VINCENT VAN GOGH
1853 - 1890

 

El rostro de Vincent

 

Saber cual fue la auténtica fisonomía de Van Gogh a partir de 1880, maduro y decidido a ser pintor tras su fallida experiencia como predicador, siempre será una incógnita turbadora para los amantes del pintor holandés. Más aún cuando en la única fotografía que con seguridad aparece, lo hace sin mostrar sus facciones y apenas datos de su físico.

El gran número de autorretratos pintados que aparentemente harían fácil hacerse una idea de cuales fueron sus rasgos, en cierto modo, a causa de su diversidad y de la cambiante morfología que presentan, también contribuyen a su desfiguración impidiendo que nos formemos una imagen concreta de su rostro.  Para comprobarlo sólo tenemos que comparar algunos de los cerca de cuarenta pintados, uniéndolos en el tiempo por fechas de ejecución y notaremos no ya las claras diferencias del personaje sino su progresivo "rejuvenecimiento". 

Esta abundancia de representaciones de sí mismo, sólo equiparable en número a los que en otro tiempo se hiciera su compatriota Rembrandt van Rijn (1606-1669), se contrapone a una ausencia casi absoluta por no decir total, de retratos fotográficos. Los dos únicos "reconocidos" o autentificados, si son imágenes del personaje, no nos dicen nada del verdadero semblante que el pintor tendría entre 1881 y 1890, su periodo artístico.

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La primera fotografía tenida como retrato de Vincent, nos muestran el busto de un niño muy serio, con una amplia frente despejada coronada por una cabellera rizada que a lo más podemos suponer rubia, y en el que destacan bajo unas cejas apenas perceptibles, sus ojos transparentes con una mirada limpia y penetrante de una belleza impresionante. El retrato es el de un niño que refleja una gran inteligencia y aparenta una madurez mayor de la que correspondería a sus trece años de edad.

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La otra es la de un joven de 18 años, de aspecto fuerte y algo rudo, que no ha perdido su mirada inteligente. Su frente sigue siendo amplia, los ojos están muy pegados a los orbitales superiores donde no se distinguen las cejas y sus labios se han vuelto carnosos en una boca pequeña. La nariz es corta y no presenta una forma afilada sino más bien ancha. Es el retrato de un adolescente camino de ser adulto, el más próximo al pintor, pero muy lejano aún de la que sería la verdadera imagen del artista.

Esta carencia de retratos fotográficos, es altamente chocante, habida cuenta de los documentos de este tipo que le rodearon durante toda su existencia, como era lo normal y por decirlo de alguna manera, tan "novedoso", en ese periodo histórico de pleno auge de la Fotografía, coincidente con su vida. No existe artista de esta época del que no perduren fotografías. La imagen fotográfica en este tiempo, no sólo guardaba la impronta material del retratado, sino que se mostraba como un gran recurso "para la memoria", ejercido en innumerables casos por el propio artista, y que era usado de una u otra manera (como hoy) por casi todos, desde Ingres y Delacroix a Degas o Monet, desde Cézanne y Gauguin hasta Toulouse-Lautrec o Vuillard .....; y lo mismo en Holanda, Francia, Alemania, Italia o América, tal como nos lo han hecho conocer tantas y tantas pruebas existente de ello.

¿Qué pasó entonces con las fotografías de Vincent? ¿Porqué existen de todos sus familiares y ninguna de él, a excepción de las dos reconocidas de niño y adolescente? ¿Porqué nos han llegado los retratos de sus coetáneos, de sus compañeros, amigos y modelos, sin una sola donde él esté presente? ¿Qué hubo entre Van Gogh y la Fotografía?

Todas estas interrogantes y muchas otras semejantes que podríamos hacernos relacionadas con esta ausencia de documentos fotográficos, retratos del genio, sólo pueden tener una respuesta muy clara: para nuestro pintor la Fotografía estaba demás, ni le interesó (porque para él sólo existía la Pintura), ni la valoró en lo más mínimo. Y por la misma razón por la que consideraba el realismo como "la antípoda del arte", por su rechazo a la imaginación, y dado que la fotografía era la realidad, mucho más negó sus posibilidades artísticas. Es curioso no obstante observar, que al considerar la imaginación como ingrediente esencial de la creación artística, sí pensara que ésta podía desarrollarse a partir de otras obras maestras (o de la literatura); tal vez por ello en lugar de imágenes fotográficas, usó láminas y reproducciones fotográficas de otras obras para llevarlas versionadas a su pintura (Rembrandt, Delacroix, Millet, Doré, Hiroshige, etc...)

