Un mundo globalizado ideal.
Siempre han existido personas que han deseado un mundo mejor, un mundo donde todos sus habitantes trabajen codo con codo para el beneficio de todos. Han pensado en el mundo como en una gran familia. Es un sueño muy bonito, pero difícil de creer tal y como funciona nuestro planeta y tal como las personas han aprendido a desenvolverse y a buscarse la vida, cada una por su cuenta.
Quienes han defendido esta concepción del mundo han llegado a escribir novelas y ensayos filosóficos, han puesto en marcha asociaciones o colectivos por un mundo mejor y se han dejado parte de su vida, de su dinero, de sus ilusiones en el camino.
Si no nos dijeran nada más, sólo escuchando la expresión 'mundo global' se nos podrían ocurrir cosas similares: una vecina del barrio sevillano de Triana, Isabel por ejemplo, sería trianera, sevillana, andaluza, española, europea y ciudadana del mundo. Isabel no perdería su identidad como andaluza, no la sustituiría por la de ciudadana del mundo. Ocurriría todo lo contrario: Isabel seguiría siendo tanto o más andaluza que antes, pero ahora enriquecería su identidad, su concepción de la vida, su cultura, con la circunstancia de ser ciudadana del mundo, por donde pasearía con la misma libertad y los mismos derechos que por su barrio de Triana.
La posibilidad de pertenecer todos y todas, de hecho, a la Gran Familia de la Humanidad es muy atractiva para muchas personas y sugiere un mundo sin guerras, un planeta responsable para con todos sus habitantes, sin zonas favorecidas y zonas desfavorecidas, sin personas de primera categoría y personas de segunda, etc.
Pero ¿es ahí hacia donde nos dirigimos?.
No.
La globalización actual no tiene ese mundo como objetivo. Cuando hoy hablamos de la globalización que está en marcha nos referimos a otra cosa.
La globalización es un proceso que se caracteriza por la supresión de las fronteras en los mercados mundiales, especialmente los mercados de productos y de capitales. La dinámica actual es la de favorecer que las empresas puedan esparcirse y crecer a lo largo y ancho del mundo. Las leyes que se elaboran, aprueban y aplican actualmente van, en parte, encaminadas a allanar el camino a ese proceso de crecimiento de las grandes empresas. Por ejemplo, la multinacional de mobiliario Ikea, tiene su base en Suecia, fabrica en los países del Este y vende en muchos países de todo el mundo.
Así pues, la globalización no hace referencia a la búsqueda de un mundo mejor, más humano, a esa Gran Familia de la Humanidad. Se refiere sólo a un aspecto: el económico. Y sólo a una visión muy particular de la economía, puesto que existen varios modelos económicos para entender el mundo. El objetivo de la globalización actual es procurar que no existan países para las grandes empresas, que éstas puedan operar con las mismas libertades y derechos en todas partes.
Decíamos, en ¿Porqué deberíamos preocuparnos por saber más sobre la globalización?, que el poder de las personas está repartido de forma muy desigual. Así, decíamos también, algunas personas que dirigen grandes empresas tienen más poder que los gobiernos. Estas grandes empresas se encuentran esparcidas por el planeta: en España, en Egipto, en Chile, en la India o en Australia, por ejemplo, uno puede desplazarse en un coche Ford, con gasolina de Shell, bebiendo una Coca-Cola, con unos pantalones Levi's, hacia una tienda donde comprará una radio Sony, pagando con la tarjeta de American Express. Cuanto más crece una empresa, cuanto más presencia tiene en más sitios, más poder adquiere y más puede crecer todavía. Es como el pez que se muerde la cola.
En principio, esto no tiene porqué ser algo malo. Es cierto que la globalización actual no se refiere a las personas sino a las empresas. Pero es posible que este proceso tenga consecuencias positivas para las personas. En tal caso, deberíamos recibir esta globalización con los brazos abiertos.
Pero, lamentablemente, no es así. Iremos viendo a lo largo de este breve curso cómo la globalización repercute muy negativamente en las personas, en su libertad, en sus derechos, en sus posibilidades, en su comportamiento.
Uno de los peores aspectos de esta globalización es que nos introduce en una cadena perniciosa de acontecimientos. Pero, antes de entrar en ello, es importante reflexionar sobre cómo funcionan los mercados actuales, gracias a los beneficios y la competencia.