dat sonitum saxis et torto uertice torrens.

hic specus horrendum et saeui spiracula Ditis

monstrantur, ruptoque ingens Acheronte uorago

570 pestiferas aperit fauces, quis condita Erinys,

inuisum numen, terras caelumque leuabat.

 

Alecto entonces, batiendo sus estridentes alas, cuajadas de sierpes, vuela a la mansión del Cocito, abandonando las celestes alturas.

Hay en el corazón de Italia, a la falda de una alta sierra, un sitio noble y famoso en gran parte de la tierra,

denominando los valles Amsanctos, circuídos por todos lados de frondosas selvas y por cuyo centro pasa un tortuoso torrente, rompiéndose entre peñas con fragoso estruendo.

Abrese allí una horrenda sima, respiradero del infernal Plutón, ancho abismo que sirve de pestilentes fauces al desbordado Aqueronte; húndese por allí la Furia, aborrecido numen, y el cielo y la tierra respiran libres de su presencia.

 

Nec minus interea extremam Saturnia bello

imponit regina manum. ruit omnis in urbem

pastorum ex acie numerus, caesosque reportant

575 Almonem puerum foedatique ora Galaesi,

implorantque deos obtestanturque Latinum.

Turnus adest medioque in crimine caedis et igni

terrorem ingeminat: Teucros in regna uocari,

stirpem admisceri Phrygiam, se limine pelli.

580 tum quorum attonitae Baccho nemora auia matres

insultant thiasis (neque enim leue nomen Amatae)

undique collecti coeunt Martemque fatigant.

ilicet infandum cuncti contra omina bellum,

contra fata deum peruerso numine poscunt.

585 certatim regis circumstant tecta Latini;

ille uelut pelago rupes immota resistit,

ut pelagi rupes magno ueniente fragore,

quae sese multis circum latrantibus undis

mole tenet; scopuli nequiquam et spumea circum

590 saxa fremunt laterique inlisa refunditur alga.

uerum ubi nulla datur caecum exsuperare potestas

consilium, et saeuae nutu Iunonis eunt res,

multa deos aurasque pater testatus inanis

'frangimur heu fatis' inquit 'ferimurque procella!

595 ipsi has sacrilego pendetis sanguine poenas,

o miseri. te, Turne, nefas, te triste manebit

supplicium, uotisque deos uenerabere seris.

nam mihi parta quies, omnisque in limine portus

funere felici spolior.' nec plura locutus

600 saepsit se tectis rerumque reliquit habenas.

 

En tanto la Reina, hija de Saturno, preserva en dar la última mano a la guerra. Abandonando el campo de batalla, precipítase la innumerable muchedumbre de los pastores hacia la ciudad, llevándose los cadáveres del mancebo Almón y del ya desfigurado Galeso, implorando a los dioses, tomando a Latino por testigo de aquel desastre. Llega en esto Turno, y en medio de aquel furioso y sangriento tumulto aumenta la confusión con sus quejas de que se llame al reino a los Troyanos, de que se solicite una alianza frigia y de que a él se le arroje del palacio.

Entonces aquellos cuyas madres, poseídas de báquico furor, vagan por las enmarañadas selvas celebrando orgías (¡tanto influjo ejerce el nombre de Amata!), acuden también en tropel y fatigan el viento con sus bélicos clamores; todos, a despecho de los presagios contra la voluntad de los dioses, piden, con perverso consejo, una guerra infanda y asedian a porfía el palacio del rey Latino. El se resiste, semejante a una roca del mar, inmóvil y sustentada en su gran mole, entre el fragor de los vientos desatados y de las olas furiosas que ladran a su rededor; vanamente se estremecen en contorno los escollos y las espumosas peñas, y baten sus costados las rechazadas algas; mas viento, en fin, que no hay camino de conjurar aquel desacordado empeño y que las cosas van a merced de la despiadada Juno, toma repetidas veces por testigos a los dioses y a las vanas auras, exclamando: "¡Ay, los hados nos quebrantan, la tempestad nos arrolla! Con vuestra sacrílega sangre pagaréis ¡Oh míseros! ese atentado. A ti ¡Oh Turno! te está reservado un lastimoso desastre y con tardíos votos implorarás a los dioses. Yo, por mí, tengo asegurado mi sosiego; a la vista está el puerto de todas mis esperanzas; sólo pierdo una muerte feliz." Dicho esto, se encerró en su palacio y abandonó las riendas del gobierno.

