Cada vez es más frecuente escuchar a gente hablando sobre la globalización. Y cada vez será aún más habitual. Esto es así porque nos encontramos en pleno proceso de globalización del mundo y es natural que las personas queramos saber qué es lo que está pasando, qué consecuencias está teniendo, qué cabe esperar en el futuro y cuál es nuestro papel en todo ello.
Pero la globalización es sólo una de las muchas cosas que pasan a nuestro alrededor. Es cierto que no es una cosa cualquiera, sus efectos son muy importantes y nos atañen a todas las personas de este planeta. Pero es muy comprensible que mucha gente no esté preocupada por su significado. La vida nos exige un continuo esfuerzo para seguir adelante. La mayoría de las personas que habitan este mundo están preocupadas por su trabajo, por su familia, por su hogar y por encontrar huecos y posibilidades para ser feliz o, al menos, para dedicarse a alguna afición. Pero recibimos mucha información desde la televisión, la radio, los periódicos, la calle... No podemos estar en todo ni pensar en todo. Así que se observa que muchas personas no están dispuestas a pensar sobre qué es la globalización y en qué medida nos afecta. Lamentablemente, estas personas no saben que el proceso de globalización que se está siguiendo en el mundo va a influir (y, posiblemente, ya lo esté haciendo) en su trabajo, en su familia, en su hogar y en sus huecos para ser feliz o para dedicarse a las aficiones.
No todas las personas tienen las mismas posibilidades para influir sobre cómo funciona la sociedad. El presidente del gobierno de un país, por ejemplo, tiene mucho más poder que el dependiente de una pescadería. El presidente puede poner en marcha leyes que afecten a cómo el dependiente de la pescadería realiza su labor, por ejemplo, obligando a que no abra su negocio los días de fiesta, o a que pague más impuestos, o a que ponga determinados letreros o carteles en la puerta de la tienda. Pero es difícil pensar en ejemplos de cómo el dependiente de la pescadería puede influir en el presidente del gobierno.
Los gobiernos de los países del mundo no representan a las personas que tienen más poder. Hay algunas empresas que manejan tanto dinero como muchos países juntos. Por ejemplo, la empresa Microsoft, que vende programas para ordenadores, podría comprar muchos países del mundo. Sólo el sueldo que cobra su presidente (Bill Gates) es 30 veces superior a todo lo que produce Jamaica en un año. Bill Gates gana lo mismo que 110 millones de estadounidenses. Nos sorprendería comprobar qué pequeñito es España al lado de algunas empresas. Esto nos debería hacer pensar acerca de quién tiene más poder en el mundo: el dependiente de una pescadería, el presidente del gobierno de un país, o el propietario de una gran empresa internacional.
Y ocurre que las personas que tienen más poder están coincidiendo en una forma particular sobre cómo debe funcionar el mundo. El hecho de que tanta gente con tanto poder coincida tanto, significa que los efectos de los cambios van a ser y ya están siendo muy importantes.
Esa forma que han pensado para cómo debe funcionar el mundo ha recibido el nombre de globalización. Y ya está en marcha. El mundo se está globalizando.
Las personas deberíamos preocuparnos por lo que está ocurriendo y por lo que va a ocurrir. Queramos o no, como le ocurre al dependiente de la pescadería, las decisiones de quienes configuran el mundo globalizado recaen sobre quienes lo habitamos. Tenemos, pues, la responsabilidad de saber qué ocurre y, si nos ponemos a trabajar en ello, tenemos también la oportunidad de participar en un mundo mejor, un mundo en el que las personas normales, las que nos preocupamos por nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro hogar, tengamos algo que decir.
Para comprender qué es la globalización, es aconsejable hablar antes de lo que son los mercados.