Suicidio y funeral de Van Gogh

 

Adeline Ravoux. Hija del dueño de la pensión Ravoux en Auvers-sur-Oise

 

Adeline Ravoux. Hija del dueño de la pensión Ravoux en Auvers-sur-Oise, donde vivió y murió Vincent, relata:

.......Como todos los días, por la mañana muy temprano, Vincent con sus herramientas de trabajo, partió hacia el campo por la parte del castillo (1). Al medio día volvió a la pensión para comer .....

"pero volvió a partir. Nada en su actitud podía hacernos presentir lo que iba a pasar. Hasta entonces nunca se había presentado demasiado tarde a la mesa, ya que quería acostarse como las gallinas. Hasta aquel día, sin ninguna excepción, había comido en la pensión y por eso, al anochecer, nos inquietamos al comprobar que no venía. Esperamos mucho rato, hasta que nos decidimos a guardar su plato y comernos la sopa.

"Cuando hubimos terminado todavía no había llegado; el día había sido muy caluroso y estábamos tomando el fresco en el portal esperando la hora de cerrar. Al cabo de un rato, por fin le vimos aparecer a lo lejos, pero su paso nos pareció extraño por no decir grotesco. Andaba a grandes zancadas y tambaleándose, con la cabeza un poco inclinada del lado de su oreja mutilada. Se habría dicho que había bebido demasiado. (...) aunque en nuestra casa nunca probó el alcohol."

"La noche caía y en la semioscuridad, sólo mi madre notó que el señor Vincent se cogía el vientre y que parecía andar cojeando. Su chaqueta estaba abrochada. Al llegar cerca de nosotros, lo vimos pasar como una sombra sin saludar. Mi madre le dijo: «señor Vincent estábamos inquietos al no verle. ¿Qué le ha pasado?» Apoyándose unos instantes en la mesa de billar para no perder el equilibrio, respondió: «¡Oh nada, me he herido!» Franqueó la sala con un par de zancadas y subió penosamente los diecisiete tortuosos escalones que conducían a su habitación, en la buhardilla, cuyas paredes habían sido blanqueadas con cal y que recibía la luz del día por una pequeña lumbrera."

".....Yo curiosa como chica joven que era, me puse al pie de la escalera a escuchar y ciertamente, lo oí gemir, lo que le comuniqué a mis padres.  Al instante mi madre dijo a mi padre: «Gustave, sube a ver, creo que el señor Vincent no está bien». Mi padre subió. Oyó como gemía. Al no estar la puerta cerrada, entró y vio al pintor tendido en estrecha cama de hierro, con su cara vuelta hacia la pared. (....) Mi padre le insistió «¿Qué le pasa?». Entonces el señor Vincent se volvió hacia mi padre. Mire, dijo, y retirando su mano, mostró el lugar de su cuerpo, debajo del pecho, donde había un pequeño agujero ensangrentado. Una vez más mi padre le volvió a preguntar «Pero ¿qué es lo que ha hecho?», y esta vez el señor Vincent respondió: Me he disparado un tiro....Esperemos que no haya fallado...."

"Había que llamar a un médico. Primero fuimos a casa del que venía dos veces por semana a Auvers y que atendía a todo el pueblo. No estaba. Entonces pensamos en el Dr. Gachet. (.....) Cuando llegó tuvimos la impresión de que el señor Vincent y él no se conocían."

"El Dr. Gachet ignoraba incluso la dirección del señor Théo porque nos la pidió cuando, al bajar, nos declaró que no había nada que hacer y que solo quedaba avisar a la gendarmería. Mi padre pasó la noche al lado del señor Vincent y estaba solo a su lado cuando se presentaron los gendarmes. Uno de los dos se llamaba Rigaumont. Cuando interrogó al señor Vincent respondió muy calmadamente que esto no importaba a nadie, que era muy libre de hacerlo y ya no abrió más la boca."

"Mi padre encontró la dirección entre sus papeles, e hizo mandar un telegrama al señor Théo."

"Para poner los despojos en el ataúd, el encargado de la funeraria y sus ayudantes instalaron el féretro primeramente sobre caballetes y lo colocaron luego sobre el billar de la gran sala de la derecha, en donde él, "monsieur" Vincent, había pintado mi retrato. Se le recubrió finalmente con una simple sábana blanca. Mi padre, ayudado por el hermano del señor Vincent, transformó entonces esta habitación en una capilla ardiente, con cirios y flores. Al pie del féretro, sobre ramas dispuestas en el suelo, mis padres colocaron su caballete, su silla de tijera, su paleta y sus pinceles"

"Pronto entró en acción un segundo equipo de obreros, Eran los amigos llegados de Paris y de otras partes. Traían gran cantidad de flores amarillas, sobre todo dalias y girasoles, porque el señor Vincent sentía predilección por ellas ...."


