La Barraca de La Goulue
- Feria del Trono de Paris -
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Barraca de La Goulue, la nº 10 de la Feria del Trono de 1895
A comienzos de 1895, la Goulue ya había dejado el Moulin Rouge. El público se había cansado de ella. Había empezado a engordar y a perder agilidad y como su fortuna también declinaba, alquiló una barraca en la Feria del Trono de Paris, pensando que allí, bailando la danza del vientre, podría prolongar su esplendor. Con el fin de decorar el frontal exterior de la caseta, se acuerda de Lautrec "su pintor" y el día 6 de abril de ese año, le escribe una nota en estos términos:
"Mi querido amigo, iré a visitarle el 8 de abril a las dos de la tarde, mi barraca estará en el Trône, donde estoy a la izquierda según se entra. Tengo un buen sitio, y me alegrará mucho si puede encontrar tiempo para pintar algo para mi; sólo dígame donde comprar los lienzos y haré que los tenga ese mismo día".
Lautrec que desde que conoció a la Goulue antes de ser "la reina" del Moulin Rouge, siempre le tuvo gran afecto y mantuvo con ella una extraña amistad, -a pesar de su absoluta falta de sensibilidad y de reconocimiento sobre la categoría humana y artística del pintor-, accedió raudo a pintarle dos enormes telones que originalmente medían 3 x 3 metros cada uno. Gracias a su petición oportunista hoy podemos contar con estas obras que son testimonio mudo del efímero paso de la Goulue por la Feria del Trono. Dos obras que terminada su "función decorativa" y publicitaria, pasarían por múltiples vicisitudes hasta llegar al Museo de Orsay de Paris donde actualmente se encuentran.
Como siempre hizo con cualquier obra que le regalara su amigo el pintor, cuando cerró la barraca, la Goulue vendió las obras al coleccionista de arte impresionista Dr. George Viaud, gran admirador de Lautrec y de Degas, que las conservó posiblemente enrolladas hasta 1907. Tras ser expuestas en 1910 y 1914, en 1926, cayeron en manos del comerciante de arte Hodeber, quien con el fin de poder venderlas más fácilmente, -dado a su gran tamaño, y al tiempo multiplicar su número de "lautrec"-, no dudó en recortarlas en trozos pequeños más o menos "aprovechables". Gracias a un artículo de George Duthuit publicado en 1929, en el que indignado denunciaba la impunidad de unos hechos tan lamentables, por suerte, y no sin arduas tareas de investigación, todos los fragmentos y restos sobrantes de las telas, milagrosamente pudieron ser recuperados por el Museo del Louvre que en 1930 devolvía a las obras su aspecto y formato original después de ser restauradas. A pesar de todo, las huellas de la penosa y triste historia vivida por ambos paneles -desde su colocación a la intemperie hasta las cicatrices dejadas por la infame mutilación, pasando por las manchas y pérdidas de materia pictórica producidas por la humedad y las malas condiciones de conservación en las que debieron permanecer durante el tiempo que estuvieron "guardadas"-, son tan evidentes en ellas que no hace falta decir que lo que vemos hoy es sólo una aproximación a lo que fueron en origen.
Panel izquierdo
"El baile en el Moulin Rouge"
Panel derecho
"La danza morisca"Las obras colocadas tal como se veían en el frontal de la barraca
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