 

Mos erat Hesperio in Latio, quem protinus urbes

Albanae coluere sacrum, nunc maxima rerum

Roma colit, cum prima mouent in proelia Martem,

siue Getis inferre manu lacrimabile bellum

605 Hyrcanisue Arabisue parant, seu tendere ad Indos

Auroramque sequi Parthosque reposcere signa:

sunt geminae Belli portae (sic nomine dicunt)

religione sacrae et saeui formidine Martis;

centum aerei claudunt uectes aeternaque ferri

610 robora, nec custos absistit limine Ianus.

has, ubi certa sedet patribus sententia pugnae,

ipse Quirinali trabea cinctuque Gabino

insignis reserat stridentia limina consul,

ipse uocat pugnas; sequitur tum cetera pubes,

615 aereaque adsensu conspirant cornua rauco.

hoc et tum Aeneadis indicere bella Latinus

more iubebatur tristisque recludere portas.

abstinuit tactu pater auersusque refugit

foeda ministeria, et caecis se condidit umbris.

620 tum regina deum caelo delapsa morantis

impulit ipsa manu portas, et cardine uerso

Belli ferratos rumpit Saturnia postis.

 

Existía en el Lacio hesperio una costumbre, que las ciudades albanas observaban de muy antiguo como sagrada y que hoy conserva todavía Roma, la señora del mundo, cuando se dispone a mover guerras, ya para llevar terrible estrago a los Getas, ya a los Hircanos o a los Arabes, ya se encamine al país de los Indios y avanzando más hacia la Aurora, vaya a recobrar de los Partos sus enseñas.

Dos puertas hay en el templo de la guerra, así las llaman, consagradas por la religión y por el miedo al cruento Marte; guárdanlas cien cerrojos de bronce e indestructibles barras de hierro, y Jano, además, las custodia permanentemente.

Tan luego como el Senado declara la guerra, el mismo cónsul en persona, vestido de la trabea quirinal y de la gabina toga, insignias de su dignidad, abre las puertas

y proclama la guerra; síguele toda la juventud, y con ronco son responden los clarines a su vocerío.

De esta manera querían que declarase Latino la guerra a los Troyanos y abriese las infaustas puertas; mas no quiso el Rey tocarlas con su mano, y rehuyendo aquel fatal ministerio, fue a sepultarse en lo más profundo de su palacio. Entonces la Reina de los dioses, desprendida del cielo, empuja con su propia mano las puertas, harto tiempo cerradas para su impaciencia, y haciéndolas girar sobre sus goznes, rompe las férreas vallas de la guerra.

 

ardet inexcita Ausonia atque immobilis ante;

pars pedes ire parat campis, pars arduus altis

625 puluerulentus equis furit; omnes arma requirunt.

pars leuis clipeos et spicula lucida tergent

aruina pingui subiguntque in cote securis;

signaque ferre iuuat sonitusque audire tubarum.

quinque adeo magnae positis incudibus urbes

630 tela nouant, Atina potens Tiburque superbum,

Ardea Crustumerique et turrigerae Antemnae.

tegmina tuta cauant capitum flectuntque salignas

umbonum cratis; alii thoracas aenos

aut leuis ocreas lento ducunt argento;

635 uomeris huc et falcis honos, huc omnis aratri

cessit amor; recoquunt patrios fornacibus ensis.

classica iamque sonant, it bello tessera signum;

hic galeam tectis trepidus rapit, ille trementis

ad iuga cogit equos, clipeumque auroque trilicem

640 loricam induitur fidoque accingitur ense.

 

Arde en bélico furor Italia, antes sosegada e inmóvil:  unos se preparan a servir de peones, otros, jinetes en fuertes corceles, levantan con sus furiosas arremetidas nubes de polvo; todos buscan armas. Unos acicalan leves rodelas y brillantes dardos y afilan las segures en las piedras; todos se deleitan en tremolar banderas y en oir el ruido de las trompetas.

Cinco grandes ciudades a porfía baten los yunques y renuevan las armas: la poderosa Atina, la soberbia Tíbur, Ardea, Crustumera y la torreada Antemna.