Pero no estamos refiriéndonos a la valoración que tenía de la Fotografía, ni a su posición frente a su uso para crear la obra. Lo que verdaderamente nos llama la atención es la causa de su "no presencia" fotográfica, circunstancia que debió tener un origen más psicológico que ideológico.

Muy posiblemente las fotografías que echamos en falta, aquellas que (como en Manet, Pissarro, Monet, Renoir, Degas, Caillebotte, Gauguin o Lautrec), nos hubieran hablado de cómo fue realmente Vincent van Gogh, existieron en su momento. Otra cuestión sería pensar que el propio pintor las destruyera personalmente, nada más caer en sus manos.

A juzgar por su aversión a este medio, habrían sido pocas y muy difíciles de conseguir, pero seguramente que en algún momento de su vida de pintor entre 1881 a 1890, en La Haya, Amberes, Paris, Arlés, Saint-Rémy, Auvers, alguien debió fotografiarlo; por afecto, por amistad, o simplemente con el ánimo de conservar un recuerdo de tan peculiar personalidad.

Se nos hace casi imposible creer que Théo no tuviera una fotografía de su querido hermano Vincent o de los dos juntos y otras en compañía de su joven esposa Jo. Sería lógico que tuviera muchas más tomadas con otros pintores ya cotizados y admirados a los que el galerista presentó a su hermano en el transcurso de los dos años que vivieron en París.

Cómo es posible pensar que François Gauzi, Emile Bernard o Louis Anquetin, tan aficionados a la fotografía, y compañeros de Van Gogh en el Taller de Cormon, no realizasen algunas tomas en las que figurara su raro amigo holandés, entre los artistas que se reunían en la tienda del Père Tanguy, o en los estudios, famosos por sus reuniones, como el de Lautrec o Grenier.

¿Acaso sería ir demasiado lejos suponer que existieron fotografías del pintor tomadas por el Doctor Gachet, o que el dibujo del artista charlando con Feneón, que realizó Lucien Pissarro  fuera un esbozo realizado a partir de una instantánea?

Esta actitud de aversión a la cámara, de negarse ha salir en una fotografía (y que a veces lleva al sujeto a volverse de espaldas o a taparse la cara con las manos, es muy frecuente en personas tímidas, apocadas, que se sienten poco agraciadas físicamente, o que se subestiman y tienden a infravalorarse considerándose poco o nada interesantes para que su efigie perdure sobre el papel llegando incluso a destruir la fotografía, porque igualmente siempre creen que han salido fatal); se opone sin embargo a su reiterada presencia pintada.

Esta negativa a mostrarse en una imagen, es muy semejante a la que podemos deducir de la fotografía que según Tralbaut realizó Emile Bernard en Asnières junto a Van Gogh, por medio del disparador automático de su cámara.
       Imaginémonos los momentos previos a la realización de la instantánea. Después de haber estado charlando de pintura y de hacer planes para futuras exposiciones; en un momento de pausa, Bernard que lleva una cámara, le propone a su compañero holandés, realizar una fotografía como recuerdo de aquellos días que pasaron pintando juntos en Asnières. La respuesta de Vincent no debió existir, o a lo sumo, le advertiría que él no se iba a dar la vuelta. Aún así, Bernard se levanta, coloca su cámara sobre el trípode, hace un amago de encuadre, enfoca, instala el dispositivo de disparo automático y retorna a su asiento con celeridad a la vez que le insiste para que mire al objetivo. Algo debió contestarle Van Gogh que hizo que Bernard no saliera directamente mirando a la cámara, sino atendiendo a su acompañante con un gesto de contrariedad, como si le preguntara por la razón de su actitud hostil. El resultado ya sabemos cual fue. La tozudez que caracterizaba a Vincent, nos impidió tener al menos, la que hoy habría sido la única imagen donde apareciese el rostro del pintor en un documento maravilloso en la biografía de ambos.

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Es por eso que nos preguntamos, ¿cuál era la más próxima? ¿Cómo fue realmente el rostro del pelirrojo, apasionado, vehemente y atormentado Vincent? ¿Por qué como en el documento de Asnières, Van Gogh le dio la espalda a la Fotografía para siempre?

Estos interrogantes fueron el fundamento primero de este monográfico que poco a poco ha ido engrosándose con una pequeña parte de su obra pictórica y muchos documentos "fotográficos" que nos ayudan a viajar en el tiempo, siguiendo los sinuosos pasos de su atormentada biografía, en un intento de conocerle mejor, de concretar en una imagen imposible el auténtico rostro de este "pintor de las mil caras".
 



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