(1) Existen dos versiones contradictorias acerca del lugar donde Van Gogh se disparó. La versión más conocida es la que indica un campo de trigo detrás del cementerio de Auvers; otra sin embargo determina el corral de una granja como lugar del suicidio:

"Abandonó la hospedería de Ravoux dirigiéndose al caserío de Chaponval. Ya en la calle Boucher, entró en el corral de una pequeña granja y se escondió detrás del estercolero. Entonces cometió el acto que algunas horas después, le condujo a la muerte".  (Cita tomada de M.E.Tralvaut, p.330)

Texto extraído de Tralbaut (p. 328) y de la entrevista hecha por Maximilien Gautier en 1953 para la revista "Nouvelles Littérairies".
(Obras)

 

La herida de Vincent

Anton Matthias Hirschig (1867-1939). Pintor holandés, amigo de Vincent.
En una carta dirigida al Dr. A. Bredius, publicada en la revista "Oud-Holland" en 1934, dice:

"Yo le veo siempre con su oreje cortada y sus ojos extraviados, que tenían algo de demente y que yo no osaba mirar, sentado en el banco delante de la ventana del pequeño Café. No olvidaré nunca su entrada con la mano en el estómado, después de haberle esperado para cenar. Lo veo en su pequeña cama, en la pequeña buhardilla, presa de los más terribles sufrimientos.

Estaba demasiado asqueado y entonces me maté. Pero ¿es que no hay nadie para abrirme el vientre?

Bajo aquel techo, hacía un calor tórrido."

Gachet hijo refiere:

Louis-Paul Gachet en el jardín de su casa en Auvers. 1935"Mi padre vio entonces que la herida formaba un pequeño círculo rojo oscuro, casi negro, al nivel del reborde de las costillas, un poco antes de la línea axilar, rodeado de una aureola violácea que dejaba rezumar un fino hilo de sangre. El tiro había sido disparado demasiado bajo y demasiado hacia afuera. Parecía que el corazón no había sido alcanzado, ni ningún otro órgano importante; la bala había debido atravesar el seno pleural izquierdo y había ido a perderse en el medistino posterior, cerca de los grandes vasos, de la columna vertebral y del diafragma. En todo caso, Vincent no presentaba ninguno de los síntomas de una herida de pecho grave, ni hemoptisis, ni sofocación, ni shock apreciable."

Ante la imposibilidad de extraer la bala, Gachet y el doctor Mazery, deciden dejar pasar el tiempo en espera de resultados. El pintor se encuentra tranquilo y sin dolor y pide permiso para fumar su pipa a lo que Gachet accede y le comenta que espera salvarle la vida. Van Gogh le responde:
"Entonces, se volverá a intentar."

Hirschig, en una carta al Doctor A. Bredius, también escribe:

"Cuando Vincent hubo muerto, fue terrible, más terrible todavía que cuando estaba vivo. De su féretro, que estaba mal hecho, salía un líquido nauseabundo; todo era terrible en este hombre. Creo que ha sufrido mucho en este mundo. Nunca le vi sonreír."

(Hirschig tenía una habitación alquilada en la pensión Ravoux, al lado de la de Vincent)


Carta de Emile Bernard a Gustave-Albert Aurier
(31 Julio 1890)

Mi Aurier querido:

Su ausencia de París le debe haber impedido enterarse de una terrible noticia que estoy obligado a contarle sin retraso: Nuestro querido amigo Vincent murió hace cuatro días.
 
Supongo que usted ya habrá adivinado que se mató. En efecto en la tarde del domingo salió al campo cerca de Auvers, apoyó su caballete contra un almiar, se fue detrás del castillo, sacó un revólver y se pegó un tiro. Por la violencia del impacto (la bala se incorporó en su cuerpo debajo del corazón) se cayó, pero se levantó otra vez, y volvió a caerse tres veces más, antes de que consiguiera llegar de nuevo a la pensión donde vivía (Ravoux, frente al Ayuntamiento) sin decirle nada a nadie de su lesión. Finalmente murió en la tarde de lunes, todavía fumando su pipa la cual no quiso dejar, mientras explicaba que su suicidio había sido absolutamente deliberado y que lo había hecho en completa lucidez. Un detalle típico que habla de su deseo de morir era que cuando el Dr.Gachet le dijo que él todavía tenía esperanzas de salvarle la vida, él dijo:
«Entonces se volverá a intentar». Pero, ya era imposible salvarlo.

