Introducción a la globalización.

Beneficios y competencia.



En la forma hoy dominante de concebir los mercados y, con ellos, cómo evolucionan los países, hay dos elementos que son de gran importancia: los beneficios y la competencia. La descripción que sigue puede no ser compartida por muchos lectores. Eso sería una grata noticia. Pero lo cierto es que es la concepción que hoy justifica lo que ocurre en la economía. Ello implica que los mercados no están controlados por las personas que no coinciden con las siguientes descripciones.

Sobre los beneficios.

Cuando una persona o grupo de personas pone en marcha una empresa, su interés es obtener beneficios, es decir, sustentar su vida y la de su familia gracias a la actividad de la empresa.

La empresa tiene que comprar materia prima para fabricar los productos que vende. Por ejemplo, una fábrica de zapatos tiene que comprar cuero, plásticos, etc. A su vez, los productos se fabrican porque hay personas que los hacen: los empleados. Por último, la empresa debe pagar gastos de mantenimiento (electricidad, alquileres...) e impuestos (municipales, Hacienda...). En definitiva, la empresa tiene unos gastos o costes. Por otro lado, cada producto que vende le reporta unos ingresos. El dinero se va con los gastos y vuelve con los ingresos. La diferencia entre gastos e ingresos son los beneficios.

Es una aspiración de toda empresa aumentar los beneficios, ganar más. Hay dos formas compatibles de conseguirlo: reduciendo los gastos o aumentando los ingresos. Si una empresa de zapatos vende los zapatos al mismo precio, pero cada uno le cuesta más barato, tiene más beneficio. Si la misma empresa fabrica los zapatos con el mismo gasto, pero los vende más caros o vende más zapatos, tiene más beneficio.

Sobre la competencia.

Casi en cualquier producto que pensemos, podemos identificar varias empresas que lo venden. Si queremos un préstamo hipotecario, tendremos muchos bancos y cajas de ahorros que nos lo podrán ofertar, si se cumplen ciertas condiciones. Hay muchas empresas que fabrican coches. Muchas de refrescos. Muchas de ropa. Etc.

Cuando hay varias empresas que venden lo mismo, tiene lugar competencia. Una persona, cuando llega a un supermercado y se encuentra ante dos bolsas de pan de molde, de diferentes empresas, tiene que tomar una decisión. La decisión sobre cuál de las dos bolsas se llevará depende de muchos factores. Uno de ellos, muy importante, es el precio. Es muy probable que esta persona se lleve la bolsa de pan de molde que sea más barata. Las empresas compiten entre sí para conseguir que la persona se lleve su producto y no el de la otra empresa. ¿Cómo conseguirlo? hay varios caminos para ello, uno muy importante es el precio. Si una empresa vende el mismo producto que la competencia, pero más barato, sabe que es muy fácil que venda más.

En el modelo económico dominante hoy en día se dice que la competencia es algo bueno. Gracias a que las empresas compiten entre sí, los consumidores disfrutan de productos más baratos y mejores. Cuando las personas tomamos decisiones sobre qué es lo que compramos, intervienen muchos factores; pero, qué duda cabe, el precio y la calidad son fundamentales. Luego, las empresas, según esta forma de ver las cosas, se pelean entre sí para bajar los precios y para que lo que venden sea cada vez de mejor calidad.

Pero, lamentablemente, la realidad es bien distinta. Recordemos que el objetivo es ganar más, aumentar los beneficios. Si se baja el precio de venta, disminuyen los ingresos. Si se sube la calidad de los productos, con bastante probabilidad aumentarán los gastos. En cualquiera de ambos casos, disminuyen los beneficios. ¿Qué se puede hacer entonces? Las empresas establecen varios recursos para evitar estos inconvenientes. Por ejemplo:

Éstos son algunos ejemplos que muestran cómo las empresas eluden la dinámica de la competencia. En definitiva, pues, no es cierto que, en la práctica, la competencia genere beneficios para los consumidores, puesto que existen múltiples estrategias para evitarlo. Lo que define el mercado, por tanto, no es la competencia, sino los beneficios.

Estas circunstancias favorecen que se pongan en marcha determinadas cadenas de acontecimientos y procesos paralelos que van definiendo el mundo globalizado.


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