Forjan yelmos, reparos seguros para las cabezas; con dobladas varas de sauce forman adargas; otros corazas de metal; otros extienden la flexible plata en forma de leves grevas. Todos olvidan su amor a la reja y al arado; la hoz se trueca en arma; todos reforjan en el horno las espadas de sus padres.

Suenan las trompetas, vuelan las órdenes de escuadra en escuadra. Este, fuera de sí, ase el yelmo guardado en su hogar; aquél sujeta al no usado yugo sus fogosos caballos; cuál embraza el escudo y viste la loriga de triple franja de oro, cuál se ciñe la fiel espada.

 

Pandite nunc Helicona, deae, cantusque mouete,

qui bello exciti reges, quae quemque secutae

complerint campos acies, quibus Itala iam tum

floruerit terra alma uiris, quibus arserit armis;

645 et meministis enim, diuae, et memorare potestis;

ad nos uix tenuis famae perlabitur aura.

Primus init bellum Tyrrhenis asper ab oris

contemptor diuum Mezentius agminaque armat.

filius huic iuxta Lausus, quo pulchrior alter

650 non fuit excepto Laurentis corpore Turni;

Lausus, equum domitor debellatorque ferarum,

ducit Agyllina nequiquam ex urbe secutos

mille uiros, dignus patriis qui laetior esset

imperiis et cui pater haud Mezentius esset.

 

Abridme ahora ¡Oh Musas! el Helicón e inspirad mis cantos; decidme cuáles reyes tomaron parte en aquella guerra, cuáles ejércitos llevaron en su seguimiento los campos, qué guerreros florecían ya entonces en la fecunda Italia, en qué guerras ardió por aquellos tiempos, pues vosotras ¡Oh diosas! lo tenéis presente y podéis recordar al mundo esas cosas, que escasamente ha traído hasta nuestra edad un leve soplo de la fama.

 El primero que se encamina a la guerra desde las playas tirrenas con sus armadas huestes es el feroz Mecencio, despreciador de los dioses. Junto a él va su hijo Lauso, el más apuesto guerrero de Italia, después del laurentino Turno.

Lauso, domador de caballos y terror de las fieras, capitanea en vano mil guerreros de la ciudad de Agila; mancebo digno de mejor fortuna en el trono y de no tener por padre a Mecencio.

 

655 Post hos insignem palma per gramina currum

uictoresque ostentat equos satus Hercule pulchro

pulcher Auentinus, clipeoque insigne paternum

centum anguis cinctamque gerit serpentibus Hydram;

collis Auentini silua quem Rhea sacerdos

660 furtiuum partu sub luminis edidit oras,

mixta deo mulier, postquam Laurentia uictor

Geryone exstincto Tirynthius attigit arua,

Tyrrhenoque boues in flumine lauit Hiberas.

pila manu saeuosque gerunt in bella dolones,

665 et tereti pugnant mucrone ueruque Sabello.

ipse pedes, tegimen torquens immane leonis,

terribili impexum saeta cum dentibus albis

indutus capiti, sic regia tecta subibat,

horridus Herculeoque umeros innexus amictu.

670 Tum gemini fratres Tiburtia moenia linquunt,

fratris Tiburti dictam cognomine gentem,

Catillusque acerque Coras, Argiua iuuentus,

et primam ante aciem densa inter tela feruntur:

ceu duo nubigenae cum uertice montis ab alto

675 descendunt Centauri Homolen Othrymque niualem

linquentes cursu rapido; dat euntibus ingens

silua locum et magno cedunt uirgulta fragore.

 

En pos de ellos ostenta en el campo su carro decorado con palmas y sus vencedores caballos el hermoso Aventino, hijo del hermoso Hércules, llevando en su escudo la empresa paterna, la Hidra ceñida de cien serpientes.

La sacerdotisa Rea, mujer unida a un dios, le dio a luz furtivamente en la selva del monte Aventino,

después que Hércules, muerto Gerión,

llegó vencedor a los campos laurentinos y fue a bañar sus vacas iberas en el río tirreno.