Llegué ayer a Auvers cerca de las 10, es decir, el miércoles 30 de julio. Su hermano, Théodore van Gohg, estaba allí junto con el Dr. Gachet. También estaba Tanguy (estaba allí desde las 9). Charles Laval me acompañó. El ataúd ya estaba cerrado, llegué demasiado tarde para ver otra vez al hombre que había dejado hace cuatro años tan lleno de esperanza. El dueño de la pensión nos contó todos los detalles del accidente y la visita ofensiva de los gendarmes que incluso fueron hasta su cabecera a reprobarle un acto del que él era el único responsable....

En las paredes de la sala donde estaba expuesto el cuerpo, fueron colgadas sus últimas telas formando una especie de aureola brillante que irradiaban alrededor del genio cuya muerte se nos hacía aún más dolorosa para los artistas que allí estábamos. El ataúd se cubrió con un simple sábana blanca y fue rodeado por gran cantidad de flores, los girasoles que él amó tanto, dalias amarillas, flores amarillas por todas partes. Era, usted recordará, su color favorito, símbolo de la luz que él soñaba en los corazones de la gente y en sus obras. Cerca de él también en el piso delante de su ataúd estaban su caballete, su silla plegable, su paleta y sus pinceles.

Llegó mucha gente (al entierro), principalmente artistas, entre los que reconocí a Lucien Pissarro y Lauzet. A otros no les conocía, también había gente de la localidad que le había conocido un poco, o que le habían visto una o dos veces y que lo estimaban porque era tan bueno y tan humano...

Bernard. Funeral de Vincent van Gogh, 1893Allí estábamos todos juntos, totalmente en silencio alrededor del ataúd que contenía a nuestro amigo. Miraba sus estudios; una muy hermosa y triste versión de la Virgen con Jesús interpretada de Delacroix. Una rueda de presos rodeados por las altas paredes de la prisión, una tela inspirada por Doré de una ferocidad aterrorizante, también símbolo de su final. La vida fue para él, una prisión con paredes altas, muy altas... y la gente que camina sin fin alrededor de este hoyo, eran como los pobres artistas, con los malditos marchantes con el látigo del Destino....

A las tres su cuerpo fue llevado por sus amigos al coche fúnebre. En el cortejo algunas personas lloran. Théodore van Gohg, que adoraba a su hermano, que lo había apoyado siempre en su lucha por el arte y la independencia, no cesa de sollozar dolorosamente. En el exterior caía un sol atroz. Subimos la colina a las fueras de Auvers hablando de él, del audaz impulso que había dado al arte, de los grandes proyectos que siempre tenía en mente, y del bien que nos había hecho a todos. Alcanzamos el cementerio, un cementerio nuevo pequeño con lápidas sepulcrales recientes. Está en la pequeña colina sobre los campos de trigo preparados para la cosecha bajo el ancho cielo azul que podría haberle encantado todavía... quizás.

Entonces lo bajaron a la sepultura. Algunas personas comenzaron a llorar en ese momento. El día parecía estar hecho para él y era imposible no imaginarse que seguía estando vivo y que gozaba de él. El Dr. Gachet (que es un gran aficionado y posee una de las mejores colecciones de la pintura impresionista de hoy) quiso decir algunas palabras de homenaje sobre Vincent y su vida, pero también lloraba tanto que sólo pudo balbucear un adiós muy confuso. (La manera más hermosa, quizás).

Señaló brevemente los logros de Vincent, indicando cómo de sublime era su meta y cómo de grande era la admiración que sentía hacia él (aunque le había conocido por un corto tiempo). Él era, dijo Gachet, un hombre honesto y un gran artista, tenía solamente dos objetivos, la humanidad y el arte. Era el arte lo que él amaba por encima de todo y lo que le hará vivir de nuevo. Entonces volvimos. Théodore van Gogh estaba hundido por la pena; algunos de los asistentes, muy emocionados, se retiran por el campo, mientras que otros vuelven de nuevo a la estación. Laval y yo volvimos a la casa de Ravoux y hablamos de él.

Pero ya tiene bastante, mi querido Aurier, absolutamente bastante de esta triste jornada. Usted sabe cuánto lo quería y puede imaginarse cuánto lloré. Usted es crítico, así que no se olvide de él  e intente escribir algunas palabras para decir que su entierro fue una apoteosis verdaderamente digna de su gran corazón y de su gran talento.

Con mis sentidos deseos, Bernard.