Sus soldados llevan a la guerra picas y terribles chuzos con ocultos rejos y pelean con lanzas sabinas de redondo cabo. Aventino, a pie, ceñido de la piel de un enorme león, erizada de espantosas vedijas y cubierta la cabeza con las quijadas de la fiera, en que todavía brillan sus blancos dientes, se encamina al real alcázar, horrible con aquellos arreos, a la usanza de los de su padre Hércules.

 Vienen después dos hermanos, Catilo y el fogoso Coras, mancebos argivos, abandonando las murallas tiburtinas, así llamadas del nombre de su hermano Tiburto; siempre en primera fila se precipitan sobre las apiñadas huestes contrarias.

Tal descienden de la alta cumbre de un monte dos centauros, hijos de las nubes, abandonando en rápida carrera el Omolo y el nevado Otris; ábreles la selva ancho paso, y por él caen tronchadas las ramas con fragoso estruendo.

 

Nec Praenestinae fundator defuit urbis,

Volcano genitum pecora inter agrestia regem

680 inuentumque focis omnis quem credidit aetas,

Caeculus. hunc legio late comitatur agrestis:

quique altum Praeneste uiri quique arua Gabinae

Iunonis gelidumque Anienem et roscida riuis

Hernica saxa colunt, quos diues Anagnia pascis,

685 quos Amasene pater. non illis omnibus arma

nec clipei currusue sonant; pars maxima glandes

liuentis plumbi spargit, pars spicula gestat

bina manu, fuluosque lupi de pelle galeros

tegmen habent capiti; uestigia nuda sinistri

690 instituere pedis, crudus tegit altera pero.

At Messapus, equum domitor, Neptunia proles,

quem neque fas igni cuiquam nec sternere ferro,

iam pridem resides populos desuetaque bello

agmina in arma uocat subito ferrumque retractat.

695 hi Fescenninas acies Aequosque Faliscos,

hi Soractis habent arces Flauiniaque arua

et Cimini cum monte lacum lucosque Capenos.

ibant aequati numero regemque canebant:

ceu quondam niuei liquida inter nubila cycni

700 cum sese e pastu referunt et longa canoros

dant per colla modos, sonat amnis et Asia longe

pulsa palus.

nec quisquam aeratas acies examine tanto

misceri putet, aeriam sed gurgite ab alto

705 urgeri uolucrum raucarum ad litora nubem.

 

No faltó allí en aquel trance el fundador de la ciudad de Prenesta, el rey Céculo, a quien todas las edades han creído hijo de Vulcano, nacido entre agrestes alimañas y hallado en una hoguera. Acompáñale innumerable turba de pastores, los que moran en la alta Prenesta y en los campos de Gabina, cara a Juno, y los del frío Anieno y los de las peñas Hérnicas, regadas por cien arroyos, y también a los que sustentan la rica Anagnia y el río Amaseno.

No todos éstos llevan armas, ni hacen resonar yelmos ni carros; los más disparan con la honda pelotas de pardo plomo;

otros blanden dos dardos en la mano y cubren sus cabezas rojos capirotes de piel lobuna;

llevan descalzo el pie izquierdo y una abarca de cuero crudo les cubre el derecho.

 Entre tanto Mesapo, domador de caballos, hijo de Neptuno, a quien no es dado postrar ni con fuego ni con hierros, concita súbitamente a la pelea a sus pueblos, por largo tiempo sosegados, y a sus no aguerridas huestes, y empuña la espada. Marchan con él los escuadrones Fesceninos y los Faliscos, afamados por su justicia; los que oran en las alturas de Soracte, y en los Flavinios campos, y en las montuosas márgenes del lago Cimino, y en los bosques Capenos. Caminaban en iguales grupos, entonando loores a su Rey, semejantes a una bandada de nevados cisnes, que, de vuelta de los prados adonde han ido a pastar, surcan el líquido éter exhalando por los largos cuellos canoros acentos con que resuena el río y que repite con lejanos ecos el lago Asia...

Nadie, al ver tal muchedumbre, la hubiera tomado por un ejército cubierto de hierro, sino por una aérea nube de aquellas roncas aves precipitándose desde la alta mar hacia las playas.

 

Ecce Sabinorum prisco de sanguine magnum

agmen agens Clausus magnique ipse agminis instar,

Claudia nunc a quo diffunditur et tribus et gens

per Latium, postquam in partem data Roma Sabinis.

710 una ingens Amiterna cohors priscique Quirites,

Ereti manus omnis oliuiferaeque Mutuscae;

qui Nomentum urbem, qui Rosea rura Velini,

qui Tetricae horrentis rupes montemque Seuerum

Casperiamque colunt Forulosque et flumen Himellae,

715 qui Tiberim Fabarimque bibunt, quos frigida misit

Nursia, et Ortinae classes populique Latini,

quosque secans infaustum interluit Allia nomen:

quam multi Libyco uoluuntur marmore fluctus

saeuus ubi Orion hibernis conditur undis,

720 uel cum sole nouo densae torrentur aristae

aut Hermi campo aut Lyciae flauentibus aruis.

scuta sonant pulsuque pedum conterrita tellus.

 

 He aquí a Clauso, del antiguo linaje de los Sabinos, que viene capitaneando una poderosa hueste, poderoso como ella, y de quien descienden hoy la tribu y la familia Claudia, difundida por el Lacio desde que Roma le dio en parte a los Sabinos. Vienen con él la gran cohorte Amiterna y los antiguos Quirites y todas las armadas gentes de Ereto y de la olivífera Mutusca, los de la ciudad de Nomento, los de las húmedas campiñas de Velino, los que habitan las enriscadas asperezas de Tétrica, el monte Severo y la Casperia y los Forulos y las orillas del río de Himela; los que beben las aguas del Tíber y del Fabaris;

los que enviara la fría Nursia, las huestes de Horta y los pueblos Latinos y los que divide, cruzando por mitad de su territorio, el río Alia, nombre infausto. Tan numeroso como las olas que revuelve el africano mar cuando el fiero Orión se esconde en las aguas invernales, o como las espigas que tuesta el nuevo sol en los campos del Hermo o en los rojos sembrados de la Lilia, resuenan los escudos, teme la tierra al batir de las pisadas.

 

Hinc Agamemnonius, Troiani nominis hostis,

curru iungit Halaesus equos Turnoque ferocis

725 mille rapit populos, uertunt felicia Baccho

Massica qui rastris, et quos de collibus altis

Aurunci misere patres Sidicinaque iuxta

aequora, quique Cales linquunt amnisque uadosi

accola Volturni, pariterque Saticulus asper

730 Oscorumque manus. teretes sunt aclydes illis

tela, sed haec lento mos est aptare flagello.

laeuas caetra tegit, falcati comminus enses.

Nec tu carminibus nostris indictus abibis,

Oebale, quem generasse Telon Sebethide nympha

735 fertur, Teleboum Capreas cum regna teneret,

iam senior; patriis sed non et filius aruis

contentus late iam tum dicione premebat

Sarrastis populos et quae rigat aequora Sarnus,

quique Rufras Batulumque tenent atque arua Celemnae,

740 et quos maliferae despectant moenia Abellae,

Teutonico ritu soliti torquere cateias;

tegmina quis capitum raptus de subere cortex

aerataeque micant peltae, micat aereus ensis.

 

Acude por otra banda en su carro el hijo de Agamenón, Haleso, enemigo del nombre troyano, trayendo en auxilio de Turno mil pueblos feroces, los que revuelven con el rastrillo los fértiles viñedos Másicos, los que envían a aquella guerra, desde sus altos collados, los senadores de Aurunca y los que moran junto al golfo Sidicinio;

los de Cales y los del cenagoso río Volturno, y con ellos el áspero Satículo y la hueste de los Oscos;

sus armas son chuzos despuntados, a que ajustan largas correas. Una adarga cubre su brazo izquierdo y lidian cuerpo a cuerpo con espadas corvas.

 Ni serás olvidado en mis versos, ¡Oh Obalo! de quien es fama que te hubo de la ninfa Sebetida el rey Telón, cuando ya anciano reinaba sobre los Telebos de Caprea;

mas no contento su hijo con los estados de su padre, ya entonces extendía su dominio a los pueblos Sarrastes y a los llanos que riega el Sarno,

y a los que pueblan a Rufra y a Bátulo, y los campos de Celena, y los que miran las fructíferas murallas de Abella.

Estos blanden dardos arrojadizos al modo de los Teutones, llevan capacetes de corteza de alcornoque, y en sus manos brillan rodelas y espadas de acero.

 

Et te montosae misere in proelia Nersae,

745 Vfens, insignem fama et felicibus armis,

horrida praecipue cui gens adsuetaque multo

uenatu nemorum, duris Aequicula glaebis.

armati terram exercent semperque recentis

conuectare iuuat praedas et uiuere rapto.

750 Quin et Marruuia uenit de gente sacerdos

fronde super galeam et felici comptus oliua

Archippi regis missu, fortissimus Vmbro,

uipereo generi et grauiter spirantibus hydris

spargere qui somnos cantuque manuque solebat,

755 mulcebatque iras et morsus arte leuabat.

sed non Dardaniae medicari cuspidis ictum

eualuit neque eum iuuere in uulnera cantus

somniferi et Marsis quaesitae montibus herbae.

te nemus Angitiae, uitrea te Fucinus unda,

760 te liquidi fleuere lacus.

 

 También te envió a aquella guerra la monstruosa Nersa

¡Oh Ufente! de preclara fama y venturoso en armas;

tú, a quien señaladamente obedece el Equícola,

pueblo feroz dado a la montería, y que labra

armado una dura tierra, siempre sediento

de nuevas rapiñas y de vivir del robo.

 Viene también, enviado por el rey Archipo, el fortísimo Umbro, sacerdote de la nación Marruvia, ceñido el yelmo de ramos de feliz oliva, el cual solía adormecer con el canto

y con la mano a las víboras y a las hidras de ponzoñoso aliento, y aplacar sus iras,

y tenía el arte de curar sus mordeduras;

mas no le bastó para sanar la herida de una lanza troyana, ni le aprovecharon para ella sus soñolientos cantos

ni las yerbas cogidas en los montes Marsos.

Y lloraron tu muerte el bosque de Anguitia y las cristalinas aguas del lago Fucino...

 

Ibat et Hippolyti proles pulcherrima bello,

Virbius, insignem quem mater Aricia misit,

eductum Egeriae lucis umentia circum

litora, pinguis ubi et placabilis ara Dianae.

765 namque ferunt fama Hippolytum, postquam arte nouercae

occiderit patriasque explerit sanguine poenas

turbatis distractus equis, ad sidera rursus

aetheria et superas caeli uenisse sub auras,

Paeoniis reuocatum herbis et amore Dianae.

770 tum pater omnipotens aliquem indignatus ab umbris

mortalem infernis ad lumina surgere uitae,

ipse repertorem medicinae talis et artis

fulmine Phoebigenam Stygias detrusit ad undas.

at Triuia Hippolytum secretis alma recondit

775 sedibus et nymphae Egeriae nemorique relegat,

solus ubi in siluis Italis ignobilis aeuum

exigeret uersoque ubi nomine Virbius esset.

unde etiam templo Triuiae lucisque sacratis

cornipedes arcentur equi, quod litore currum

780 et iuuenem monstris pauidi effudere marinis.

filius ardentis haud setius aequore campi

exercebat equos curruque in bella ruebat.

 

Iba también a la guerra Virbio, hermosísimo hijo de Hipólito, enviado a ella por su madre Aricia, que le criara en los bosques de Egeria, en los contornos de la húmeda playa donde se alza el rico altar de la bondadosa Diana.

Es fama que Hipólito, luego que pereció por arte

de su madrastra,

y despedazado por sus furiosos caballos,

satisfizo con su sangre la venganza de su padre,

tornó segunda vez a la tierra, resucitado con yerbas de Peón que le dio la enamorada Diana.

Entonces el Padre omnipotente, indignado de que un mortal hubiese vuelto de las sombras infernales a la luz de la vida, precipitó con su rayo en las ondas estigias al hijo de Febo, inventor de la poderosa arte médica;

mas la divina Diana esconde a Hipólito en sus repuestas

moradas y lo encomienda a la ninfa Egeria y ala espesura, para que allí solo y sin gloria pasase la vida en las selvas de Italia bajo el nombre de Virbio.

De aquí proviene que ni al templo de Diana ni a sus bosques sagrados se permita llegar caballos, porque éstos, espantados con la vista de los monstruos marinos, arrastraron por la playa al carro y al mancebo. No menos que él, ejercitaba su hijo en las llanuras los fogosos caballos y se precipitaba en su carro a las batallas.

 

Ipse inter primos praestanti corpore Turnus

uertitur arma tenens et toto uertice supra est.

785 cui triplici crinita iuba galea alta Chimaeram

sustinet Aetnaeos efflantem faucibus ignis;

tam magis illa fremens et tristibus effera flammis

quam magis effuso crudescunt sanguine pugnae.

at leuem clipeum sublatis cornibus Io

790 auro insignibat, iam saetis obsita, iam bos,

argumentum ingens, et custos uirginis Argus,

caelataque amnem fundens pater Inachus urna.

insequitur nimbus peditum clipeataque totis

agmina densentur campis, Argiuaque pubes

795 Auruncaeque manus, Rutuli ueteresque Sicani,

et Sacranae acies et picti scuta Labici;

qui saltus, Tiberine, tuos sacrumque Numici

litus arant Rutulosque exercent uomere collis

Circaeumque iugum, quis Iuppiter Anxurus aruis

800 praesidet et uiridi gaudens Feronia luco;

qua Saturae iacet atra palus gelidusque per imas

quaerit iter uallis atque in mare conditur Vfens.

 

Osténtase también armado entre los primeros el mismo Turno, llevándoles toda la cabeza;

su alto almete, crinado de tres penachos, sostiene a la Quimera, arrojando por las fauces los fuegos del Etna;

cuanto más se embravece la lid con la derramada sangre, más ella retiembla y vomita lívidas llamas.

En el oro de su ligero escudo se ve representada a Io, erguidos los cuernos, cubierta ya de cerdas, ya convertida en vaca (¡Larga y memorable historia!); vese también allí a Argos, custodio de la virgen y a su padre Inaco derramando de su cincelada urna un caudaloso río.

Síguele una nube de peones cubiertos de adargas, que se extienden por todo el ámbito de la campiña; entre ellos van la gente argiva, las huestes auruncas, los Rótulos, los antiguos Sicanos y las escuadras Sacranas y los Labicos, de pintadas rodelas,

los que cultivan tus bosques ¡Oh Tíber! y la sagrada margen del Numico, y los que revuelven con la reja los collados rútulos y el monte Circeo, a cuyos campos presiden Júpiter Anxuro y Feronía, a quien recrean las lozanas selvas; los que habitan a orillas de la negra laguna se Satura, donde el frío Ufente se abre camino por hondos valles y va a perderse en el mar.

 

Hos super aduenit Volsca de gente Camilla

agmen agens equitum et florentis aere cateruas,

805 bellatrix, non illa colo calathisue Mineruae

femineas adsueta manus, sed proelia uirgo

dura pati cursuque pedum praeuertere uentos.

illa uel intactae segetis per summa uolaret

gramina nec teneras cursu laesisset aristas,

810 uel mare per medium fluctu suspensa tumenti

ferret iter celeris nec tingeret aequore plantas.

illam omnis tectis agrisque effusa iuuentus

turbaque miratur matrum et prospectat euntem,

attonitis inhians animis ut regius ostro

815 uelet honos leuis umeros, ut fibula crinem

auro internectat, Lyciam ut gerat ipsa pharetram

et pastoralem praefixa cuspide myrtum.

 

Vino en pos de ellos la guerrera virgen Camila, de la nación Volsca, capitaneando lucidos escuadrones cubiertos de acero. No están avezadas sus mujeriles manos a la rueca ni a los canastillos de Minerva;

pero sabe resistir los duros afanes de la guerra y vencer en su rápida carrera a los vientos; capaz hubiera sido volar por encima de las mieses sin tocarlas ni doblegar tiernas espigas, y de cruzar el mar, suspendida sobre las hinchadas olas, sin mojar en él las veloces plantas.

Toda la juventud, todas las madres se precipitan de los caseríos y de los campos para verla pasar embelesadas y admirar su bizarría; cómo vela sus delicados hombros un regio manto de púrpura, cuál sujeta sus cabellos un broche de oro, cuán airosa ostenta a la espalda una aljaba licia y blande en su mano, a modo de los pastores, una lanza de mirto con ferrada punta.

 

 

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